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Tras la dictadura, hambre de formación universitaria

Repaso desde Samuel Lichtensztejn hasta Rodrigo Arim

Universitarios al final de la dictadura
Universitarios al final de la dictadura

Pleno invierno. Salón número dos de Facultad de Derecho. Ventanas completamente cerradas y una nube gris de humo de cigarrillo que impregna toda el aula. Un escenario impensable en el contexto actual, no así para quienes ingresaron a la Universidad de la República en 1985, justo después de la apertura democrática. “Fuimos la generación del prohibido prohibir”, cuenta Adriana Marrero (61), doctora en sociología y exprofesora grado cinco de Facultad de Ciencias Sociales. “¿Quién se iba a atrever a decir que no se podía fumar? Nadie, imaginate”.

Marrero, quien se recibió primero como profesora de sociología en el IPA en 1985 y luego como licenciada de la Udelar en la misma materia en el ‘89, formó parte de la primera generación de licenciados luego de la dictadura. No satisfecha con el conocimiento adquirido durante el profesorado, decidió ingresar a la carrera universitaria con el objetivo de “ser una mejor profesora” para sus alumnos. En ese entonces, la carrera estaba dentro de la Facultad de Derecho, ya que la de Ciencias Sociales no existía como tal y la única opción era cursar la licenciatura en Sociología y Derecho.

Según el Relevamiento continuo de estudiantes de grado realizado por la Udelar en 2018, casi el 40% de los estudiantes de dicha universidad cursa carreras vinculadas al área social. La Facultad de Ciencias Sociales, puesta en funcionamiento en 1991, es una de las más jóvenes y concentra cuatro licenciaturas: Trabajo Social, Sociología, Desarrollo y Ciencias Políticas. De acuerdo con Marrero, “la dictadura fue un gran problema para la universidad porque se intervino”. Sin embargo, destaca que, debido al exilio político, muchos científicos estudiaron en el extranjero y, al regresar, contaban con títulos y formaciones que en el Uruguay de ese entonces no existían: “Llegaron hambrientos por seguir formándose”. Esto se transformó en uno de los factores que influyó en la “modernización” de la Universidad y en la creación de nuevas carreras.

“La universidad pre-dictadura era una universidad profesionalista, es decir, formaba profesionales, ante todo. Por otro lado, el período postdictadura presenta por primera vez las condiciones para la aparición de una universidad académica, es decir, donde no solamente se formen profesionales para un mercado de trabajo externo como el de los abogados o los contadores, sino que, además, crea un cuerpo de científicos en química, biología, ciencia política, sociología, etcétera”, manifiesta Marrero. Estas transformaciones realizadas en el período 1989 - 1998 se inscribieron en el marco de “una firme decisión de acelerar los cambios en la estructura y en la propia orientación académica de la Universidad”, como se presenta en la memoria de Udelar correspondiente a dicho período. De esta manera, se crearon las facultades de Ciencias, de Ciencias Sociales y de Humanidades y Ciencias de la Educación. Al mismo tiempo, se consolidaron o transformaron otras que dieron lugar a la actual Facultad de Psicología, la Instituto Nacional de Enfermería (INDE) o el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes (Ineba). Este cuerpo de científicos que comienza también a investigar en nuevas áreas “se acerca a la vieja idea de Vaz Ferreira de que se podía estudiar por el placer de estudiar, sin preocupación por el mercado de trabajo”, añade Marrero.

Estudiantes de Facultad de Humanidades
Estudiantes de Facultad de Humanidades

Diversidad de carreras

Si decidir por una carrera universitaria representaba un problema para quienes optan por una, hoy en día este “problema” cuenta con un nuevo dilema. A 2017, la Udelar registró 152 opciones de carreras de grado en total, de las cuales 62 se dictan en el interior del país. A nivel de posgrados, el abanico de opciones asciende a 302, entre las que se encuentran doctorados, maestrías y especializaciones. Y las opciones son de lo más variadas: desde las clásicas leyes y estudios en Ingeniería a la tecnicatura en Deporte con la opción a fútbol, basket o volley, o la licenciatura en Arte Digital y Electrónico brindada en Bellas Artes hasta la licenciatura en Gestión Ambiental o la tecnicatura en Actividades Acuáticas dictada en el CURE de Maldonado. Sin embargo, las carreras “tradicionales” han mantenido la matrícula de estudiantes a lo largo del tiempo con muy pocas variaciones en estos 30 años.

El área de ciencias sociales adquirió mayor relevancia en el mercado de trabajo con la incorporación en 1988 de los Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF), y la creación del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) en 2005. Por el contrario, el área de la medicina, segunda opción con mayor cantidad de estudiantes, luego de las ciencias económicas y administración, mantuvo una demanda laboral alta y constante en el transcurso del tiempo.

