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Apunte de cata: Noelia González, la enóloga mendocina que se sumó a la vendimia local

Realizar pasantías en bodegas de otras regiones, para conocer nuevas técnicas y ampliar sus horizontes, es clave para los jóvenes enólogos; en 

Noelia González
Noelia González

Los jóvenes enólogos tratan de realizar pasantías en bodegas de otras regiones, para conocer nuevas técnicas y ampliar sus horizontes, sobre todo si es en época de vendimia. Noelia González arribó a Uruguay con ese fin, entrevistarla era imperioso.

Joven, enóloga y mendocina, acaba de renunciar a la dirección técnica de la bodega en su provincia natal, después de 9 años de dedicación exclusiva. El conocer otras vertientes del mundo del vino, le hizo tomar esta audaz decisión. Su padre enólogo, trabajó en Lagarde en los 90, cuando en plena efervescencia, se producía la gran reconversión vitícola argentina.

De niña, la bodega fue su lugar para jugar y corretear con otros chicos. Eligió hacer esta vendimia en forma de pasante en Bodega Oceánica José Ignacio, de Maldonado, propiedad de Natalia Welker y Marcelo Conserva. Hans Vindig Diers, consultor en la finca, le facilitó el contacto para concretarla. Eligió bien, porque este emprendimiento fernandino es un reflejo cabal del carácter innovador de sus propietarios. Viñas y olivos rodean un gran estanque y obras de artistas nacionales se integran al paisaje y lo armonizan. Detrás, en la parte más alta del predio, una almazara y una bodega de espectacular diseño moderno, completan una estampa de ensueño .

Noelia trabajaba en la bodega Ojo de Agua, propiedad del artista y cantante suizo Dieter Meier. Un personaje singular que cuenta con restaurantes en su país natal, en España y Argentina. Además, en la provincia de Buenos Aires adquirió 2.000 hectáreas para criar ganado y al sur en Río Negro, también posee viñedos cuyas uvas se llevan a Mendoza para su procesamiento. 

A continuación un extracto de la conversación de Eme con Noelia.

—¿Cuando ingresaste a Ojo de Agua tenías alguna referencia de Dieter Meier, su propietario?
— No, ni idea.. Al entrar me dijeron que el dueño era de un músico suizo, super famoso en su país. Con el pasar del tiempo lo conocí y pude formar una buena relación con él. Incluso estuve alojada en su casa de España. Es un personaje muy creativo, que en Argentina, además de Mendoza, también tiene viñedos en Río Negro.

—Fuiste al sur a conocerlos y a visitar bodegas y te encontraste con Hans Vindig Diers. ¿Cómo fue ese encuentro?
—Si bien había escuchado hablar de Noemía, su bodega, no conocía sus vinos que, por supuesto, me impactaron. Encontré en Hans, una persona hermosa, un enólogo que tiene una energía impresionante. Eligió para instalarse un lugar hermoso, un paraíso dentro de la Patagonia.

—Trabajaste también muchos años con Marcelo Peleritti, otro prestigioso enógo. ¿Qué diferencias hay entre dos ambos?
—Lo primero es que ellos se admiran. Ambos son grandes personas, abiertos y comunicativos con sus colaboradores. No tienen empacho en transmitirte sus conocimientos y la forma de diferenciarlos, es por el estilo de sus vinos. Marcelo es muy fiel al suyo. Hans por otro lado no vacila en experimentar. Ambos consiguen excelentes resultados.

—Renunciaste a Ojo de Agua, en busca de...
—Me sucedía que probaba algunos vinos impactantes y no sabía o no me daba cuenta, cómo se habían hecho. Me formé con Marcelo Peleritti que basó su carrera y su fama como consultor, con un estilo singular que me marcó la cancha. Entonces me dije, 9 años están bien, ahora quiero conocer el otro mundo del vino, que para mí, estaba en fuera de Argentina.

— La decisión fue venir a Uruguay.
—Sí, porque precisaba estar cerca del mar (se ríe). Durante 9 años, siempre en setiembre, hice vendimia en Ibiza en los viñedos de Dieter Meier y extrañaba la brisa del océano. Sabía que Hans asesoraba una bodega aquí en Maldonado y lo contacté. Tuve una respuesta super positiva de su parte y me consiguió hacer esta pasantía en Bodega Oceánica José Ignacio.

—¿Que rol te tocó desempeñar en Oceánica durante esta vendimia?
—En la bodega, cuatro personas hacemos de todo. Además de Santiago de Gásperi quien está a cargo, los otros dos chicos, Inés y Marcos también integran el equipo técnico. Lo mío es venir a aprender de Hans y a intercambiar mis conocimientos con los de ellos durante la vendimia. Eso se da todo el tiempo y durante el día hacemos de todo. Desde limpiar hasta hacer los remontajes, cuidar y probar los mostos cada día. También trabajamos con barricas.

—¿Qué es lo que más te atrae del trabajo en bodega?
—Lo que más me gusta es la elaboración, porque en ella se puede apreciar la transformación, ver crecer la viña durante todo el año y empezar a imaginar, cómo deberé hacer los vinos cuándo la fruta esté madura. Después viene el materializarlo. Los cuidados posteriores de crianza también me gustan, pero son como de rutina. Obvio que la vendimia es el desafío más lindo y emocionante.

—¿Que te pareció la Tannat y sus vinos, la conocías de antes?
—La desconocía, aunque creo haber probado uno de Salta, pero hace mucho y no lo recuerdo bien. Ahora lo encontré como un tinto con mucho potencial de guarda. Me pareció un vino de una zona cálida, sin embargo el país y esta zona, no coinciden con esa condición. Me sorprendió ese equilibrio entre la estructura de un vino de zona cálida y la frescura de los de una cosecha más temprana. Sin duda preciso probar otros para formarme una opinión definitiva.

—Y pasando a la Albariño y sus vinos…
—Uhh.. me enamoró la Albariño. Increíble que estuve tanto tiempo viajando a España y nunca había probado uno. Creo que la están desarrollando bien, para que sea la pareja de la Tannat. Es una uva que tiene todas las propiedades aromáticas de la Moscatel, sin ser tan invasiva y la delicadeza del Sauvignon Blanc, eso es lo que yo encontré en sus uvas. O sea tiene virtudes de ambas sin exagerarlas y es una combinación perfecta para un vino blanco. Se le puede disfrutar muy bien sin cansarte.

Conocé a nuestro columnista
Eduardo Lanza
Eduardo Lanza
Es Ingeniero químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas.

Es fundador de la Sociedad de Catadores. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino desde hace más de 20 años.

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