EMPRESAS

SoftBank tropieza a lo grande en la carrera para lanzar startups disruptivas

El conglomerado japonés sufre reveses en la bolsa y su CEO despierta desconfianza entre los analistas económicos tras las debacles de algunas de sus principales inversiones como WeWork, Uber y Slack

SoftBank
SoftBank es 

Cualquiera que haya tomado un Uber, enviado un mensaje por Slack o disfrutado de una cerveza gratis en un WeWork le debe algo a Masayoshi Son.

A través de su conglomerado japonés SoftBank y un fondo de inversión de US$ 100.000 millones, Son invirtió grandes sumas en estas y otras compañías que tienen como objetivo cambiar la forma en que las personas trabajan, viajan y viven. Sus inversiones permitieron a las empresas jóvenes arriesgarse y acumular grandes pérdidas a medida que se expandieron a un ritmo vertiginoso en los últimos años. Incluso en el mundo de las startups, donde el idealismo es abundante y las pérdidas son una insignia de honor, el enfoque y la ambición de Son se destacaron.

Su apuesta inicial por el gigante tecnológico chino Alibaba obtuvo un retorno de más de US$ 100.000 millones y consolidó su reputación como un inversor con visión de futuro. Esbozó un plan de 300 años para hacer de SoftBank un líder en inteligencia artificial, robótica y otras tecnologías avanzadas.

La inversión en Alibaba le dio al conglomerado japonés US$ 100.000 millones de retorno

Pero este año, sus planes colisionaron con la realidad. En lo que puede resultar un ajuste de cuentas para Son, Wall Street comenzó a huir de compañías respaldadas por SoftBank y su Vision Fund. El CEO de WeWork, Adam Neumann, renunció la pasada semana tras una oferta pública inicial fallida. Las acciones de Uber cayeron casi 30% desde su salida a bolsa en mayo. Y las del servicio de mensajería Slack lo hicieron más de 40% desde su primer día de negociación en junio.

Los críticos de SoftBank dijeron que sus inversiones han envenenado el ecosistema para startups al alentar a los fundadores a tomar riesgos excesivos con poca consideración por construir negocios que puedan resistir los altibajos de la economía. Esperan que la debacle de WeWork obligue a los inversores a ser más escépticos sobre las empresas de rápido crecimiento. Incluso Son ha reconocido que las empresas en las que invierte su compañía necesitan ser financieramente sostenibles más rápidamente.

«Espero que este sea el punto de inflexión que traiga más cordura a los mercados de capitales», dijo Len Sherman, un exsocio senior de Accenture que ahora es profesor adjunto en la Columbia Business School.

La posibilidad de pérdidas importantes arrojó una nube sobre SoftBank y ha generado dudas sobre el estilo de inversión de Son. Eso, a su vez, podría socavar su esfuerzo por recaudar US$ 108.000 millones para un segundo Vision Fund.

Masayoshi Son
Masayoshi Son creó SoftBank en 1981 como una tienda de partes de computadoras. 

SoftBank dijo en julio que esperaba que Apple, Microsoft y otras compañías contribuyeran al nuevo fondo, pero los inversores más importantes en el primero —Arabia Saudita y Abu Dhabi en los Emiratos Árabes Unidos—, aún no se han comprometido a hacerlo.

Son, de 62 años, construyó su imperio con grandes apuestas y sus convicciones inquebrantables. Una historia que se cuenta con frecuencia sobre él es que una vez amenazó con incendiarse en las oficinas de un regulador de telecomunicaciones japonés a menos que le dieran lo que quería.

Nacido en una familia de ascendencia coreana, creció en Japón y estudió ciencias de la computación en la Universidad de California, Berkeley, donde realizó su primera incursión en los negocios: creó un traductor electrónico que vendió a Sharp.

Comenzó SoftBank, una tienda de partes de computadoras en Tokio en 1981, y la convirtió en un conglomerado de tecnología y telecomunicaciones. Su riqueza creció durante el auge de las puntocom, se marchitó a principios de los años 2000 y se recuperó a medida que SoftBank se convirtió en una de las firmas de telefonía celular más grandes de Japón.

Recursos

El Vision Fund ha golpeado algunos jonrones. El fondo obtuvo un retorno de US$ 1.500 millones en su inversión de 2017 en Flipkart, una empresa india de comercio electrónico, cuando Walmart la adquirió el año pasado.
A pesar de errores como WeWork, el fondo podría necesitar solo unas pocas apuestas valiosas para compensar las pérdidas en otros lugares, dijo Tom Nicholas, profesor de la Harvard Business School.

«Dicho esto, cuando invierte en valoraciones altas, como SoftBank es propenso a hacer, ejerce una gran presión sobre el fondo para generar rendimientos realmente descomunales de las inversiones de cartera exitosas», agregó Nicholas.

Varias de las inversiones de Son han sido decepcionantes, incluida una de sus mayores incursiones en EE.UU.: la adquisición en 2013 de una participación controladora en Sprint, la firma de tecnología inalámbrica en problemas financieros.

WeWork
WeWork es una de las empresas en las que invirtió SoftBank que le ha dado problemas últimamente.

Son pagó US$ 21.600 millones y asumió miles de millones más en deudas para comprar la compañía. Pero predijo que SoftBank ayudaría a Sprint a superar a sus rivales más grandes, Verizon y AT&T, en parte al actualizar la red de la compañía para ofrecer mejores servicios y velocidades más rápidas.

Sin embargo, esa promesa sigue siendo solo eso. Excluyendo los cambios contables que aumentaron las ganancias de Sprint, el resultado final de la compañía se ha mantenido estable bajo SoftBank, dijo Craig Moffett, analista de investigación de MoffettNathanson. Sprint no solo se quedó más atrás que sus rivales de mayor tamaño, sino que también perdió terreno ante T-Mobile, un competidor más pequeño.

Los analistas dicen que uno de los mayores problemas para Softbank es que sus enormes inversiones en nuevas compañías han elevado las valoraciones de las empresas jóvenes a niveles que ningún otro inversor está dispuesto a pagar.

WeWork es un excelente ejemplo. En enero, la última vez que SoftBank invirtió en la empresa de espacios de coworking, las dos partes acordaron valorar las acciones en US$ 47.000 millones, por encima de los US$ 20.000 millones que dijeron que valía en 2017.

Otra falla importante con el enfoque de SoftBank, dicen los críticos, es que impone pocas restricciones a los fundadores de las empresas en las que invierte.

Los expertos en gobierno corporativo se horrorizaron cuando se enteraron de algunos de los conflictos de intereses en WeWork que Son y SoftBank toleraron. Por ejemplo, la compañía alquiló espacio en edificios que eran en parte propiedad de Neumann. (Las acciones fueron luego asumidas por un afiliado de WeWork).

Las nuevas empresas elegidas por Son también pueden carecer de disciplina porque prodigaba cientos o miles de millones dólares antes de que incluso descubrieran lo que los clientes realmente querían y cómo obtener ganancias, dijo Bill Aulet, profesor de la Escuela de Management Sloan del MIT. «Los perros hambrientos cazan mejor», sentenció.

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