URUGUAY 35 AÑOS DESPUÉS

Del casamiento en casa a los wedding planners

Las fiestas se sofisticaron al punto que casarse con poco dinero es todo un desafío

Matrimonio
En 2018 se dictaron 9.518 matrimonios. La tasa de casamiento viene en franca disminución.

A los 22 años conoció a Carlos. Siempre veraneaban en Piriápolis y lo veía en la playa. Cuando se mudó a Montevideo, se reencontraron. Ella vivía con su prima y él, con un amigo. Carlos le contó que su hermana estudiaba odontología, como ella. De ahí sacaron tema y nadie sabe bien cómo, pero surgió el pedido de teléfono. Él la llamó y empezaron a salir. Dos años después, pusieron fecha. Al día de hoy, llevan 42 años de casados.

Estela Echenique (64) se casó en la casa que la vio crecer, a 200 km de Montevideo, sobre la ruta 41, casi en Sarandí del Yí, Durazno. Para ella era muy importante contraer matrimonio en ese lugar porque toda su familia era de ahí. Sin embargo, Carlos, su familia y sus amistades vivían en Montevideo, al igual que Estela, quien había tenido que mudarse a la capital para estudiar una carrera, como tantos otros estudiantes del interior.

En una época en la que las distancias eran más largas, las bodas se organizaban con ayuda de amigos, familiares y vecinos. Y, en su caso, antes de conseguir un vestido, debían solucionar el traslado de buena parte de los invitados.

La modista, la persona que hizo el tocado, el catering, todos eran de Montevideo. A los novios se les hacía difícil organizar la boda, estudiar y viajar al interior para encargarse personalmente de algunas cuestiones, pero con ayuda de los suyos, lo lograron. Como era costumbre, el tema económico se resolvía entre padres y suegros. Unos se encargaban de la confitería y otros de las bebidas y la música.

El casamiento por civil se realizó en Capilla del Sauce, un pueblo a 20 kilómetros de Sarandí del Yí. La noche siguiente, Estela se vistió, maquilló y peinó con sus primas en casa de sus tíos. Horas más tarde, en un altar ubicado bajo un árbol de acacia, se celebró la ceremonia religiosa y, aunque un poco apretadas, 200 personas festejaron con los recién casados.


Tras un día totalmente soleado, a eso de las tres de la madrugada empezó a caer una lluvia torrencial que arruinaba vestidos y volvía lacios los rulos. Como carecían de electrificación rural, tuvieron que pedir generadores eléctricos a los vecinos para obtener luz. Nadie había previsto un plan B en caso de mal tiempo. “El sacerdote, al verme tan mal, me dijo: ‘Novia mojada, novia bienaventurada’, pero yo me quería morir. Por suerte todos colaboraron divino, nos metimos en unos galpones y bailamos toda la noche”, relata Estela.

Estela y Carlos
Estela y Carlos llevan 42 años de casados.

Los tiempos cambian

El caso de Estela es uno más de tantos matrimonios que se festejaron en casa de la novia. Sin embargo, hoy en día algunas parejas prefieren dejar esa presión en manos de los que saben: un equipo de wedding planners.

Doce años atrás, cuando Fabiana Hodara (43), la organizadora de fiestas y eventos de Hodara Planners, decidió dedicarse al negocio de las bodas, recién se estaba titulando la primer wedding planner uruguaya, Sandra Candales. Incluso ella debió viajar una vez por semana durante seis meses a Buenos Aires para estudiar porque en el país no existía ningún curso que se asemejara, solo referentes de organización en bodas o eventos como Alfredo Etchegaray.

Hodara estima que hoy en día hay cinco empresas de wedding planners; sin embargo, también existen ambientadores o decoradores que además organizan el evento o los mismos salones que ofrecen un servicio integral. Con su equipo siempre supieron que querían dedicarse exclusivamente a la organización y planificación de bodas. Al día de la fecha, llevan a cabo entre 20 y 25 casamientos por año, mientras que, cuando empezaron tenían solo 10.

