POLÍTICAS SOCIALES

Advierten por freno en la caída de desigualdad en Uruguay y región

Cepal dice que una década de expansión no logró revertir brechas étnicas.

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América Latina es la región más desigual del mundo. Foto: F: Flores

Buena parte de las familias que salieron de la pobreza, tras una coyuntura económica favorable, corren riesgo de recaer. En América Latina comenzó a crecer el desempleo, a aumentar el trabajo informal y a descender el gasto social, como parte del gasto público. Es decir: aquella fabulosa caída de la desigualdad, que tuvo su época de oro entre 2006 y 2015, parece haber alcanzado una meseta y los gobiernos, incluido el uruguayo, no saben cómo reaccionar ante tal desafío, advirtió ayer en Montevideo la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

"América Latina no es el continente más pobre, pero es el más desigual del mundo". Así comenzó su análisis del Panorama Social de la región Laís Abramo, directora de Desarrollo Social de la Cepal. Si bien Uruguay es el mejor posicionado en la reducción de la concentración de la riqueza, calculada por el coeficiente de Gini, la igualdad parece haber encontrado su techo desde 2012.

Uruguay había logrado la mayor reducción del índice de Gini entre 2008 y 2012, a un ritmo de 3,7% anual. Pero luego se frenó y en 2015 estaba en 0,403 en una escala del cero al uno, en que cuanto más bajo, más igualitario.

Como el freno es común a la región, la agencia de Naciones Unidas piensa que hay factores que imposibilitan una profundización del cambio. Dicho de otro modo, sin el viento de cola las políticas actuales no logran acompañar una mejora en los indicadores.

Prueba de ello son las desigualdades de género, étnico-raciales, etarias y territoriales que atraviesa el continente.

El 15,4% de las adolescentes uruguayas afrodescendientes han sido madres antes de los 19 años. Entre las no afrodescendientes, el porcentaje cae al 9,1. Incluso entre aquellas mujeres descendientes de indígenas, el embarazo prematuro es mayor al resto de la población y alcanza 12,5%.

Para que quede más claro: la mitad de los afrodescendientes en Uruguay están en el quintil de ingresos más pobre. Y solo el 4% alcanza la franja de los más ricos. Es la peor diferencia en la comparación con Brasil, Ecuador y Perú.

Estas diferencias cobran especial importancia si se tiene en cuenta que 130 millones de los habitantes de América Latina son afrodescendientes, lo que representa casi la quinta parte de quienes viven en la región.

La brecha de género también dice presente. Del 100% de su tiempo, las mujeres uruguayas destinan más de la quinta parte (21,6%) al trabajo no remunerado —como cuidar a los hijos en su casa. Entre los hombres no alcanza el 10%. Si se compara con el resto de la región, las uruguayas se ubican en la octava posición entre 17 países. Y los hombres en la novena.

La edad es uno de los ejes de las desigualdades sociales. "Un grupo que genera especial preocupación son los jóvenes que no estudian y no están ocupados en el mercado de trabajo", advirtió la Cepal. "Esa situación contribuye a la reproducción de la desigualdad entre las generaciones e impide a la región explotar la ventana de oportunidad que representa el bono demográfico".

Revertir estas tendencias es central para lograr los objetivos que Uruguay y la región se propusieron para 2030, dijo Abramo. Una de las opciones es aumentar el valor de las transferencias monetarias (como las asignaciones familiares). Pero como persisten problemas estructurales, "se deberá combinar el trabajo de calidad con políticas de inclusión social".

Afros tienen más chances de morir en la infancia.

Cada 1.000 nacidos vivos en Uruguay, los afrodescendientes tienen 43% más probabilidades de morir durante el primer año que los no afrodescendientes. Este dato, según la Cepal, es una muestra de la desigualdad étnico-racial que atraviesa al país y la región. En tasas, significa que la mortalidad infantil en la población afro es de 16,9 cada 1.000 frente a 11,8 cada 1.000 en los no afro.

Si bien es esperable que exista una tendencia de este tipo dado que la población afrodescendiente tiene peores indicadores de desarrollo social, "Cepal se basa en una metodología de pregunta indirecta, a través de censos, que no sirve para calcular este tema", advirtió Juan Pablo Labat, director de Estadística y Evaluación del Mides. Para ello se usan las "estadísticas vitales", pero no están cruzadas por etnias.

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