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Mamá Estimula: Nueve ideas para sobrevivir el confinamiento

¿Qué hacer para que el "quedarse en casa" no sea en un período de aburrimiento y estrés, sino una oportunidad de aprendizaje y redescubrimiento?

niña aburrida
Foto: Pexels

Hijos aburridos que no se enganchan con las tareas online, padres que siguen trabajando desde casa y están sobrepasados por el homeoffice y el cuidado full time de los niños y escuelas insistentes, que mandan deberes y exigen calendarios imposibles de cumplir, parecen ser la foto actual de quienes aún no han retomado "la vida normal". Los niños extrañan la escuela, pero “la escuela de los amigos, no la de las maestras”, asevera Francesco Tonucci.

Con este pedagogo, escritor, dibujante, investigador y creador del proyecto internacional La Ciudad de los Niños y las Niñas, que remarca que los niños añoran el contacto con sus pares y no con los contenidos, coinciden varios expertos. Aseveran que los más pequeños están contentos porque el confinamiento les ha permitido pasar más tiempo con sus padres, compartir clases con ellos y aprender juntos, lo que para muchos ha sido una novedad.

Sin embargo, para el mundo adulto, el día sigue teniendo 24 horas y es una tarea difícil combinar agendas laborales (y sus zooms) con las reuniones de los centros educativos. Aunque las maestras hacen malabares para transformarse en influencers de YouTube, muchos padres descubrieron que no siempre sus hijos se enganchan con el relacionamiento virtual con pares o docentes y se aburren con las tareas que reciben.
Llega la pregunta: ¿qué necesitamos hacer en casa para lograr que la cuarentena no se transforme en un período gris de aburrimiento y de estrés familiar, sino en una oportunidad de aprendizaje y redescubrimiento? Nueve ideas que pueden ayudar.

1. Dar cabida a los sentimientos, miedos y propuestas de los chicos y hacer foco en lo importante: los vínculos y no los contenidos. Es necesario entender que los niños rehúyen del contacto virtual porque muchas veces ahí es donde se les hace palpable la distancia real que los separa de sus seres queridos y los enfrenta a una realidad que prefieren ignorar. No forzar ese contacto con tíos, primos o abuelos por videollamada o celular y en lugar de ello mantenerlos informados de que esas personas los extrañan, hacerles escuchar sus mensajes o intercambiar fotos o dibujos puede ser una alternativa. Lo importante es que ellos sepan que sus amigos o parientes están cerca y los tienen presentes. Y en cuanto a las clases virtuales, trabajar en equipo con la escuela, para priorizar los encuentros cuyo objetivo se centra más en el contacto entre los chicos que en los contenidos y filtrar la carga de tareas que llegan.

2. Prestarles palabras: es importante recordar que los niños pequeños no cuentan con las mismas herramientas que los adultos para poner en palabras sus sentimientos y emociones, justamente porque están recién empezando a reconocerlas e identificarlas. Por ello, sin imponer nuestras ideas, es necesario permitirles poner nombre a lo que les pasa y como los niños no aprenden de lo que uno dice, sino de lo que uno hace, qué mejor forma que tomar la iniciativa y contarles sobre cómo nos sentimos, si estamos tristes, cansados, de mal humor etcétera y por qué. No se trata de contagiarles nuestros miedos, sino de generarles el espacio para que ellos nos devuelvan cómo se sienten y así, juntos poder acompañarnos y trabajarlo.

3. Mantener rutinas, pero no las anteriores: la anticipación y las rutinas son fundamentales para los chicos porque les brindan seguridad y confianza, pero intentar mantener a rajatabla las rutinas que llevábamos antes, en tiempos de “normalidad”, puede estresarnos a todos más de la cuenta. Si la nueva realidad se impone, démosle cabida en nuestro calendario familiar reajustando horarios de actividades, programando nuevas reglas o excepciones y manteniendo con mayor rigidez únicamente las rutinas más importantes como las que refieren a la alimentación, hábitos de higiene y horarios de sueño y aprovechando el momento para instaurar rutinas nuevas para disfrutar tiempo de calidad juntos. Armar un calendario familiar a para anticipar cada día, puede ayudar muchísimo a ello.

4. Espacio personal: si lo que más queremos es mantener el equilibrio emocional de nuestros hijos, debemos empezar por asegurarnos de mantener el propio primero y para ello, puede ser de gran utilidad, reservarnos un momento diario para nosotros o para la pareja, para hacer algo que, por pequeño que parezca, sabemos nos calma o alegra, ya sea un momento para llamar a nuestros amigos por teléfono o para hacer una clase de yoga online o mirar algo en Netflix. Cuidar ese pequeño espacio de bienestar para los padres es el puntapié inicial para traspasarlo al resto del núcleo familiar.

5. Planificar actividades con los chicos: Participar activamente de su educación (como quizá nunca antes lo habíamos hecho) puede ser sumamente enriquecedor para padres e hijos, pero requiere determinación, esfuerzo, constancia y, sobre todo, planificación para no morir en el intento. Nada mejor para lograr el “enganche” de los niños que hacerlos partícipes desde el origen, de cada actividad que hagamos en casa. Plantearles hacer una lista de cosas que quieran hacer para que llevarlas a la práctica pueda ser un generador de entusiasmo para ellos y algo muy positivo para nosotros, los padres, para poder organizarnos y hacerlas.

6. Buscar oportunidades de aprendizaje diarias. Los padres hemos ido despegándonos de la educación de nuestros hijos a medida que los colegios han ido expandiendo sus horarios mientras trabajamos. Necesitamos aguzar la imaginación y recordar que el ciclo del agua puede aprenderse en casa mientras ponemos la caldera en el fuego para el mate, que el veo-veo es una herramienta de lectoescritura o que la cocina puede ser una excusa para hablar de química. Ni que hablar si disponemos de un espacio verde en el cual ver pájaros, lombrices, mariposas o plantar semillas y observar insectos bajo la lupa.

7. Hacer proyectos de investigación caseros. Podemos aprovechar situaciones cotidianas; encontrar un insecto puede ser disparador para practicar la observación minuciosa con una lupa, buscar la lectura de materiales relacionados o videos educativos sobre el tema.

8. Aprovechar las pantallas. Si es necesario extender los horarios de exposición a las mismas, podemos aprovecharlas para que se transformen en un espacio de aprendizaje. Buscar dibujos animados educativos de ciencias o arte puede ser de gran ayuda. Programas como Aventuras con los Kratt o Puffin Rock o Story Bots en Netflix, por nombrar algunos, son ideales para los que aman aprender sobre animales o ciencia y portales como Happy Learning o Smile and Learn, entre muchos otros, pueden darnos una mano para responder de forma divertida y súper didáctica las preguntas que surgen a diario. Hay decenas de iniciativas que pueden convertirse en nuestros aliados.

9. Mantener la calma. Si la conexión con la escuela de manera remota se transforma en una tortura y los contenidos no les enganchan, calma, si no aprenden a escribir este año, aprenderán el que viene. Lo importante es que tanto padres como maestros tengamos presente que los niños precisan mantener el contacto emocional con sus amigos y por ende, debemos buscar alternativas para conectarlos a través de juegos o actividades. En definitiva, tolerar que una situación extraordinaria requiere de medidas extraordinarias, pero que esta situación es temporal y pasará y lo que no podemos permitir es que deje una cicatriz emocional por no haberla podido manejar mejor.

Conocé a nuestra columnista
Claudia Guimaré
Claudia Guimaré
La socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

Conocé cómo Mamá Estimula puede auxiliarte en la crianza de tus hijos.

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