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Adiós a Ghiggia: Uruguay de pie ante el campeón

Alcides Ghiggia fue velado y sepultado ayer tras recibir el homenaje del pueblo uruguayo a través de dirigentes políticos, autoridades del fútbol y cientos de ciudadanos. Más que lágrimas, el goleador y autor del gol que dio el último título mundial a Uruguay, desató respeto y admiración.

Algunos dicen que es algo así como una "ironía del destino" que haya muerto un 16 de julio, a 65 años de la gesta de Maracaná. Pero alcanza con preguntar sobre la personalidad y el carácter de Alcides Ghiggia, para entender que él nunca hubiera delegado en el azar ni una sola decisión. Con la picardía como rasgo distintivo, el campeón del mundo se guardó una última jugada para el día de su partida.

Se sintió mal en la madrugada del jueves y junto a Beatriz, su esposa, salieron desde su hogar en Las Piedras hacia Montevideo para ver un médico. Estaba con fuertes dolores (más que nada en la espalda) pero le escapaba a las consultas médicas y los análisis.

Los médicos le dijeron que se quedara internado y pasó el día en la mutualista, rodeado de sus familiares. Estaba bien, solamente molesto por las dolencias y preocupado porque llevaba días luchando para que no trasladen la feria de su barrio. Ghiggia mantuvo hasta el final un apego popular muy grande. Tenía perfil bajo y era humilde. No se sentía cómodo cuando lo tapaban de halagos.

El jueves era 16 de julio, sí. Otra vez aniversario del Maracaná, aunque nadie habló del tema en la habitación en la que el campeón permanecía bajo observación. Pasaron el día hablando de fútbol en general —se había jugado una semifinal de Copa Libertadores el día anterior— y también de política.

Pero llegó la tarde del jueves y sobre las cinco, casi a la misma hora del gol de la hazaña más grande de los mundiales, Ghiggia "decidió" partir.

Fue repentino, como una gambeta. Nadie lo esperaba, lo veían fuerte, enérgico. No se notaban sus 88 años. Quizá entendió que estaba todo dicho y, así como en el 50 decidió ponerla contra el palo en lugar de tirarla al medio, ahora también dio la sorpresa. Se fue a lo grande. Eligió su momento y le hizo una última guiñada a la vida.

Gente de todas las edades homenajeó al héroe del Maracaná. Foto: Gerardo Pérez.
Gente de todas las edades homenajeó al héroe del Maracaná. Foto: Gerardo Pérez.

Despedida.

Seguramente por esa forma de decir adiós fue que ayer no se veían muchas lágrimas en el velatorio. Era removedor, sin duda, y algunos lógicamente se quebraban ante la situación, pero la expresión dominante era la del respeto.

Lo que se sentía en el aire del frío Salón de los Pasos Perdidos era admiración. Los rostros reflejaban las ganas de aplaudir y homenajear a un grande. Claro que dolía su partida, pero no era un momento para llorar o lamentarse.

Desde que los restos de Ghiggia llegaron al Palacio Legislativo, un poco antes de las 12 del mediodía de ayer, comenzaron a acercarse autoridades políticas y dirigentes del fútbol. Pero también desfilaron cientos de personas que querían mostrar su respeto.

Muchos eran ya bastante veteranos, algunos de más de 80 años. Llegaban con dificultad, pero se arrimaban hasta el féretro y rendían distintos homenajes. Algunos se persignaban. Otros cerraban los ojos y murmuraban palabras de agradecimiento. También estaban los que se besaban la mano y tocaban el cajón por unos segundos. La gloria se iba y era muy difícil poder asimilarlo.

Un hombre de unos 70 años se abrió paso y tocó el ataúd, que estaba cubierto con el Pabellón nacional y una camiseta con el número 7, igual a la que usaba Alcides. El hombre golpeó suave dos veces el cajón y levantó el puño derecho para luego soltar en voz baja: "Uruguay nomás".

Otro hombre, de unos 80 años, llegó solo, se acercó al libro que habían dejado en la puerta para los mensajes de pésame y escribió: "16/7/1950. El día más feliz de mi infancia. Gracias". Firmó y se fue.

También llegaron hasta el velatorio decenas de jóvenes —algunos vestían sus uniformes tras haber ido al liceo— y muchos niños, que eran llevados por sus padres a ver un momento que, a pesar de ser triste, era historia e identidad.

El féretro llegó a las 17 horas al Cementerio del Buceo y fue depositado en el Panteón de los Olímpicos. Unas 200 personas aplaudieron la ceremonia y lloraron ante la partida del héroe.

Pero al final, antes de la despedida de Ghiggia, ya no hubo suspiros. "Uruguay nomás", se gritó bien fuerte, y la palabra "gracias" se repitió mil veces hasta quedar grabada a fuego entre los presentes, casi como la historia de esos 11 uruguayos que silenciaron a un país entero hace ya 65 años.

"Cada 16 de julio era un martirio para él"

Alcides Ghiggia vivía la hazaña de Maracaná con mucha menos alharaca de lo que cualquiera puede pensar. Además, ya hace tiempo que se había aburrido de contar los pormenores de aquel mítico partido final del Mundial de 1950. Según dijo su hijo Arcadio a El País, el jueves, mientras su padre estuvo internado, sus familiares buscaron especialmente no hablarle de la fecha ni recordar nada al respecto. "Llegó un momento en que para él ya era un martirio llegar a ese día, porque estaba solo, porque no tenía más a los compañeros. Él veía que los años iban pasando, y con 88 años, sabía que el desenlace de su vida no estaba lejos", explicó el hijo del exjugador. Arcadio Ghiggia agregó que su padre "no tenía miedo a la muerte". "Decía que a su edad no le podía tener miedo, que era algo inevitable". "Todo tiene cura menos la muerte", había afirmado hace un tiempo el goleador.

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