Tecnología

Silicon Valley no es Darth Vader como tantos creen

Un nuevo libro postula que el verdadero problema es su «monocultura del pensamiento»

"Amo y señor". El estilo de gestión ilustrado con el del villano de Star Wars está lejos de definir las acciones de las compañías tecnológicas, según señala Powell en su libro.
"Amo y señor". El estilo de gestión que identifica a Darth Vader está lejos de definir la estrategia de las compañías tecnológicas, según señala Powell en su libro.

Hace poco, el trabajo de Jessica Powell era defender a Silicon Valley de quienes cuestionaban su cosmovisión. Como directora de Relaciones Públicas en Google dirigía un extenso equipo que buscaba pulir la imagen de la empresa de búsquedas en la red y mantener a raya las críticas contra el coloso tecnológico que domina el mundo y hace de todo.

Hace un año, Powell renunció a Google. Su partida no siguió el guión de Silicon Valley; en vez de empezar a trabajar para un rival del motor de búsquedas o una exitosa empresa emergente, decidió hacer una maestría en creación literaria.

Ahora la editorial digital Medium publicará la novela debut de Powell: The Big Disruption, una alocada sátira ambientada dentro de un gigante tecnológico que se parece mucho a cierta empresa de búsquedas online. (Se trata del primer libro íntegro de Medium; puede leerse gratis en Internet.)

La novela no es un vehemente grito revelador contra Google; Powell aún le guarda una gran estima a la empresa de búsquedas, y señala que para escribir su libro también se inspiró en una terrible experiencia anterior que vivió en Badoo, una empresa emergente europea de citas donde ejerció como directora de Marketing.

El subtítulo de su libro explica cómo debe leerse: Una historia totalmente ficticia pero básicamente verídica de Silicon Valley. A grandes rasgos, Powell sugiere que muchos de sus problemas pueden achacársele a una monocultura obsesionada con la ingeniería y los datos, que no fomenta la participación de personas externas a esa burbuja.

Crítica. Su libro plantea que muchos de los problemas de Silicon Valley son causa de una monocultura obsesionada con los datos, que no fomenta la participación de personas externas a esa burbuja.
Powell. El libro apunta que Silicon Valley tiene una "monocultura" obsesionada con los datos y que no fomenta la participación de personas externas a esa burbuja.

Eso no es nada nuevo. Google y sus rivales han publicado informes anuales de diversidad durante años, pero sus estadísticas globales apenas se han movido. De acuerdo con un análisis de Carta, una empresa que gestiona las acciones de los empleados, a las mujeres les dan sistemáticamente participaciones más pequeñas en las empresas emergentes, y un estudio de la firma de selección de personal Hired halló que también hay una brecha salarial persistente en la industria.

A través de la ficción, Powell reconoce con inteligencia una verdad que muchos en la industria evaden: la falta de diversidad no solo es uno de varios asuntos que Silicon Valley debe solucionar, sino también se trata del problema clave, la fuente de muchas otras aflicciones en la tecnología, desde su celo despiadadamente expansionista hasta las maneras en que sus más brillantes compañías siguen tropezándose con obstáculos que ellas mismas provocaron.

Según el relato de Powell, no tendremos una industria mejor ni más responsable sino hasta que tengamos otra intelectualmente más diversa. «Si hay una jerarquía en la que los ingenieros están en la cima y las personas que interactúan con el mundo exterior están más abajo, entonces en verdad se pierde algo importante cuando esos empleados no tienen voz ni voto igualitarios en la mesa». «Es una monocultura del pensamiento; ese es un verdadero problema», comentó Powell en una entrevista.

Anahata, la «ficción»

Powell comenzó a escribir The Big Disruption en 2012, durante su transición de Badoo a Google, donde ya había trabajado como contratista. Su empresa ficticia, Anahata, es una suerte de amalgama de ambas. Como Google, Anahata tuvo muchísimo éxito como motor de búsqueda, pero ahora ha incursionado en cada aspecto de la tecnología, desde las redes sociales hasta la inteligencia artificial e incluso en Genie, una aplicación que predice el futuro.

