URUGUAY 35 AÑOS DESPUÉS

El desembarco de la vida sencilla en los hogares

La licuadora, el lavavajillas, la cafetera y el lavarropas: los cambios en el empleo doméstico en los últimos 35 años.

Cocina antigua
Treinta años atrás había lavavajillas en menos del 1% de los hogares; hoy esa cifra es de 65,8%.

Estaba sola, tenía tres niños a cargo y una casa que mantener. Se despertaba temprano, dejaba la ropa lavada y colgada, a los chicos en la escuela y ocho y media entraba a trabajar. Esa secuencia la acompañó por unos cuantos años. Por más de 40, Adela Sosa trabajó como empleada doméstica. Cuarenta años en los que se tomó un ómnibus desde las afueras de Montevideo hasta Carrasco, 40 años en un oficio que ella misma eligió. Siempre se escapó de los libros.

A los 21 años fue cuando decidió ser empleada doméstica y entró a casas muy diferentes a la suya. Estos lugares eran lujosos con “lo último en tecnología”: batidoras, licuadoras, jugueras, aspiradoras. “Era muy distinto”, decía.

—Cuando mis patrones lavaban en un lavarropas, yo lavaba en una pileta. Cuando mis patrones compraban una cafetera, yo seguía colando el café con una bolsita de tela. Capaz que ahora la trabajadora puede acceder a tener todas esas cosas, pero no en aquellos años. El poder adquisitivo de la trabajadora no era igual al que tenía el patrón.

Recuerda que tardó 20 años más que su primera patrona en comprarse una licuadora. No se olvida de aquella casa en Carrasco de un matrimonio con siete hijos -algunos incluso mayores que ella- donde “no terminaba más” de lavar los platos y pasar la escoba por la alfombra. Llegaba el fin de semana y por el desgaste ya no tenía “ni ganas” de moverse. Con el tiempo, su patrona empezó a invertir y, en consecuencia, a hacerle la vida más fácil.

—La tecnología ayudó mucho. Empezó por la aspiradora, siguió por el lavarropas, luego el microondas, la juguera, la cafetera, la licuadora y la batidora. Se fueron incorporando todas esas cosas, ya fuera a beneficio de la persona trabajadora o de la patrona.

Adela Sosa
Adela Sosa, empleada doméstica y miembro fundador del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas.

Escuchá el contraste de cómo cambiaron los sonidos de un hogar en los últimos 30 años con la inclusión de nuevas tecnologías en el trabajo doméstico:

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El tiempo pasó y Adela continuó trabajando: con la implementación de la ley 18.065, en 2006 se le reconocieron sus derechos. Su jornada laboral pasó de ser de 48 horas semanales a 44, comenzó a figurara en caja y a tener días de licencia por ley.

una ley y muchas realidades

Once años de la regulación del trabajo doméstico

A fines de 2006 se estableció en Uruguay la regulación del trabajo doméstico. El Poder Ejecutivo promulgó la ley 18.065 que garantiza a la empleada doméstica el derecho a la limitación de su jornada; los descansos intermedios, semanales y nocturnos; derechos laborales como el pago de horas extras trabajadas, salario vacacional y aguinaldo, al igual que la indemnización por despido, el despido especial, el subsidio por desempleo y la cobertura por enfermedad.
Esta ley fue elaborada en conjunto con el Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (SUTD) y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS). Si bien recién se comenzó a pensar en ella en 2005, SUTD tiene antecedentes previos: según relatan en la web del sindicato, los intentos de organización entre empleadas domésticas datan de 1963, a pesar de que el gremio vuelve a refundarse en 1985 a inicios de la reapertura democrática en Uruguay.

Además, con el tiempo, la tarea se le hizo más sencilla:

—La tecnología, en parte, ayudó bastante a la trabajadora doméstica. Antes se lavaba a mano, desde hace unos años hay máquinas para lavar, esto te ayuda porque podés hacer varias cosas a la vez.

En los últimos 30 años se duplicó el número de familias que tienen lavarropas. Para las trabajadoras domésticas no fue la única incorporación que impactó en su cotidianeidad: también lo cambió todo la llegada del microondas porque, según cuenta Adela, al llegar a su lugar de trabajo empezó a poder calentar la comida del día anterior sin tener que ponerse a cocinar algo nuevo. Lo mismo pasó con la licuadora, la batidora o la juguera. Todo se le hizo mucho más rápido. Ni que hablar de planchar la ropa:

—Antes planchábamos calentando una placa en un primo. Después vino la plancha eléctrica, que es otra cosa. Y ahora es más moderno todavía: a la plancha le echas agua, con plancha a vapor. Antes para planchar un pantalón con una raya había que poner un trapo húmedo arriba.

Lo mismo sucedió con los lavavajillas. En casi todas las casas que ha trabajado de los 90 hasta la actualidad, lo tienen. Recuerda aquella “casona” de Carrasco y piensa qué fácil hubiera sido lavar entonces. Es que hace 30 años, menos del 1% de las familias tenían lavavajillas y hoy, más del 60%.
Adela tiene 63 años, se jubiló el año pasado, pero todavía sigue trabajando. No lo hace siempre, no cumple las 44 horas semanales y tampoco es jornalera. Solo va a “darles una mano” a las patronas con las que trabajó toda la vida. Lo sigue haciendo en ómnibus por más que en los 90 se duplicó el número de familias con auto: “A mí me gusta. El trabajo doméstico no denigra a nadie. Al contrario. Nosotras como trabajadoras nos podemos sentir orgullosas de trabajar en eso y hacernos valer”.

instituto cuesta duarte

"Uruguay ha mejorado pero sigue teniendo problemas de precarización del empleo"

Para Milton Castellanos, director del Instituto Cuesta Duarte del Pit-Cnt, en los últimos 35 años la tecnología ha posibilitado que Uruguay “haya casi duplicado su fuerza laboral” porque pudo desarrollar otras áreas “que antes estaban un poco reservadas solo para la matriz agropecuaria”.
Por otro lado, indica que no solo evolucionó el empleo, sino que también su formalización: “Uruguay, por ejemplo, tuvo hace 15-17 años atrás aproximadamente un millón de cotizantes en el Banco de Previsión Social (BPS); hoy tiene casi un millón y algo. O sea, hubo un crecimiento muy grande que en la mayoría de los casos fueron puestos de trabajo nuevos, pero también hay una parte importante que es el que combate al subempleo, al empleo precario, en negro. En eso Uruguay ha mejorado, pero es como el medio vaso lleno, medio vaso vacío: Uruguay sigue teniendo problemas de precarización del empleo. Casi uno de cada cuatro empleados uruguayos tiene un trabajo precario”.

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