CON LOS HIJOS

¿Qué hacer cuando llevás a tu hijo a clases y se queda llorando?

En estos días los niños pre escolares comenzaron a asistir a los centros educativos y cuando los padres se despiden empiezan a llorar y gritar. ¿Qué pueden hacer los adultos ante esta situación?

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Los pre escolares comenzaron las clases y cuando sus padres se despiden empiezan a llorar y gritar.¿Qué les sucede? Todo padre tiene que saber que los niños se angustian y lloran.

La causa de su llanto es el miedo al abandono. En el momento de la despedida ellos sienten y temen que sus padres los abandonen, a que no regresen más a su lado. Es un miedo universal que todos los niños pequeños sienten. El punto central es cómo afrontarlo para ayudar a que disminuya y que no deje secuelas negativas en el niño.

Los padres tienen que despedirse de sus hijos y decirles en forma serena y calma: “Mamá o papá se van a trabajar y volvemos a buscarte, siempre volveremos”. Esta frase ayuda a enfrentar el temor al abandono. Los pequeños lloran ya que, al no tener desarrollado el lenguaje, el llanto es una forma de expresar sus miedos.

Por lo tanto es importante que los padres sepan que deben calmarse y sostener a sus hijos para que ellos se sientan seguros. Es normal que el padre se emocione en estos momentos y sucumba, se quede a su lado y no siga su jornada laboral. Existen instituciones educativas que permiten que los padres permanezcan un tiempo con sus hijos. Esto se llama adaptación pero tiene que ser consensuado y pautado con la maestra de antemano.

Qué hay que evitar

Amenazarlos: “sí no te callas, no te llevo a…..”. La amenaza no sirve: el niño puede cesar de llorar y gritar pero por dentro sigue ansioso y evita realizar la acción por miedo.

Tampoco es positivo prometerle algo a cambio de que deje de gritar o llorar: “sí no lloras te llevo a.., te compro…” El mensaje educativo es negativo, pues el niño aprende desde temprana edad que hay que recibir algo para comportarse adecuadamente.

Una vez que el padre se retira no debe darse vuelta para ver cómo está su niño porque este comenzará a llorar o a incrementar sus gritos para lograr que su progenitor se quede. Una vez en el trabajo pueden llamar a la maestra para saber cómo está el niño.

El punto no es tener miedos, sino ayudar a los hijos a enfrentarlos. Sí ustedes se calman, arreglan en su trabajo para llegar más tarde y le transmiten paz a sus hijos, ellos se sentirán contenidos y al pasar los minutos se calmarán.

Todo padre tiene que saber que con el transcurso de algunas jornadas el niño llorará menos en intensidad y frecuencia. Si pasan los días y tu hijo no disminuye su angustia de separación, debés consultar con un psicólogo para ver qué le sucede. Esto ayudará a evitar futuros problemas emocionales de los niños.

Algunos tienen miedos más intensos que otros, pero lo esencial es cómo los padres tratan de enfrentarlos.

Si el niño sin amenazas ni promesas, solamente con la calma del padre que lo contiene amorosamente, logra tranquilizarse, aprenderá que los miedos se pueden enfrentar y superar. Luego serán adultos emocionalmente fuertes que han vivenciado la experiencia positiva: los temores se enfrentan y así disminuyen.

La manera como el pequeño enfrente sus miedos es decisivo en la formación de su personalidad. Las reacciones de los padres frente a sus retoños marcan el camino a transitar.

Conocé a nuestra columnista
Fanny Berger
Fanny Berger

Psicóloga gestáltica. Podés contactarla en su web o página de facebook o a través del teléfono 099 289 282.

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