Realeza

La muerte que cambió para siempre la vida de la reina Isabel II

Un fallecimiento cambió drásticamente el destino de la actual monarca británica cuando era apenas una joven princesa

La reina Isabel II en su primera salida pospandemia. Foto: AFP
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La reina Isabel II no estaba destinada a ser la monarca de Reino Unido. De hecho, hubo una muerte que fue clave para su consagración. La muerte de su abuelo cambió el curso de la historia para la joven princesa, que tenía solo nueve años.

El 20 de enero de 1936 el rey Jorge V falleció a los 70 años. Automáticamente el trono pasó a manos de su hijo mayor Eduardo. Pero este tenía otras prioridades. Ese mismo año, el sucesor de la Casa de Windsor generó una crisis institucional al proponerle matrimonio a la socialité estadounidense Wallis Simpson.

El problema era que ella era dos veces divorciada y el gobierno británico no iba a tolerar esta unión. Eduardo optó por su amor y renunció al trono, en favor de su hermano Alberto, quien se convirtió de forma inesperada en rey, tomando el nombre de Jorge VI.

Este cambio en la sucesión generó que la hija mayor de Alberto, la princesa Isabel, fuera la siguiente en la línea del trono. Nadie esperaba que ella se convirtiera en reina. Incluso, si sus padres hubieran tenido un hijo más tarde, se habría convertido en su presunto heredero.

A los 14 años, durante la Segunda Guerra Mundial, Lilibet, tal como la apodaban, les habló a los más chicos desde Windsor, adonde ella y su hermana habían sido confinadas. “Muchos de ustedes tuvieron que abandonar sus hogares y están separados de sus padres o madres. Mi hermana, Margarita, y yo sentimos mucho por ustedes, ya que sabemos por experiencia lo que significa estar lejos de las personas que amamos”, dijo.

En 1943, con 16 años, hizo su primera aparición pública en solitario durante una visita a la Guardia de Granaderos, de la que había sido nombrada coronel en jefe. Y cerca de sus 18, se modificaron las leyes para que pudiera actuar en el extranjero como uno de los cinco consejeros de Estado en el caso de que su padre no pudiera hacerlo, tal como ocurrió en julio de 1944, cuando visitó Italia. Un año después, se unió al Servicio Territorial Auxiliar, la rama femenina del Ejército Británico, donde se instruyó como conductora y mecánica.

Jorge VI reinó por 25 años, y en cuanto su salud comenzó a deteriorarse a causa de un cáncer de pulmón, Isabel comenzó a asumir cada vez más responsabilidades. Hasta llegó a sustituirlo en ceremonias oficiales.

El 6 de febrero de 1952, el día de la muerte del rey, Isabel se encontraba junto a su esposo, Felipe, en Kenia, como parte de un viaje formal en el que recorrerían también Australia y Nueva Zelanda.

La pareja regresó al Reino Unido y la coronación de la reina tuvo lugar al año siguiente, debido a que ella eligió guardar luto y esperar hasta el 2 de junio de 1953 para ser coronada en la abadía de Westminster.

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