Al igual que Larry Page —uno de los fundadores de Google y ahora director ejecutivo de Alphabet, su empresa matriz— el fundador de Anahata, Bobby Bonilla, es dolorosamente torpe. Prefiere sostener reuniones en el baño para caballeros y habla con acertijos grandilocuentes que confunden a sus subordinados.

Además, como en Google y todos los demás gigantes tecnológicos, los ejecutivos y empleados de Anahata se sienten aplastados por la amenaza diaria de la obsolescencia. Una empresa emergente más ágil llamada Galt sigue robándose a los empleados de Anahata y desarrollando nuevas tecnologías antes que ella.

Inspirado en Larry Page, el cofundador de Google, el creador de la empresa ficticia Anahata, Bobby Bonilla, prefiere sostener reuniones en el baño para caballeros y habla con acertijos grandilocuentes que confunden a sus subordinados.

«No estamos trabajando en la prolongación de la vida, y estoy seguro de que Galt ya lo está haciendo», se queja el ingeniero principal de Anahata. (Resulta que una de las empresas asociadas de Google está trabajando en la prolongación de la vida).

En sus esfuerzos para superar a Galt todos en Anahata pierden de vista el mundo exterior. Cada vez se vuelven más imprudentes con su poder, ciegos ante el efecto que puede tener sobre cualquier cosa más allá de la tecnología, e ignoran cualquier voz que les aconseje algún sendero nuevo.

Sin embargo, según Powell, lo hacen más a causa de una estrechez cultural que por la malicia que inspira a otras sátiras de Silicon Valley, como The Circle, de Dave Eggers. «Creo que les adjudicamos demasiadas malas intenciones a las grandes compañías, como si se despertaran todas las mañanas pensando que quieren ser amos y señores al estilo de Darth Vader», señaló Powell. «Creo que es un deseo mucho más básico e impulsado por el ego de ser las más grandes y las mejores».

Describió la dinámica como un constante tira y afloje por un espacio dentro de una industria que solo habla consigo misma. «Se trata en gran medida de ver qué están haciendo tus competidores… ¿tienes inteligencia artificial? Entonces yo también tengo inteligencia artificial. ¿Tienes un dron? Entonces yo también», comentó.

Un cambio cultural.

«Había un elemento que había estado acumulándose durante algún tiempo, un sentimiento de que, en algunos casos, empezaba a adoptar el papel del abogado del diablo», dijo Powell sobre su salida de Google.

Señaló el extremismo progresivo de YouTube, propiedad de Google: la manera en que sus algoritmos de recomendaciones, ajustados para maximizar un modelo de negocios basado en la interacción, pueden arrinconar a los usuarios para que vean contenido cada vez más extremista; podrías comenzar viendo a Donald Trump para después toparte con que el servicio te sugiere un video con vociferaciones de supremacistas blancos.

El debate al respecto —¿cuál es nuestra responsabilidad?— se estaba incrementando y no siempre sentí que actuáramos «con la inmediatez suficiente», comentó. (Google ha señalado que ha destinado recursos para solucionar este problema.)

La autora no tiene ninguna idea fácil ni evidente acerca de cómo abordar el problema de la monocultura en el sector tecnológico. Cree que su libro es una conversación para empezar. Sin embargo, cualquier solución involucrará «un cambio cultural fundamental y ascendente», uno que no vamos a ver de la noche a la mañana.

Trabajar hasta el agotamiento

Google. "No hacía más que trabajar todo el tiempo y hablar de tecnología", recordó la autora.
Google. "No hacía más que trabajar todo el tiempo y hablar de tecnología", recordó la autora.

Más que por cualquier controversia en específico, dijo Powell, la ejecutiva se fue de Google por una razón que resuena con el tema central de su novela: la invariabilidad sombría de la industria.

Todas las mañanas, se subía a un autobús elegante con destino a las oficinas de Google, donde la llenaban de comida y otras ventajas mientras la animaban a no irse jamás, además de trabajar hasta el agotamiento.

«Sentía que había dejado de ser cualquier otra cosa», comentó. «No hacía más que trabajar todo el tiempo y hablar de tecnología». Concluyó que un trabajo que le exigía saltar de crisis en crisis y que no admitiera tiempo ni perspectivas para considerar muchas ideas que estaban afuera de su pequeño mundo no era la mejor manera de aprovechar su tiempo.

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