FOTOGALERÍA

Acribillaron a tiros la casa de un policía en el Marconi

En la escena se recogieron 62 casquillos de una metralleta Uzi y una Glock.

La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour
La casa del policía fue baleada mientras estaba junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour

Avanza Carlos Sánchez con la pelota, Sánchez con un pelotazo desde la media cancha para Cavani que se encuentra en el área rival, el 21 se intenta desmarcar de los defensas venezolanos, lo manotean, va Cavani que recibe con el pie derecho, la para y le pega... ¡¡¡Gooooool!!! ¡¡¡Goooool!!! de Cavani que pone el 2 a 0 para la Celeste", relataba la radio que venía escuchando Oscar en el auto, mientras lo estacionaba frente a su casa.

Oscar, que es policía, quería llegar rápido junto a su esposa, Nélida, y la bebé de ambos de apenas un año de edad, para poder terminar de mirar el partido de Uruguay ante el seleccionado de Venezuela.

Recién habían entrado a su hogar, ubicado en el barrio Marconi, cuando escuchan que un vehículo estaciona en la puerta. El uniformado sale a ver quién es: "¡Dejá de hacerte el vivo, dejate de hacerte el bandido, gil! ¿Qué andás mirando de vivo?", le gritaron desde la calle dos hombres que segundos antes habían descendido de un auto color verde.

Oscar no entendía porqué lo insultaban y les replicó automáticamente a los dos desconocidos: "¿Qué hablás? Yo acá no tengo problemas con nadie, hace años que vivo en este barrio, no te conozco de ningún lado, no sé de qué hablás".

Nélida intervino cuando la discusión se puso un poco más pesada y los insultos comenzaban a subir de tono.

"Agarré y lo metí para adentro, le dije que se quedara tranquilo, que fuéramos a mirar el partido, y ya estaba", comentó la mujer a El País, notoriamente nerviosa por la situación.

Balacera.

Una vez dentro de la casa, Oscar, Nélida y la hija de ambos trataban de serenarse por el confuso episodio. Pero la "locura" de la noche de jueves, tal como la describen, no iba a terminar allí.

Los desconocidos volvieron por la revancha. "¡Negro, salí, vení que queremos hablar contigo, salí negro!", comenzaron a los gritos dos hombres, mientras que un tercero aguardaba al volante del vehículo.

Oscar, teniendo el presentimiento de que algo podría suceder, empuñó su arma de reglamento y miró por la trasparencia de la cortina que tapaba la ventana del frente. Uno de los desconocidos tenía en sus manos una Uzi Mp5 automática, un subfusil de asalto con gran poder de fuego, de las que usan los grupos de comando como el GEO.

Un poco más apartado, sobre un costado de la casa, el otro hombre apuntaba hacia la puerta con una pistola Glock 45 milímetros.

Oscar entreabrió la puerta de madera y no dudó; luego de oír los primeros disparos se cubrió detrás de una pared y comenzó a disparar él también.

"Estos tipos se equivocaron, no me conocían, andá a saber qué se pensaron", comentó el policía, a la misma vez que miraba las decenas de agujeros que había sobre el costado derecho de su coche.

Nélida, que se encontraba con su bebé en brazos, se tiró sobre la cama y llamó al 911. "Lo único que atiné a hacer fue llamar a la Policía, que por suerte llegó rápido", comentó.

Oscar, que seguía detrás de la pared escuchando la balacera, sintió cuando los hombres subieron al auto y cerraron las puertas. "Escuché el chillido de las ruedas en el piso y ahí salí corriendo, les terminé de tirar lo que me quedaba en el cargador, pero fue más que nada para marcar el auto por si se llegaba a encontrar, de ese modo se podía distinguir si era el que estaba acá o no", contó brevemente el oficial, que prefirió no dar más declaraciones debido a que "el caso se encuentra en plena investigación".

"Un colador".

El frente de la casa del policía, y el de las viviendas linderas, fue descripto por los vecinos como "un colador". Los 62 casquillos de bala que encontró Policía Científica ilustraban la situación que se había vivido en ese lugar.

Quedó todo agujereado: paredes, techos, ventanas, puertas, el automóvil de Oscar y hasta un medallón con una imagen de "La Última Cena", que representa a Jesús rodeado de sus apóstoles.

Ese retrato se encontraba en la casa de Julio, vecino de la familia del funcionario policial. La bala entró por la pared que separa las dos casas, traspasó la imagen justo a la altura de la mesa donde reposan el pan y el vino y, finalmente, el casquillo se alojó contra un mueble.

"Estaba en el cuarto mirando la tele y sentí como que alguien había roto una botella, y cuando llego al comedor me encuentro con vidrios tirados. ¿Y esto qué es?", se preguntó Julio.

"Cuando entré a mirar me di cuenta que habían entrado cuatro balazos a casa, que traspasaron las paredes y llegaron al cuarto donde estaba mi madre acostada. Uno quedó incrustado en una valija que tenemos arriba del ropero, otro casquillo quedó arriba de la cama, y otro en el comedor", comentó Julio, que no daba crédito a lo que había sucedido.

Lourdes, la empleada de la casa que cuida a la mamá de Julio, relató que sintió "explosiones", y cuando miró al techo vio que iban apareciendo orificios."Yo no entendía nada", dijo.

Hipótesis.

Los investigadores del caso informaron a El País que por las características del episodio, "todo hace parecer que estos hombres pensaron que el policía era dueño de una boca de drogas o algo por el estilo".

"Según nos dijo el oficial, unas cuadras antes de llegar a la casa, intercambió miradas con los hombres que estaban arriba del auto a unas cuadras, se equivocaron y pensaron que era un vendedor de drogas, porque de este modo se miden los narcos en los barrios, con el enfrentamiento a tiros", afirmaron.

Los investigadores buscan el auto de color verde, del que presumen que ya no se encuentra en el barrio: "Estaba allí circunstancialmente, vendiendo o haciendo negocios", afirmaron.

La última cena fue baleada.

La intensa balacera produjo orificios en las fachadas de tres casas, en las paredes y puertas, pero el llamativo agujero que quedó en la imagen que replica "La Última Cena", donde Jesús reparte el pan y el vino entre sus discípulos "fue increíble" para Julio, vecino del policía que se enfrentó a tiros con dos de los atacantes. El auto del oficial también fue baleado, al menos diez disparos impactaron contra el vehículo que se encontraba estacionado en la entrada.

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