Bienestar

Ayuno intermitente: esto es lo que dice la ciencia

Para Mattson, quien lleva estudiando el ayuno intermitente durante los últimos 25 años, esta medida “podría ser parte de un estilo de vida saludable”.

El ayuno intermitente aumenta riesgo de diabetes
Foto: Archivo

Uno de los componentes dietarios más debatidos en los últimos tiempos es el ayuno intermitente, que según sus defensores ofrece bajar de peso, aumentar la energía, regular el metabolismo y prolongar la vida. El asunto es que esta práctica se ha difundido más a partir de figuras reconocidas que lo practican que de los soportes técnicos y científicos que lo defienden o lo cuestionan.

De hecho, la actrices como Jennifer Aniston y Reese Witherspoon​, son promotoras a ultranza de sus aparentes resultados y consecuentemente, un buen número de influenciadores por las redes.

Pero al revisar los estudios científicos, no hay acuerdos sobre el impacto real de esta tendencia. Por ejemplo, un artículo publicado en England Journal of Medicine (NEJN), dice que el ayuno intermitente puede convertirse en otro hábito saludable en la vida de las personas a partir de modificaciones simples en los hábitos cotidianos.

Dice la revista que existen dos modalidades principales en esta dieta: una que promueve la ingesta de todas las comidas del día en un período de 6 a 8 horas y otra en la que dos días a la semana, las personas limitan la comida al extremo o comen una sola vez al día una ración pequeña.

La investigación insiste en intercalar periodos de ayuno y consumo alimentario, favorece cambios metabólicos que impactan en la salud celular, condicionada por la adaptación biológica ancestral que se tuvo a los períodos de escasez.

Ninguna dieta de tipo restrictivo es benéfica por si sola, sino que cada persona requiere un estudio nutricional y dietario individual, basado en sus características

Germán Maldonado, médico de la Universidad Nacional y promotor de la práctica, dice que estos cambios ayudan a regular los niveles de azúcar en la sangre, favorecen las defensas contra el estrés oxidativo y disminuyen los procesos inflamatorios crónicos que afectan regularmente las células.

Lo que no se puede lograr, dice Maldonado es si la gente consume abundante comida, además de dieta sin sal.

Por si fuera poco, el artículo de NEJN, asegura que el ayuno intermitente también reduce la presión arterial, los niveles de grasas dañinas en la sangre y la frecuencia cardiaca en reposo, lo que termina por impactar positivamente en la baja de las enfermedades cardiovasculares que son la principal causa de muerte en el mundo, refiere Maldonado.

Otros estudios favorables como dos realizados en University Hospital of South Foundation Trust, concluyeron que la limitación calórica de este tipo de dietas favoreció no solamente la baja de peso, sino que además disminuyó la resistencia a la insulina y la grasa abdominal en un grupo de participantes analizados.

Otra investigación de la Universidad de Toronto, demostró que dichas restricciones actuaron positivamente a nivel cerebral en un grupo de adultos sanos, en los cuales mejoró su memoria y los resultados en algunas pruebas cognitivas.

Lo contrario

Hace unos meses, una investigación publicada en JAMA Internal Medicine, concluyó que la alimentación con tiempo restringido favorecía una pérdida mínima de peso, con una disminución preocupante de la cantidad de músculo. Este nuevo estudio referenciado recientemente en New York Times, encontró que los adultos con sobrepeso “a quienes se les indicó que todos los días ayunaran durante 16 horas y que hicieran sus comidas entre el medio día y las 8 de la noche, no obtuvieron casi ningún beneficio y que la mayor parte del peso que eliminaron no fue de grasa corporal, sino de grasa maga que incluía el músculo”.

Aquí hay que ser claros y decir que ante este tipo de inconsistencias, es necesaria la valoración desde el punto de vista clínico y nutricional por parte de profesionales específicos.

Al respecto, la nutricionista de la Universidad Nacional Nohora Bayona insiste en que ninguna dieta de tipo restrictivo es benéfica por sí sola, sino que cada persona requiere un estudio nutricional y dietario individual, basado en sus características estructurales, metabólicas, en su actividad y en sus necesidades, dado que cualquier práctica sin soporte y seguimiento por parte de un nutricionista, puede resultar riesgosa.

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