PATRICIA WOLF

"Con Agustina me animaría a volver a ser mamá, creo que podría"

Sintió que la miraban “más que de costumbre” cuando gritó a los cuatro vientos que estaba enamorada de una mujer. Patricia Wolf confirmó su romance con Agustina Zuasnabar en mayo de 2016 y ya está planeando la boda.

Patricia Wolf en entrevista con El País. Foto: Ricardo Figueredo.
"Supe ser la más fea de mi grupo de amigas de adolescencia". Foto: Ricardo Figueredo.

Aunque las malas lenguas la acusaron de usar esta relación como una campaña de marketing, ella dice que jamás se entera si hablan mal porque nadie se lo dice de frente. El 2018 es su año: hace Falladas (José María Muscari) en Enjoy, el 2 de septiembre estrena Casados sin hijos con el Puma Goity en el Movie, y se casa. Aún no tienen fecha, pero la boda será en 2018, y Patricia está dispuesta a volver a ser madre si Agustina lo desea.

—¿Siempre fuiste la más linda de tu grupo de amigas?

—Para nada. Supe ser la más fea. En la adolescencia, los chicos miraban curvas y yo era la flaca. Tenía granitos, aparatos. Tenía pelitos en las piernas y me rehusaba a depilarme, hasta que una amiga me convenció de que se veían.

—¿Te veías fea?

—Me veía horrible.

—¿Tenías complejos con algún rasgo de tu físico?

—Yo usé aparatos fijos dos años y me acostumbré a reírme tapándome la boca con la mano o con los labios apretados para que no se me vieran los brackets. Ahora me cuesta más estar seria que sonreír. Se me fue la mano para el otro lado.

—¿Hubo un momento en que dijiste "quiero ser modelo" o sucedió?

—No, me gustaba mucho la publicidad y la comunicación. Compraba revistas y solo miraba los avisos publicitarios, recortaba las fotos y armaba collages. Me atraía el maquillaje, el diseño, las letras, la diagramación. Me encantaban Cindy Crawford, Naomi Campbell, Claudia Schiffer, y moría por Linda Evangelista.

—Nunca te gustaron los concursos de belleza, sin embargo te alistabas en Miss Uruguay para poder viajar, ¿qué tan lejos te sentías del prototipo de la modelo?

—La cultura de la Miss siempre fue ser perfectita, tipo muñeca Barbie, pararte bien, sonreír de una manera, decir que querés la paz mundial, y yo era mucho más desastrosa. Soy cero diplomática. Hasta me gusta provocar y dejar en shock a la gente.

—¿Sos consciente de que en cierto momento diste una imagen de villana?

—Re consciente. Cuando empecé en el programa Mundo Cruel (Canal 10) no tenía otra opción. Era la única mujer del panel y todo era mucho más machista que hoy. Juanse era el chico de barrio, y activista gay, Rufo Martínez el periodista. Cada cual tenía su rol y yo tenía dos opciones: o era la modelo boba o la mala.

—¿Tuviste que demostrar que no eras hueca ni tonta por venir del modelaje?

—Sí. Al final me di cuenta de que a la única que se lo tenía que demostrar era a mí. Todos nos sentimos idiotas en algún momento pero cuando a mí me pasaba sentía que estaba cumpliendo con ese estereotipo que se me había asignado. Y pensaba: "¿Viste? Tienen razón. Soy eso". Lo que uno se cree de uno es lo que uno es. Hasta que me di cuenta, empecé a ser más yo y lo fui rompiendo de a poco.

Patricia Wolf en entrevista con El País. Foto: Ricardo Figueredo.

—Cuando te convocaron para Falladas te asustaste porque pensaste que no ibas a estar a la altura. Y sorprendiste para bien con tu actuación, ¿incluso a vos?

—Yo nací para actuar. Soy muy actriz, incluso en una charla. Pero no había logrado sacarlo con toda la confianza. Gorda, con Armand Ugón y César Troncoso, fue un muy buen comienzo, pero no sentía que podía estar a la altura. Yo no tengo una formación académica, salvo haber trabajado 27 años delante de una cámara, y eso a veces te llena de inseguridad. Me sorprendió que la gente me pusiera tan arriba, y eso me invita a superarme.

—Brenda es distraída, cómica, volada, ¿te costó salir de vos y crear un personaje?

