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Apunte de Cata: La aristocracia del vino

Eduardo Lanza cuenta en su columna cómo en Europa un puñado de bodegueros se asoció para formar un selecto y exclusivo club, que se inició con 12 empresas muy tradicionales.

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El prestigio del vino es tan notable que acciona como un poderoso imán, para atraer a empresarios y capitalistas a invertir en el sector, aunque previamente no hayan hecho negocios en el rubro. Es muy potente la ilusión de contar con una marca de familia, que luzca en las etiquetas de esas botellas que llegaran a la mesa del hogar o de un restaurante. Este sector de nuevos bodegueros viene en crecimiento constante impulsado por esa genuina motivación. Mucho más reducido es el caso de las familias que a lo largo de varias generaciones han prosperado produciendo vinos finos. En Europa y de este puñado de empresas, nació la idea de asociarse para formar un selecto y exclusivo club, de 12 empresas muy tradicionales. Lo bautizaron en latín Primum Familliae Vini (PFV), para enfatizar sus aristocráticos orígenes, siendo hoy, uno de los más distinguidos e impenetrables del planeta.

Uno español y otro francés

Corría el verano de 1991 y el catalán Miguel Torres visitaba a su amigo Robert Drouhin en Borgoña. Ambos estaban preocupados por el futuro del vino y de sus empresas, que durante tantas décadas habían sido manejadas por las respectivas familias. Coincidieron entonces en que debían dar forma a una asociación, para resguardar ese estilo de negocios tan particular y también al compromiso que siempre tuvieron con los valores tradicionales del vino. Así pues, al año siguiente nació este club que hoy reúne a 12 prestigiosas familias bodegueras, todas ellas con una tradición más que centenaria en la producción de vinos finos. Hubo coincidencia en la filosofía que debía inspirar al club, basada en sostener el respeto por la tradición y los valores que nutren a la cultura del vino, más allá del mero consumo.

Altas y bajas

Así las cosas, las primeras invitadas fueron Pol Roger, la del champagne de los reyes, Vega Sicilia la del mejor vino español de la historia y Mouton Rothschild un premier grand cru classé, categoría que atesoran sólo cinco chateaux de Burdeos. Luego vinieron las siguientes, a propuesta de alguno de los primeros socios. Las admitidas pudieron sumarse, después de aprobar un examen muy exigente de sus credenciales. La condición para integrarse siempre fue que además de una trayectoria tan extensa, la familia debía contar con viñedos propios y poseer al menos el 51% de las acciones de la empresa. Esta última exigencia hizo que a lo largo de sus tres décadas de existencia, algunas de las bodegas iniciales debieran abandonar el grupo, al ser adquiridas por fondos de inversión multinacionales.

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Una ética los une

En una nota de El País de Madrid, el actual presidente de PFV, Hubert de Billy de Champagne Pol Roger declaró: “Estamos en contra del crecimiento descontrolado y de la prisa por generar dividendos. Algunas marcas de champagne se han vendido a grandes grupos, que priorizan el dinero rápido a los valores tradicionales y para ello, producen decenas de millones de botellas. Nosotros, no. Nos duele que hoy lo familiar pierda importancia en nuestro sector. A los integrantes de PFV nos quieren comprar cada día y nos ofrecen cientos de millones, pero siempre decimos que no". El periodista Jesús Rodríguez del diario madrileño insiste y pregunta si entonces forman un lobby y Hubert de Billy le aclara:”Esa palabra tiene connotaciones negativas. Somos más bien, un think tank. Un grupo de amigos que nos reunimos para analizar nuestro trabajo, desde el viñedo a la distribución, para mejorar nuestras empresas. Compartimos experiencias y somos solidarios. Sumamos fuerzas para distribuir y vender en otros países. Nos sentimos como una plataforma para que nuestros hijos aprendan el negocio. En nuestras bodegas y en las de los otros socios, que son los mejores del mundo. Es la mejor escuela que pueden tener. El mejor master”.

El prestigio del vino

Habiendo tantas empresas en el mundo del vino, sólo en Europa podía formarse una asociación como esta. Es que la italiana Antinori se remonta al siglo XV. Haut Brion al XVI y la alsaciana Hugel et Fils al XVII. La más joven, de la Famille Perrin en el Valle del Ródano tiene apenas 110 años. Sin duda su patrimonio son su nombre y trayectoria. El activo a preservar para cada nueva generación es mantenerla exitosa. Su punto débil, a sucesión al frente de dichas compañías. Sólo una de cada diez empresas familiares sobrevive a la tercera generación.

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Las integrantes

Los miembros franceses son: Joseph Drouhin, Champagne Pol Roger, Baron Philippe de Rothschild, Famille Hugel, Famille Perrin y Domaine Clarence Dillon. De España: Familia Torres y Vega Sicilia. De Italia: Marchesi Antinori y Tenuta San Guido. De Alemania: Egon Muller Scharzhof. De Oporto en Portugal: Symington Family Estates

Conocé a nuestro columnista
Eduardo Lanza EME
Eduardo Lanza
Es Ingeniero químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas.

Es Fundador de la Sociedad de Catadores. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino desde hace más de 20 años.

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