Informe

La visión uruguaya de Singularity, la "universidad" que proyecta el futuro

Cinco emprendedores relatan su experiencia en el instituto más innovador del mundo.

Edificio central de Singularity University
Edificio central de Singularity University. 

La humanidad siempre ha mirado a las estrellas en busca de respuestas, desde los antiguos mayas, pasando por Galileo, a Stephen Hawking. Esa milenaria curiosidad trasciende el interés por el espacio en el Centro de Investigación Ames de la NASA (en Silicon Valley), donde funciona Singularity University (SU). El instituto, fundado en 2008 por el científico computacional, inventor y escritor Ray Kurzweil y el ingeniero y emprendedor Peter Diamandis, nació con el propósito de formar e inspirar a líderes mundiales a través del uso de tecnologías exponenciales, pensando en un horizonte de 30, 40 o 50 años, para ayudar «a resolver los grandes desafíos de la humanidad».

Aunque se define como Universidad y al final de sus cursos otorga un diploma simbólico a sus egresados, Singularity es un instituto que conjuga programas educativos y conferencias, con la actividad de un centro de investigación y una incubadora de startups. Pero no cualquier startup: SU busca proyectos con el potencial de cambiar positivamente la vida de al menos 1.000 millones de personas.

Su curso principal, el Global Startup Program (GSP), de ocho semanas y US$ 30.000 de costo, tiene cupos para 80 personas aunque cada año recibe unas 3.000 aplicaciones.

Intereses compartidos

Maximiliano Pérez. El cofundador de Sinergia Cowork cursó el GSP en 2013.
Maximiliano Pérez. Cofundador de Sinergia Cowork y alumni 2013.

La exclusividad que caracteriza al instituto no ha impedido que algunos uruguayos hayan pasado por sus instalaciones y compartido la experiencia con personas de todo el mundo y de perfiles bien disímiles. Esa diversidad provoca una primera impresión de desconcierto.

«¿Qué hago acá?», se preguntó al llegar Maximiliano Pérez, cofundador de Sinergia Cowork, quien cursó el GSP en 2013. En su clase tenía a científicos que investigaban una posible cura para el cáncer de mama y a empresarios que habían vendido sus startups en cifras multimillonarias, recordó. La respuesta que surgió naturalmente tras los primeros días de intercambio con sus compañeros era que todos los estudiantes allí estaban «en la misma», es decir, compartían el interés por encarar proyectos que generen un impacto positivo en la humanidad con base en la tecnología. Pérez se enfocaba en desarrollar emprendimientos sociales, tras su experiencia en Un Techo Para Mi País, que lo llevó a trabajar como voluntario en Haití tras el terremoto de 2010. Allí conoció a un profesor del MIT que le sugirió que aplicara a SU.

Para postularse, debió atravesar un proceso intensivo: primero, enviar su candidatura por escrito acompañada de un video donde esgrimía por qué debían aceptarlo; y luego pasar por cuatro entrevistas (remotas) que indagaban en su rol emprendedor, su personalidad y vida familiar.

El GSP se desglosa en tres etapas: la primera, de inducción, sumerge a los participantes en el ecosistema emprendedor de Silicon Valley —a través de visitas a empresas de punta— y en tecnologías emergentes como biotecnología, nanotecnología, impresión 3D o robótica de la mano de conferencias a cargo de referentes de cada industria o especialidad. La fase dos pasa por elegir un área de trabajo —Pérez, por ejemplo, se inclinó por educación— y finalmente desarrollar un Producto Mínimo Viable. En su caso y junto a un grupo (las dinámicas en equipos son habituales en Singularity), creó un laboratorio de tecnología rodante (en un bus) que recorría escuelas de Baja California.

«Abrir la cabeza»

Ya sea un curso de unos pocos días de duración o de un programa de algunas semanas, las jornadas en SU son siempre «intensas», con actividades que comienzan a las 8 o 9 de la mañana (previa sesión de yoga) y siguen hasta la noche.

«¡Te bombardeaban!», recordó el empresario tecnológico Pablo Brenner, integrante de la segunda generación de SU y el primer uruguayo en capacitarse en el instituto. «Entré en 2010, Singularity recién arrancaba y yo justo estaba en una etapa en transición». Por entonces, trabajaba en el fondo de capital de riesgo Prospéritas.

Pablo Brenner. El empresario fue el primer uruguayo en asistir a la Singularity University
Pablo Brenner. CEO y fundador de Collokia, alumni 2010.

Brenner, que realizó el Programa Ejecutivo (de 10 días, dirigido a líderes empresariales), aplicó sobre el cierre de inscripciones y sin muchas expectativas de que lo aceptaran. Cuatro días después fue confirmado. Intuye que ser uruguayo fue una ventaja «porque sos un bicho lo suficientemente raro» y lo que SU busca es, precisamente, perfiles heterogéneos. El de Brenner —empresario de la tecnología, con interés en el segmento de venture capital y con conocimiento del ecosistema emprendedor de Israel, donde vivió— contaba entonces con buenas «credenciales».

«Lo que más valoro de Singularity es que me abrió la cabeza. Sabía mucho de computación, y de pronto me dio otra perspectiva sobre un montón de nuevas tecnologías que no las veía ligadas y pude entender cómo cada una afecta a la otra», rescató Brenner.