—José María Muscari me ayudó muchísimo marcándome pautas del personaje que yo no tenía. Brenda disfruta siendo víctima y yo soy al revés. Jamás me quejo. Tomo mi trabajo como una terapia, y por más que me esté pasando lo peor, llego con una sonrisa y no hablo de mis problemas. Ahora estoy empezando a cambiar eso para que los que me rodean me vean más humana y menos fría. Investigué, busqué ese perfil de personas y encontré muchos casos que me ayudaron a componer a Brenda.

—Ahora te surgió la chance de actuar con el Puma Goity. Es un desafío, ¿te asusta, te motiva?

—Es un desafío enorme. Cuando Diego Sorondo me lo dijo repetía: "No lo puedo creer". Me pellizcaba. Me tomó por sorpresa. No lo conozco y no sé cómo será pero parece súper exigente. Voy a hacer todo para estar a la altura.

—¿Crees que te puede servir para entrar al mercado argentino?, ¿te interesa?

—Claro que sí. Si se me abre o no una puerta está muy relegado al azar. Si se abre, maravilloso; no diría que no porque trabajar en Argentina es un gran desafío y la potencialidad es otra. Estoy feliz con lo que tengo hasta ahora. Que sea lo que sea. No proyecto.

—Estás en tu mejor año laboral y sentimental. Tuviste varias parejas hombres, pero con Agustina Zuasnabar decidiste volver a casarte, ¿por qué?, ¿quién hizo la propuesta?

—Es algo que hablamos muchas veces porque nos enamoramos muy fuerte en poco tiempo. Surgió de las dos en esos momentos de felicidad extrema donde decís: "¿Qué queda?, ¿por qué no nos casamos y formamos una familia?" Es ineludible. Fue un amor súper repentino, inesperado y lindo.

—¿No pensabas en volver a casarte antes?

—Nunca estuve cerrada, pero no era un objetivo que perseguía porque ya me había casado, tengo un hijo de 18 años. Hay cosas que taché en mi vida, pero Agustina nunca se casó y no es mamá.

—¿Y si ella quisiera ser madre?

—Yo creo que podríamos ser mamás. Es empezar de nuevo para mí pero con ella me animaría y compartiría eso.

—¿Ya tienen fecha y lugar para la fiesta?

—No sabemos nada. Pensamos en casarnos en marzo, después en abril, o noviembre. No tenemos fecha en el Registro Civil, ni lugar. Podría ser en Montevideo o Punta del Este.

—¿Las dos de blanco?

—Podría ser. No me interesan los tradicionalismos. Es un buen momento para romper todo y me encanta hacerlo. Si aparece un color que me guste más, para adelante. Y si surge una manera diferente de festejar el casamiento, probablemente lo haga.

—¿Te costó asumir que te pasaban cosas con Agustina?

—No me costó porque fue muy rápido todo, y me dejé llevar. Cuando la conocí me cayó bien y me pareció interesante pero no me daba cuenta en qué sentido la miraba. La primera vez que nos encontramos me estaba poniendo linda para verla sin ser consciente de lo que pasaba.

—¿Dónde fue la primera cita?

—Nos juntamos a hablar de trabajo en su casa. Es diferente si esa invitación te la hace un tipo, así que bajé la guardia y fui tranquila. Pero si hoy lo analizo me doy cuenta de que me estaba arreglando para verla a ella.

—¿Antes no te habías fijado en una mujer?

—Siempre fui de decir: "Qué linda chica". Incluso se lo comentaba a mis novios y mirábamos los dos. Siempre aprecié la belleza femenina y los límites son difusos. Hoy me cierran muchas más cosas de mí. He compartido camarín con pila de chicas y nunca las miré de una manera sexual, pero como fantasía alguna vez sí me pasó por la cabeza estar con una chica. Nunca tuve prejuicios.

—¿Dirías que es la primera vez que te enamoras?

—No es la primera vez que me enamoro, pero sí es la primera vez que tengo una conexión tan profunda con alguien. En la convivencia diaria no negociamos, hacemos todo en equipo y nadie se queja. Viví muchas situaciones sola a lo largo de mi carrera porque mis parejas no me acompañaban, se aburrían, les daba vergüenza o celos, y Agus me acompaña a todos lados. Es una manera diferente de enamorarme porque lo siento más intenso que con otras parejas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)