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Tevez le «dió el sí» al fútbol chino, una liga que quiere ser potencia

Fichar estrellas como el «10» de Boca es el plan del gigante asiático para posicionarse en el deporte.

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Adiós. Tévez se despidió hace pocos días de La Bombonera, cuando su pase era aún una especulación. (Foto: EFE)

El pasado fin de semana, el ídolo de Boca Juniors, Carlos Tevez, protagonizó las portadas de los medios no por sus goles sino por haber contraído casamiento con su pareja Vanesa Mansilla en Colonia. El enlace llegó a pocos días de la largamente rumoreada partida del delantero hacia el fútbol de China, a cambio de nada menos que US$ 84 millones por dos temporadas.

Detrás de la suculenta cifra está el desconocido —al menos para esta parte del mundo— Shanghai Shenua, equipo que marcha cuarto en la Super Liga china y que recientemente contrató al técnico uruguayo Gustavo Poyet.

En los últimos años el poderío de los equipos chinos ha cobrado un inusitado despegue a base de chequera. El gobierno, encabezado por el presidente Xi Jinping —confeso amante del fútbol—, se ha convertido en un promotor directo de inversiones dirigidas a desarrollar el fútbol local. La idea del mandatario es convertir ese mercado en una «potencia» futbolística a nivel global, tal como lo son La Liga española o la Premier League inglesa. Pero son las grandes empresas privadas y los multimillonarios quienes apadrinan y solventan a los clubes chinos y sus fichajes rutilantes. Así, Jack Ma, el CEO y fundador del gigante del e-commerce Alibaba, coloca parte de su fortuna de US$ 25.000 millones en Guangzhou Evergrande, el multicampeón chino.

El Shangai Shenua fue fundado en 1993 y debe su «apellido» a la empresa Shenua, dedicada al sector energético. Hoy en día, el club es propiedad del Greenland Group, un holding enfocado al desarrollo, venta y alquiler de propiedades en el ramo del real estate. Paralelamente, participa en la compraventa de casas y apartamentos usados así como en el alquiler de parques industriales, entre otros rubros.

A través de esos intereses el grupo alcanza ventas anuales por unos US$ 20.000 millones y totaliza un valor de mercado de US$ 24.200 millones, según Forbes.

Greenland estampa su marca en el pecho de los jugadores pero, además, el equipo cuenta con otros importantes patrocinadores en la camiseta, como su sponsor técnico Nike y la marca automotriz Mitsubishi. El conglomerado de auspiciantes incluye además a firmas globales como la cadena de hoteles Marriott y los automóviles Ford, así como empresas locales como el Bank of China.

Con esos mecenas, el Shangai Shenua puede pagar una plantilla valuada en US$ 106 millones, en la que resaltan jugadores reconocidos como Freddy Guarín, Giovanni Moreno, Obafemi Martin y, ahora, Carlos Tevez. La lista podría sumar una estrella más ya que varios medios deportivos reportaron que el club chino le hizo llegar una oferta a Ángel Di María, jugador del PSG francés y la Selección Argentina.

Contrastes

En ascenso y con millones para gastar. Esos atributos son denominadores comunes para dos ligas como la china y la de EE.UU., que buscan propagar el gusto por el fútbol pese a la poca tradición de ambos países en ese deporte.

Y aunque esos factores los asemejan, ambos mercados se diferencian. A simple vista, las figuras de renombre que han llegado a la Major League Soccer (MLS) —como Andrea Pirlo, David Villa o David Beckham— están en el ocaso de su carrera deportiva, mientras que quienes aterrizan en el fútbol chino todavía están en plenitud. Tal es el caso del volante brasileño Oscar que, a sus 25 años, pasó del Chelsea al Shangai SIPG hace pocos días a cambio de unos US$ 64 millones.

La televisión, otro jugador clave en la ecuación del negocio del fútbol, también muestra diferencias. Este año, China Media Capital compró los derechos de transmisión de la Super Liga china para las próximas cinco temporadas previo desembolso de US$ 1.300 millones, una cifra muy superior a los US$ 90 millones que la MLS recibe de la TV, informó Forbes en agosto pasado.

Es cierto, la comparación entre el fútbol asiático y el de las grandes ligas europeas inclina la balanza a favor de las últimas, no tanto o exclusivamente en función de lo económico –a la luz del poderío de las corporaciones chinas y los salarios que pueden pagar a los jugadores— sino por el nivel de competencia deportiva. Al menos por ahora es impensable que Lionel Messi o Cristiano Ronaldo acepten ir a jugar a China a largo plazo.

Arsène Wenger, el histórico entrenador del Arsenal inglés y con experiencia en Japón, alertó sobre la posibilidad de que eso cambie, en base a casos como el de el brasileño Oscar. «En este momento creo que se marcha porque no juega en la Premier League. China le da una oportunidad, ellos invierten mucho dinero ahora. ¿Será un problema para la Premier League? Podría llegar a serlo», reflexionó.

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