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Una relación basada en la deshonestidad

Reid Hoffman, además de filósofo, es uno de los fundadores y CEO de la red social LinkedIn. En su último libro, The Alliance, que trata sobre el manejo de talentos, plantea que usualmente la relación entre empleadores y empleados se basa en un diálogo «deshonesto».

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Lealtad. "Dura el mismo tiempo que coincida con sus propios intereses, aunque no tiene por qué terminar con la partida del empleado", dice Hoffman. (Foto: Google Images)

Hoffman propone que las partes dialoguen sobre la base un vínculo honesto, en vez de utilizar lugares comunes y frases políticamente correctas. La actual tendencia es que una persona no mantenga un mismo empleo toda su vida, por lo que «la lealtad con el empleador dura el mismo tiempo que coincida con sus propios intereses, aunque esa lealtad no tiene por qué terminar con la partida del empleado». Al respecto, el autor expone a las partes:

1. La mentira de las empresas

Hoffman plantea en su texto que la mayor falacia entre un empleador y el empleado es: «la relación con el trabajo es como gran familia». Para el autor esta es una versión que les suele convenir más a la empresa que al resto de sus miembros. Por otra parte «es común que las empresas quieran imponer esa visión para trabajar la lealtad, pero no es así», avanza el autor, y remata: «Nadie despediría a su hijo porque trajo malas notas».

2. La mentira de los empleados

Los candidatos también aportan lo suyo en esta relación deshonesta. Es que, generalmente, saben lo que los entrevistadores esperan escuchar. Y les siguen la corriente. «saben que los empleadores buscan lealtad. Saben qué es lo que esperan escuchar. ‘Claro quiero trabajar en esta empresa el resto de mi vida’. Pero algunos reconocen que el progreso profesional a veces viene aparejado con cambiar de empresa, aunque no siempre sucede», dice Hoffman.

La idea central de Hoffman es que las empresas y las personas deberían ver las relaciones laborales como asuntos particulares, que duran un tiempo limitado y permiten a amabas partes alcanzar objetivos específicos y potenciar los intereses de cada uno. «Hasta que las empresas no dejen de hablar con conceptos vinculados a las familias y los empleados dejen de referirse a la lealtad de por vida, la conversación entre ambos no será honesta», dice. (La Nación / GDA)

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