INFORME

Las tiendas multiespacios suman metros y seguidores

Los "concept stores" fusionan en un mismo entorno distintas líneas de negocios; presentan diversas marcas de autor que satisfacen el gusto de clientes que buscan productos exclusivos

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Exclusividad. Las personas buscan alternativas para no recurrir a los productos masivos de los shopping. Fuente: EFE

POR ELISA TUYARÉ [email protected]

En una era en la que las compras online comandan el mercado de consumo, los catálogos digitales están abiertos las 24 horas del día y el proceso de adquisición se resume a un par de clics, los comerciantes deben sorprender con nuevos modelos de negocios que brinden un valor agregado. Es así que nacen los «concept stores», tiendas multiespacios que combinan varias líneas de negocios (arte, gastronomía, cultura y moda) en un mismo lugar creando ambientes placenteros para que el simple acto de comprar se transforme en una experiencia única.

A nivel mundial, este tipo de tiendas comenzaron a aparecer de forma aislada a comienzos de los ’90, pero no es hasta esta década, que, con el apogeo de Internet y el desencanto por el consumo masivo, se imponen en las grandes capitales europeas y en EE.UU.

De forma tímida pero en aumento, Uruguay se suma a la tendencia global. Cada vez son más los comerciantes que optan por este formato en el que se imprime el estilo de su creador.

Las propuestas locales son variadas y van desde tiendas que mezclan moda con gastronomía hasta una barbería/bar. La multiplicidad de la oferta hace que no se pueda definir un target en concreto, pero sí afirmar que son personas vanguardistas que valoran el diseño de autor y la exclusividad.

Una de las pioneras en el mercado nacional es La Pasionaria, una tienda multiespacio que surgió en 2008 en Ciudad Vieja. En los 200 m2 del local montevideano nuclea una tienda de moda y decoración boutique con más de 150 marcas, un restaurante y un estudio de pilates.

Se podría pensar que estas áreas no tienen puntos en común, pero coexisten de forma armónica en un ambiente en el que se respira tranquilidad, rasgo característico de la personalidad de su creadora la artista Rossana Demarco.

«Para mí tiene mucho que ver. Es un lugar auténtico, que busca generar una experiencia placentera, cuidada, a un ritmo más pausado, como mi forma de hablar. Me mimeticé con el espacio o yo lo mimeticé a él», expresó la artista.

Buscar un estilo propio

La saturación ante la masividad de productos en el mercado, es otra de las claves para que afloren estos espacios. Sus clientes habituales buscan alternativas para no caer en los clásicos centros comerciales donde priman las tiendas multitudinarias con artículos en serie.

«Al ser Uruguay tan chiquito ibas a un casamiento y te encontrabas cuatro personas con el mismo vestido», ejemplificó la socia de St. Clemente Agustina Vidal, negocio ubicado en Punta Carretas, de 180 m2 construidos y que engloba 25 marcas de moda y decoración. Nació en 2013 con el fin de reunir varias marcas de diseñadores locales para que los clientes no tuviesen que «recorrer todo Montevideo» en busca de prendas exclusivas.

«Queremos que el cliente se sienta como en casa, que pueda comprar de todo», expresó Vidal.

En su caso, los artículos están diferenciados por los autores de cada prenda y optaron por combinar estilos diferentes para abarcar un público más amplio.

Casa Banem —tienda en Carrasco que nació en 2015 y que comercializa ropa, artículos de decoración, ofrece el servicio de listas de bodas y de cafetería— se contrapone con esta propuesta, ya que todos los artículos están mezclados y no existe la diferenciación visual entre las más de 20 marcas que presenta. Esto busca generar un universo más completo.

«La idea es que la gente recorra la casa y vaya encontrando las cosas. Porque todo está en venta. Desde las tazas en las que tomás el té hasta los livings donde la gente se sienta o las plantas que decoran al jardín», detalló Atin Calvo, una de los tres hermanos fundadores.

El atractivo de innovar

La novedad es uno de los aspectos más atractivos que encierra este tipo de tiendas. Por ello, hay quienes deciden añadirle un plus a los negocios tradicionales. Es el caso de Escaramuza (Parque Rodó), una librería/café que abrió en mayo. Se creó como un espacio conjunto de 500 m2 que apunta a «lograr una satisfacción total del cliente desde que entra al local hasta que sale», aseguró su socio fundador Alejandro Lagazeta.

Explicó que se enfoca en personas que disfruten de los libros y del «buen comer», ya que tiene una cafetería en la que preparan bebidas variadas y almuerzos con productos orgánicos. Las personas pueden llevarse los libros a las mesas —siempre que los registre en la librería—, para escoger cuál comprar.

Por otra parte, a la oferta se suma desde 2015 «Barón, la barbería que esconde un secreto», ubicada en el Centro.

Su fundador, Alfredo Benítez, quien venía del rubro de la coctelería, apostó por crear una barbería con un bar secreto detrás. En total se compone de 180 m2 y es similar a los que surgieron en los años ’20 en EE.UU., a raíz de la aprobación de la Ley Seca en la que se prohibía el consumo de alcohol. Allí, los clientes pueden cortarse el pelo mientras esperan una mesa en el bar o ir a la peluquería y beber un trago.

Para llevar adelante este proyecto Benítez tuvo que estudiar el negocio de la peluquería con el que no tenía experiencia, ya que conocer ambos rubros es fundamental para dirigir las tiendas multiespacios, confesó.

Beneficios cruzados

Por más que a veces en un espacio conviven artículos similares entre sí, no se genera una competencia entre marcas, sino que se apoyan de forma mutua para potenciar el negocio, afirmó Vidal.

En esa línea, Demarco agregó que se dan beneficios cruzados por la cantidad de gente que circula en ambas líneas de negocio. «Hay personas que quizá solo vienen por el restaurante, pero un día hacen una compra. Quizá hay otras que vienen en grupo a hacer compras, y luego se sientan a tomar algo», relató Demarco quien apuntó que el 70% de los extranjeros que visitan el lugar —uno de sus públicos objetivos— consumen en ambos espacios.

Si le va mal a una de las áreas, le va mal a la otra, agregó Lagazeta al explicar que ambos negocios conforman «un todo».

La premisa con la que nacen este tipo de tiendas se confirma con el tiempo. Cada vez son más los clientes que buscan una propuesta que los haga sentir especiales, en un lugar donde consigan productos únicos. St. Clemente comenzó con menos de 15 marcas y ahora tiene 25. Además, extendió el espacio para brindar una oferta superior.

Por su parte, La Pasionaria, tras un tímido comienzo se asentó como un referente en el área y hace dos semanas abrió un nuevo local en La Barra de 100 m2 en la que conviven 20 marcas distintas.

Y, en tiempos donde los clics mandan, desde las tiendas afirman que un buen manejo de redes sociales es esencial para mostrar y difundir sus propuestas.

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