Declara: “La gente me decía que estaba loca y que esto no era ‘yanquilandia’ ni Brasil ni China. Acá, con la madre, la suegra y las amigas, alcanzaba y sobraba. Pero me dije: si yo los hubiera contratado, ¡no debo de ser la única loca! Y al final, el tiempo me dio la razón”.

Hodara expresa que, cuando ella se casó (1998), las bodas “parecían un copy-paste, todas iguales”. Los modelos que funcionaban siempre, se imitaban y, los que no, eran descartados. Actualmente, se busca destacar la esencia de los novios y, cuanto más original sea el evento, mejor.

El promedio de preparación oscila entre ocho y 10 meses. Durante ese tiempo, los wedding planners se involucran tanto con la familia que, más que organizadores de eventos, parecen secretarios, psicólogos y “pasadores de piques”. La experta afirma que conectar con sus clientes es indispensable ya que van a convivir varios meses juntos e invierten mucho dinero en un servicio y en un sueño. Aproximadamente entre US$ 100 y US$ 120 por persona es el costo de las bodas en Montevideo; en ciudades como Colonia o Punta del Este, los costos son más elevados.

De cualquier modo, merecen sentir confianza: “Si de entrada no hay feeling, prefiero abrirme; pero si hay, de lo único que tiene que encargarse la novia es de conseguir al novio y disfrutar su noche”, afirma Hodara.

Hoddara Planners
Fabiana Hoddara, de Hoddara Planners, y su equipo en plena fiesta.

El hecho de que ya no se estile celebrar el matrimonio en casa, no significa que todas las parejas deseen una boda a gran escala y con wedding planner. Además, algunas ni siquiera piensan en casarse. Uno de los factores que explican el descenso es que muchos novios deciden vivir en concubinato, en lugar de contraer nupcias.

En 2007 se promulgó la ley de unión concubinaria. Esta permite a las parejas, que llevan cinco años de convivencia probados, obtener derechos y obligaciones similares a los que tienen las personas casadas. Por lo tanto, aquellos que no deseen casarse pero sí vivir juntos, también estarán amparados por la ley.

Por otro lado, también están aquellos que conviven durante un tiempo para conocerse mejor y, luego de algunos años, acaban casándose. De todas maneras, no siempre es a lo grande. María Eugenia (32) contrajo matrimonio en 2016, luego de haber convivido con Federico (33) por dos años. Están de novios desde los 13 y ya tienen dos hijos.

Ella explica que decidieron retrasar la boda porque no tenían mucho dinero para casarse antes y, debido a que eran los dos muy independientes, pedir ayuda económica a sus padres no era una opción. De modo que, alquilaron un apartamento pequeño en Cordón y se mudaron juntos.

“Resolvimos casarnos porque los dos teníamos ganas de tener hijos y yo consideraba importante estar casados antes. Si era por mí, la verdad, pasábamos por el Registro Civil y nada más, pero él quería fiesta. Ahí empezamos a pensar cómo hacer coincidir mis ganas de casarme con sus ganas de celebrar y el presupuesto del que disponíamos. Los dos somos muy descontracturados y, aunque teníamos más de 100 personas solo contando a los primos de ambos, queríamos un casamiento íntimo”, cuenta María Eugenia.

Invitaron a su familia y amigos más cercanos. El menú consistió en pizzas y chivitos. Los postres los hicieron algunas primas, que son reposteras, a modo de regalo, y de la decoración se encargaron otras primas, que se dedican a eso. Unos amigos les regalaron la noche de bodas en el Hotel Sheraton, donde, además, se prepararon para vivir aquella noche. A la novia la ayudaron a vestirse sus amigas, su madre, su hermana y un equipo de peluquera, maquilladora y fotógrafa.

El evento se realizó en el Club de Pesca de Montevideo. Los novios demostraron que, aún en 2019, es posible disfrutar de una fiesta con amigos y familia sin tener que invertir tanto dinero. María Eugenia expresa: “Creo que no hubo una noche más espectacular que la de mi casamiento. El tiempo fue perfecto, sí, pero más allá de eso, todo el mundo estaba en un clima de celebración. Se respiraba el amor”.

Matrimonio
María Eugenia y Federico durante su fiesta de matrimonio.
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