NEGOCIOS

Los turrones trascienden las fiestas como snack saludable

En a vecina orilla ya le compiten de igual a igual a la barrita de cereal y al alfajor de arroz en los kioscos

Alternativa. Hasta los personal trainers ahora los recomiendan. Foto: Shutterstock.
Alternativa. Hasta los personal trainers ahora los recomiendan. Foto: Shutterstock.

Ala barrita de cereal y al alfajor de arroz les surgió el rival más inesperado. Los dos productos que hace años se disputan el título de la golosina más saludable, ahora se enfrentan a los populares turrones de maní que en la vecina orilla se ofrecen a razón de tres por 15 pesos argentinos (unos $ 24,50).

De la mano de los nutricionistas, el snack que durante años fue un sinónimo de golosina barata y para salir del paso, de pronto se convirtió en el permitido favorito de los personal trainers gracias a su combinación de alto poder de saciedad y bajas calorías (en promedio, un turrón aporta menos de 100 calorías). Y sin necesidad de una costosísima campaña de marketing o una modernización de su packaging, hoy no sorprende cruzarse a los fanáticos del turrón Arcor o Nevares a la salida de los gimnasios más top.

«El turrón está posicionado como un producto rico e indulgente bajo en calorías, que compite en el mundo de los snacks saludables. Es un producto tradicional que traspasa generaciones y con una identidad muy arraigada en el mercado argentino», aseguran en Arcor, la compañía que lidera el negocio con sus marcas Arcor y Misky. «Es un negocio que crece a paso firme. Si tomamos los últimos 10 años, crece a una tasa promedio del 11% anual en volumen», dicen en la compañía.

«El último año, la demanda de turrones explotó. La gente se inclina por los turrones porque los ven como una golosina saludable y más económica que las barritas de cereal», asegura desde el otro lado del mostrador Sergio de Acha, presidente de la Cámara de Kiosqueros Unidos (CKU) y socio de la cadena de kioscos Haceme Monstruo.

Aceptación

En Argentina, todos los días se venden un millón de turrones; ya son una de las golosinas estrella del kiosco, pero siguen muy lejos de los 6 millones de unidades que mueve el alfajor.

El mercado es liderado por Arcor con sus dos marcas y le sigue Nevares (de la Compañía Americana de Alimentos) y Palmesano (una marca de la cordobesa Palmesano).

El posicionamiento más saludable de la oblea sedujo a la cadena Farmacity, que hace un par de años lanzó su turrón bajo la marca Nat. «Es comprado por personas de todas las edades y se consume en cualquier momento del día porque es un snack bajo en calorías, que aporta carbohidratos de rápida absorción. Cubre la necesidad de alimentarse saludablemente cuando se tiene poco tiempo», destacó Belén Seara, gerenta de Marca Propia y Global Sourcing de Farmacity.

Con el alfajor el turrón no solo comparte su popularidad. Los dos productos tienen un origen árabe, que en el caso de la oblea rellena se vivió condimentado por una fuerte influencia española.

Siguiendo las recetas importadas desde España, el turrón argentino se hacía respetando los ingredientes originales: pasta de almendras, nueces y miel, y su consumo estaba muy asociado a las fiestas de fin de año. Su popularización llegó de la mano de la empresa Georgalos, que hoy tiene una participación muy pequeña en Argentina, pero durante décadas lideró el negocio con su marca Namur.

Georgalos fue la responsable del reemplazo de las tradicionales (y mucho más caras) almendras por el maní cordobés. El cambio fue acompañado por una redefinición del target de consumidores, apuntando no solo a chicos sino también a mujeres.

Pero como los éxitos más perdurables en consumo masivo, la reconversión del turrón se dio de abajo arriba. No hubo una campaña de un «genio» del marketing o del laboratorio de innovación de una multinacional, sino que los propios consumidores fueron quienes impulsaron el posicionamiento del producto como snack saludable.

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