Aplausos

Cuatro siglos después, Irlanda tiene su primera presidenta de universidad

Kerstin Mey, de 57 años, tomó las riendas de la universidad pública de Limerick, al sur de Irlanda, con "un alto grado de responsabilidad", pues es "un modelo para otras mujeres".

Kerstin Mey
Kerstin Mey

Irlanda, un faro antaño para el catolicismo en Europa, atravesó en los últimos cinco años un proceso de profunda modernización, suavizando sus anacrónicas restricciones sobre el divorcio y el aborto o legalizando el matrimonio homosexual.

Algunos techos de cristal, sin embargo, son más difíciles de romper que otros y han tenido que pasar 428 años para que una mujer presida, por primera vez, una universidad en este país.

Kerstin Mey, de 57 años, tomó las riendas de la universidad pública de Limerick, al sur de Irlanda, entre sensaciones de "emoción y privilegio", pero también con "un alto grado de responsabilidad", pues es "un modelo para otras mujeres".

"Para aquellas que están en otras posiciones de liderazgo y las que aspiran a lograrlo, para todas las que confían en que, como presidenta, haré las cosas de una manera diferente", explica.

La mitad de los profesores mujeres

Mey nació y creció en la desaparecida República Democrática Alemana, en un régimen comunista que presumía de tratar con igualdad a trabajadores y trabajadoras, aunque, en realidad, la plena participación de la mujer en el mercado laboral servía, en parte, para corregir deficiencias productivas.

Hoy en día, dice, "la mujer tiene aún poca representación y peso" en muchos ámbitos laborales, como el suyo, una "cuestión que no afecta exclusivamente a Irlanda".

Las mujeres ocupan en este país en torno al 50 % de los puestos de profesorado universitario, pero solo una de cada cuatro llega a ostentar una cátedra, un domino casi exclusivo para los hombres.

"Tristemente, creo que es todavía un problema global. Es sintomático de asuntos relacionados con la igualdad de género en la sociedad en general, que se reflejan, por ejemplo, en la brecha salarial".

La mayoría de los países desarrollados tiene leyes que prohíben que se pague más a los hombres que a las mujeres por el mismo trabajo, pero las diferencias existen.

Mey recuerda que esa grieta se alimenta de una "compleja red de asuntos" vinculados al "patriarcado", a la "socialización de la mujer", a las expectativas de género que les otorga el rol de "madres y cuidadoras".
Todo ello, advierte, contribuye a formar la "identidad que se le atribuye a la mujer en el trabajo", a las "decisiones que toma y a las metas y ambiciones que se fija".

Patriarcado y roles tradicionales

"Reconozco que puede parecer una generalización, pero tenemos que seguir llamando la atención sobre estos factores sistémicos, sobre las prácticas y los valores, para abordar los derechos humanos, la inclusión, la diversidad y la igualdad. Las cuestiones de género son parte de esa área más amplia que es la justicia social".

Mey estudió Arte, Literatura y Filología Alemana en la Universidad de Humboldt de Berlín, donde se doctoró en Teoría y Estética del Arte.
Después, ocupó diferentes cargos lectivos y directivos en varias instituciones académicas del Reino Unido, desde donde dio el salto a Irlanda en 2018 como vicepresidenta de Asuntos Académicos y Participación Estudiantil en la Universidad de Limerick.

Ese año, la mayoría de los irlandeses votó a favor de reformar la ley del aborto, una de las más restrictivas y punitivas del mundo; tres años antes, este país se había convertido en el primero que aprobaba el matrimonio gay a través de un referéndum; y en 2019 liberalizó definitivamente el divorcio, que solo había dejado de ser ilegal en 1995.

Dentro de este programa de renovación nacional, el Gobierno quiere celebrar un referéndum para eliminar una cláusula de la Constitución conocida como "la mujer en el hogar".

Hasta principios de la década de 1970, era habitual que las mujeres irlandesas dejasen sus puestos de trabajo tras casarse, sobre todo en el sector público, y aunque esa práctica desapareció hace tiempo, la citada cláusula entorpece el avance de la lucha por la igualdad.

La mujer en el hogar irlandés

"Irlanda ha dado pasos muy progresistas en muchos aspectos. Creo que refleja el hecho de que es una sociedad muy joven. Se han adoptado los valores de su población para acomodar sus experiencias vitales, las necesidades de las nuevas generaciones, en línea con el debate sobre los derechos humanos", explica Mey.

Este es el caldo de cultivo idóneo que se ha encontrado la primera presidenta universitaria para seguir progresando en la igualdad de género, que, sin embargo, no puede abordarse "de manera aislada", sino en un contexto "de inclusión, diversidad e igualdad".

"Es así -dice- porque varios aspectos, como el origen socioeconómico, étnico o religioso, entran en juego cuando abordamos las relaciones de poder y creo que éstos también se deben afrontar desde el feminismo, a fin de crear instituciones y sociedades inclusivas y con justicia social".

Mey quiere que su universidad siga aprovechando las iniciativas legales del anterior Gobierno para aumentar la representación de mujeres no solo en el ámbito académico, sino también en el empresarial, con cuotas de participación, como en Alemania, donde, recuerda, el 40 % de los consejos de administración de corporaciones debe estar ocupado por mujeres.

"Creo que la cuotas son medidas temporales para asegurar que las mujeres llegan a posiciones de liderazgo y para superar los problemas sistémicos que les han impedido acceder con éxito a esos puestos", concluye. 

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