Fabio Gutiérrez (52), cirujano cardíaco, comenzó a trabajar en la emergencia móvil de Maldonado mientras cursaba sexto año, y sostiene que “un 99% de los que se reciben consiguen trabajo al otro día” dentro de su carrera. José Gabriel Barceló (27), médico recibido en 2017, reafirma lo expuesto por Gutiérrez: “Desde que decidí hacer Medicina sabía que era una carrera con mucha salida laboral, y, de hecho, ahora trabajando me doy cuenta de que efectivamente es así”. Hoy este campo cuenta con un 95% de inserción laboral de acuerdo con el relevamiento de estudiantes de UdelaR, dentro del cual se indica que la mayoría de los egresados cuentan con empleos “muy relacionados” a lo que estudiaron.

De acuerdo con el mismo informe, la tasa de egreso se duplicó en 20 años y la oferta educativa se ha diversificado dentro del sector público y privado, tanto en Montevideo como en el Interior. Otro de los datos que aportó este informe refiere a la cantidad de estudiantes que se reciben como primera generación de universitarios en sus familias. Al año 2018, el 48,6% portaba por primera vez el título de grado o terciario en mano dentro de sus familias. En 1970, este grupo formaba el 20,2%, según expresó el sociólogo Nicolás Fiori en la presentación del informe 2018. Algunos de los factores que han incidido en este aumento se ve reflejado en el crecimiento anual de estudiantes que anualmente ingresan a la Udelar: asciende a 4,7% como promedio según explicó Fiori. En 2018 los ingresos fueron 17.680. Esta cifra se traduce en una tasa de captación inicial -respecto a los que culminan la enseñanza media superior- a nivel de los países más desarrollados. La tasa de jóvenes que estudian en centros del interior continúa en ascenso y hoy refleja el 10,2% del total (14.000 jóvenes). En 2007, este número se ubicaba solo en el 4%. Según Fiori, este número “no ha parado de crecer” desde 1999, ya que entre ese año y 2018 aumentó de 15% a 29% .

Impulso a la ciencia y tecnología

La creación de la Facultad de Ciencias luego de la apertura democrática representó “un estímulo y la apertura de nuevos caminos para los jóvenes hacia las profesiones del mundo actual y del futuro", menciona la memoria de Udelar del período 1989-1998. De acuerdo con datos de ANII, la inversión en ciencia y tecnología desde su creación en el año 2007 creció de 17 a 104 miles de dólares en 2017, pero este número solo representa el 0,36% del PBI anual, y el alumnado que elige carreras vinculadas a la ciencia viene en descenso: pasó de 1007 inscriptos por año en 2007 a 543 diez años después. Según informó Búsqueda en octubre de este año, la mayoría de los científicos uruguayos se desempeña laboralmente en el ámbito universitario (90%), el 22% se desempeña en organismos estatales y apenas el 17% está vinculado al área privada.

Diego Olivet (25), graduado de ingeniería industrial y mecánica por la Facultad de Ingeniera de Udelar, afirma que, en oposición a lo que podría pensarse, la institución no ha sabido acompañar dicha evolución tecnológica en sus cursos: “Salís de facultad sabiendo mucha teoría, pero, en cuanto a aplicación de software y métodos, no tanto. Es un 70% hecho a mano y un 30% automatizado”, estima. La misma perspectiva comparte Sergio Pesedo (58), egresado de ingeniero civil, quien afirma: “En mi época prácticamente no se usaba la computadora. Usábamos mucho calculadoras, que eran programables, pero que no dejaban de ser calculadoras al fin”. Las nuevas tecnologías también han permitido la multiplicación de cursos en línea y de acceso web al material de clase, una opción que se presenta en medio de aulas desbordadas de alumnos -hasta 500 por clase en primer año en el caso de Facultad de Derecho-.

Treinta y cinco años pasaron desde que Samuel Lichtensztejn asumió como rector de la Universidad de la República en 1972. Lo hizo con tan solo 38 años, lo que lo convirtió en el rector más joven en tomar el cargo. Ocupó el puesto unos pocos meses hasta la intervención militar de la Universidad, se exilió fuera del país y, ante la apertura democrática, volvió a asumir la posición. Hoy, nueve rectores después y varios cambios importantes de por medio, Rodrigo Arim es la nueva cabeza de la principal universidad del país con una generación que ya no fuma dentro de los salones de clase, que crece constantemente y que aprovecha las nuevas herramientas para acceder a más conocimientos y potenciar posibilidades.

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