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Vendía Barbies, fue éxito en TV y ahora reinventa las promociones

"Tito" Loizeau pone en cuestión algunos mandamientos del mundo emprendedor.

Loizeau. Ahora está al frente de de la agencia de marketing promocional Caramba!. (Foto: La Nación)
Loizeau. Ahora está al frente de de la agencia de marketing promocional Caramba!. (Foto: La Nación)

A los 48 años y después de cumplir más de dos décadas como emprendedor con media docena de proyectos en los rubros más variados, Norberto «Tito» Loizeau se puede jactar de haber pasado por todos los estados posibles. Desde el éxito más inesperado, como el que vivió con la apertura del primer Barbie Store o el lanzamiento del programa ZTV en Telefé, hasta el fracaso más duro. Ahora está al frente de la agencia de marketing promocional Caramba!

Loizeau, autor del libro Emprender hasta los 90: Un nuevo modo de vivir el trabajo y mirar el futuro, se atreve a dar cuatro consejos que ponen en duda algunos de los mandamientos del mundo emprendedor.

1 - Seguir para adelante

En el último tiempo, aprender del fracaso se convirtió en un mantra del mundo emprendedor que de tan repetido está perdiendo sentido y parecería que lo mejor que le puede pasar a una persona es fundirse.

Loizeau tiene una visión menos idílica: «Mi primer proyecto como emprendedor fue lanzar una cadena de pequeños cines apuntando a ciudades del Interior en las que la gente se quejaba de que querían ir a ver películas y habían cerrado todas las salas. Abrimos solo en Gualeguaychú después de un pequeño boom de entrada y a los seis meses no venía nadie. Después comencé con un socio una fábrica de sillones económicos que terminó cuando se incendió el local que teníamos. Los fracasos te marcan y lo mejor de esas experiencias fue no darse por vencido».

2 - Ir a lo desconocido

Una de las premisas a la hora de iniciar cualquier proyecto es conocer a fondo el mercado que se quiere conquistar. Loizeau no está totalmente de acuerdo con esta idea. «Cuando comencé la mayoría de los negocios, la verdad es que sabía poco y nada de los sectores a los que estaba entrando. En algunos casos terminó mal, como me pasó con los cines y los sillones, pero otras veces venir de afuera me terminó ayudando. Ser un recién llegado a un rubro ayuda a tener una mirada más fresca. En mi caso, a los tres meses de comenzar con la productora de contenidos estaba haciendo un programa diario en Telefé con ZTV. Y tener una cabeza distinta, sin los prejuicios de la TV, me permitió acelerar de una manera que no era común en un negocio más conservador», explica.

3 - Reconvertirse

Uno de los emprendimientos más exitosos de Loizeau fue la productora Promored Group, que en realidad nació como una cuponera de descuentos online y que tenía los días contados hasta que encaró un cambio estratégico en su modelo de negocios.

«Promored nació en la primera ola puntocom, en 1999, como un proyecto similar a lo que después fue Groupon, pero siete años antes. Era un momento realmente difícil del país y como veíamos que lo de los cupones no funcionaba, a los pocos meses decidimos reconvertirnos en una agencia de promociones. De entrada tampoco nos fue bien hasta que la pegamos con una promo para Quilmes que hicimos en Disco, justo a fines de 2001. Como nos fue bien en medio de la crisis todas las marcas nos empezaron a llamar y así no paramos de crecer hasta que en 2014 decidí vender la productora a unos mexicanos», explica Loizeau.

4 - Ojo con la abundancia

Después de la apertura del primer Barbie Store en Palermo en septiembre de 2007, a Loizeau le empezaron a llover propuestas para replicar el negocio en todo el mundo, aunque la explosión de la demanda no se tradujo en un proyecto rentable.

«Siempre digo que cuando más plata tuve peor me fue. Con el proyecto de las Barbie Store estábamos desbordados y en ese momento cometimos todos los errores posibles. Y lo peor es que cada cosa que hacíamos en un local, se multiplicaba por ocho porque la replicábamos en el resto de las tiendas que teníamos. En cambio, cuando comencé con Promored y le debíamos plata a todo el mundo, hacíamos mejor las cosas porque no teníamos margen de error y éramos mucho más cuidadosos a la hora de tomar una decisión», asegura el emprendedor de las 1.000 batallas.

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