Fue tan buena la experiencia que se la recomendó a su colega, Pablo Salomón. En 2011, el empresario acababa de desvincularse de la startup que había fundado, Interactive Networks, luego de venderla en 2009. «Me pareció una excelente oportunidad de abrir la cabeza y aprender sobre las tecnologías que iban a impactar a futuro», dijo Salomón, que hizo el GSP. «¿Quién se hubiera imaginado 25 años atrás el impacto que iba a tener Internet en la vida diaria de todos nosotros? De la misma forma, los avances en inteligencia artificial y biotecnología van a tener impactos radicales en nuestras vidas en las próximas dos o tres décadas que hoy nos cuesta ver o imaginar», razonó.

Pablo Salomón. CEO y fundador de Inetsat, alumni 2011.
Pablo Salomón. CEO y fundador de Inetsat, alumni 2011.

Salomón cuenta que su vínculo con el instituto se mantiene; de hecho, participó recientemente del «SU Global Summit», un encuentro de actualización sobre la evolución de las tecnologías emergentes.

Red de contactos

Pasear en el auto sin conductor de Google y pilotear un avión (incluso si se trata del jet de Diamandis, el cofundador de SU) son dos anécdotas que le quedaron a Victoria Alonsoperez de su pasaje por la institución.

La emprendedora, creadora de la startup Chipsafer, realizó el GSP en 2013 alentada por la experiencia que había tenido en la Universidad Internacional del Espacio, otro proyecto académico fundado por Diamandis.

Victoria Alonsoperez. Fundadora de Chipsafer, alumni 2013.
Victoria Alonsoperez. Fundadora de Chipsafer, alumni 2013.

Durante el programa, se interiorizó de la tecnología de drones, que resultó central para crear el sistema de monitoreo satelital de ganado en que se apoya Chipsafer.

La red de contactos es otro de los activos que Singularity le deja a sus «alumnos», coincidieron los emprendedores. Alonsoperez conoció a través de un profesor del instituto a su socio, el brasileño Gabriel Klavin.

Pablo Buela, director de la agencia de publicidad digital Pimod, destacó la posibilidad de conocer en persona a grandes referentes de la tecnología y la innovación, muchos de los cuales veía por Youtube. Buela, que concurrió al Programa Ejecutivo en 2011, tuvo como compañeros al fundador de Booking.com y el CEO de Sodexo, y recibió clases de Diamandis y Kurzweil.

Pablo Buela. Director de Pimod, alumni 2016
Pablo Buela. Director de Pimod, alumni 2016.

«Lejos de quedarte todo claro, te surgen más preguntas. Pero eso lo veo como algo bueno, te abre el apetito sobre las posibilidades que hay (en tecnología) y te da a entender que no todo está escrito sino en construcción», reflexionó Buela a manera de balance.

Dar un vistazo a las tendencias del mundo que vendrá estimula la creatividad y la inquietud de emprender. El contraste entre esa realidad futurista y la del mundo de negocios en Uruguay obliga a pensar cómo y cuánto de lo visto y aplicado en SU puede implementarse en Uruguay. «Uno viene con pilas, hay que dosificarlas, pero también aprovecharlas», observó Pérez, de Sinergia Cowork. Su objetivo es «de a poco transformar Uruguay», pero no replicando al pie de la letra el modelo de Singularity sino «adaptándolo a la idiosincracia local».

«Capítulo» con sabor local

Aunque la experiencia de viajar a Singularity es incomparable, en Uruguay se vienen realizando actividades que buscan acercar el instituto al público local. En 2013, pasó por Montevideo el presidente de Singularity, Rob Nail, para disertar en el evento Uruguay Encendido. Desde hace un año, Pablo Buela y Pablo Salomón lideran el «Chapter Montevideo», representación dedicada a promover la institución a través de eventos sobre innovación y tecnología. La actividad más reciente, realizada ayer, consistió en una charla sobre computación cuántica a cargo de Martín Alcalá Rubí (Tryolabs). Las convocatorias previas se centraron en educación, automatización y biotecnología. A futuro, Buela se entusiasma con la posibilidad de traer expositores del centro a Uruguay durante una visita regional.

Incubado en la élite

"Quiero revolucionar la industria del agro", dice por teléfono desde Singularity, el argentino Santiago Tótaro, cofundador y socio de Copagro. Esta startup impulsa una "plataforma digital para el sector del agro para Argentina y Uruguay" dedicada a "mejorar la transparencia y acceso a productos fitosanitarios, digitalizando de esta manera una industria hoy prácticamente análoga", explicó el emprendedor. "Buscamos llegar a los agricultores con una solución integral de manera que puedan maximizar sus rindes y utilidades", remarcó.

Con la idea de "profesionalizar" su proyecto para, a futuro, causar un impacto en la industria, Tótaro decidió aplicar a Singularity. El programa de incubación del instituto californiano —que dura dos meses y cuesta US$ 18.000— promete transformar buenas ideas de negocios en "empresas viables", afirma Singularity en la descripción de la iniciativa.

Tótaro, uno de los 43 integrantes del programa actualmente, superó la etapa de selección de Singularity a la que se inscribieron 1.500 personas.  

En el camino, los emprendedores se someten a sesiones de coaching, capacitaciones y workshops sobre distintas especialidades en el desarrollo de un producto o servicio, así como encuentros y charlas con representantes de fondos de inversión y de empresas de tecnología de Silicon Valley. Además, está la posibilidad de que el emprendedor tenga un mentor para ayudarlo a lo largo del proceso. 

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