Negocios

Prácticas non sanctas afectan la facturación

En 2013, el Banco Mundial estimó en US$ 1.000 millones por año el pago de sobornos a nivel global. Se estima que estas acciones hace que laslas empresas pierdan un 5% de sus ganancias

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Corrupción, sobornos y malas prácticas en general están a la vuelta de la esquina y son mucho más frecuentes en el ámbito de las empresas. Ésta es la toma de conciencia que más de 650 directivos de 64 países pusieron de manifiesto en una encuesta internacional de KPMG, donde también dijeron que no tienen los recursos para gestionar el riesgo de sobornos y corrupción. En 2013, el Banco Mundial estimó en US$ 1.000 millones por año el pago de sobornos a nivel global.

Todavía sigue vigente el eco del caso Volkswagen, que falseó datos para pasar los controles ambientales en EE.UU. La firma alemana había instalado un software para lograr este objetivo. Una vez conocido el caso, perdió 20.000 millones de euros en un solo día, después de una estrepitosa caída de sus acciones, y además puede llegar a pagar una multa de US$ 18.000 millones.

Sigue también el caso FIFA con graves irregularidades en pagos millonarios. Cuando estallan los escándalos, ya no hay vuelta atrás y los costos son altos, no sólo los económicos, sino los que afectan a la reputación de la compañía.

Se calcula que las empresas, en general, pierden un 5% de sus ganancias por realizar prácticas non sanctas.

«Hubo innumerables casos en la historia de organizaciones que identifican la forma de hacer lo conveniente en el corto plazo en lugar de lo correcto», dice Carlos Rozen, socio y director de Fraudes, Investigaciones y Disputas de BDO. Rozen afirma que el 90% del fraude permanece oculto.

¿Cuándo estar alerta? Según Rozen cuando hay líderes que no cumplen con políticas a pesar de exigírselo; cuando hay áreas en las que hay que cumplir con el presupuesto "sea como sea"; se transmite una cultura relacionada con valorar los bienes materiales en el ambiente laboral y no se tienen en cuenta los valores y principios de las personas; se fijan objetivos poco viables; se permite la aceptación de obsequios por parte de proveedores; las remuneraciones son poco competitivas; hay falta de controles. (La Nación / GDA)

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