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La pesca amateur atrae a más aficionados y se moderniza

A pesar que la importación de productos asociados al rubro decreció un 15,5% en 2014, hay más pescadores, incluso niños y mujeres, que se suman a la práctica e invierten en mejores equipos

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Pescadores. Se tornan más exigentes e invierten en más calidad. (Foto: Ariel Colmenga)

"¡Picó!" Es el grito que muchos ansían expresar tras horas y horas de larga espera y paciencia. Ya sea en solitario, acompañados de la familia o amigos, la pesca en sus múltiples variantes es uno de los deportes más practicados en el país.

Y si bien no hay mediciones oficiales, se estima que un 10% de la población, de una forma u otra, se aboca a esta actividad que con el correr de los años se ha profesionalizado y ha sumado adeptos entre niños y mujeres, aseguró el presidente del Club Pescadores de Montevideo, José Carlos Laffitte.

El Club cuenta con 300 socios y mueve a unas 80 embarcaciones. Pero el número se multiplica si se tienen en cuenta los usuarios no socios que solicitan servicios o concurren a las clases que allí se brindan, dijo Laffitte.

Profesionalización

No solo aumenta la cantidad de adeptos. Diversos actores del mercado aprecian una "profesionalización" en los últimos años, que se refleja en la compra de equipos con mayores prestaciones y mejor material, así como en un aumento de los gastos en mejores carnadas o incluso en motociclos para llegar a puntos de difícil acceso.

Esto lo percibe a diario Juan Salvia, pescador de años y dueño del local especializado Sage. "La renovación de equipos es constante. Quien comienza con uno medio, cuando llega a un lugar donde están otros y ve que con un mejor equipo se tira más lejos, quiere cambiar. Hay plomos más aerodinámicos, cañas más flexibles y resistentes, y esto influye en los resultados", acotó.

Lo que cambian son los materiales. "Las cañas son de grafito para que pesen menos y sean más resistentes, los reels tienen frenos para que no se acumule el nylon, los pasahilos son de teflón, el nylon ya no es nylon sino multifibra para mejorar la resistencia", agregó Salvia.

Sage tiene un crecimiento anual de 10% en unidades vendidas, de la mano del aumento de los servicios asociados, dijo Salvia. "La clave es ofrecer lo que el cliente necesita y no lo que nosotros le queremos vender", explicó.

Como en muchos artículos, los precios varían según las prestaciones. Un equipo estándar, rotativo, para un pescador común, puede llegar a costar $ 7.000. Esto implica una caña de lance de grafito de 390, un reel normal y nylon de calidad media. De todas formas, dependerá del pez y la zona los artículos a utilizar. Por esto los pescadores más avezados optan por tener más de un equipo para cada ocasión, afirmó.

Pero la cifra puede subir si la elección se refina. Un fanático de la perfección puede encontrar en plaza cañas de magnesio y grafito a US$ 800 o US$ 900 que le garantizarán flexibilidad y resistencia con poco peso, tan solo 100 gramos.

En todos los rangos, Salvia destacó marcas como la portuguesa Hiro, la francesa Mitchell o las Daiwa (que vienen de varios puntos del planeta) y las Sumax (Corea, Japón o China). En los reels también hay variedad, incluso hay para zurdos. Pueden llegar a costar US$ 800 pero los de la gama media rondan US$ 150. El fácil acceso a las cañas nuevas hace mella en uno de los servicios que brinda la empresa, la reparación, porque ante una ruptura muchos optan por el recambio.

Lafitte también ve un incremento en gastos de insumos. "El pescador invierte más en carnada y en nafta que en comida, unos $ 500 en cada caso, por viaje", ejemplificó.

Pero no siempre es "tirar y sacar" en este negocio. Álvaro Esquire, al frente de la casa de artículos de pesca Martín Pescador, sostuvo que 2014 fue un año fatal. Sus ventas cayeron 20%, tuvo que cerrar su segundo local —abierto hace tan solo dos años— y pasó de contar con ocho empleados a atender él solo.

Esquire atribuye la menor demanda a las compras que los usuarios hacen en el exterior directamente por Internet. "Mis ventas principales son cañas y reels de US$ 150, que se pueden traer desde afuera. Ahora me mantengo con mis servicios y el mercado de emergencia, como la preparación de reels armados, reparaciones y otros", relató.

Los datos de Uruguay XXI en parte avalan la tendencia. En 2014, la importación de artículos de pesca (carretes de pesca, cañas de pescar, anzuelos incluso montados en sedal) y otros, fue de US$ 1,3 millones, un 15,5% menos que 2013.

El rubro cañas de pescar en particular aumentó la importación en 2014 y llegó a US$ 546.000, un 24% más que 2013, cuando se importaron algo más de US$ 391.000 (el año más bajo). De todas formas, esto solo significa un leve repunte y aún no se llega a mejores cifras como la de 2012 (US$ 627.000). En tanto, la importación de reels bajó un 20%, de US$ 616.000 en 2013 a US$ 490.000 el pasado año y la mayor caída se registró en la categoría residual "los demás" (50,5%).

Mar adentro

La silueta del pescador, oteando el horizonte a la espera de tan ansiado tesoro se multiplica y se vuelve más común a lo largo de la rambla montevideana, en los cientos de kilómetros de costa sobre ríos y el océano o donde haya un curso de agua cerca. Otros, más intrépidos, se adentran río o mar adentro en sus embarcaciones o usando algún servicio de transporte privado.

La tecnología y sofisticación llegó también a las embarcaciones. En el caso de Ruben Gutiérrez, propietario de Turnapes, servicio de pesca de embarque y de excursiones de pesca, lleva invertidos unos US$ 5.000 en equipos (radar, plotter y ecosondas) que le permiten acceder a más lugares sin peligro, detectar cardúmenes o barcos cercanos y, en caso de ser necesario, buscar elementos que caen al agua.

Si bien esta modalidad de pesca estaba mostrando un crecimiento, en el último año Gutiérrez vio mermar su clientela principalmente por la falta de peces en el río: "La misión de la empresa es que la gente pesque y ahora hay menos peces. Entonces salimos menos". El negocio se resintió. Antes tenía dos o tres viajes nocturnos entre semana, y los fines de semana cuatro, dos por día. Hoy por hoy, conforma dos grupos los fines de semana.

Su servicio, que cuesta $ 700 por cinco horas de embarque, tiene espacio para 14 pasajeros y llega a adentrarse 15 millas, "aunque la distancia no garantiza la pesca", aclaró. Entre los servicios, Gutiérrez enseña a pescar, coloca la carnada y hasta prepara el pescado.

Sea para pescar corvina negra en el este, el lenguado que llega hasta Montevideo o la tambera en la entrada del Arroyo Solís Grande, el pescador pone lo mejor de sí y cada vez más una buena suma de dinero en su equipo. En lo que aún hay más recelo es en compartir su técnica y los puntos privilegiados para tirar el anzuelo.

De un pasatiempo a la "pesca con mosca" profesional

Ignacio Silva llegó a este pasatiempo por curiosidad. Hace unos 10 años, en un viaje a Londres, conoció lo que se convirtió en su pasión: la pesca con mosca. "Es un deporte distinto porque implica, por ejemplo, conocer los hábitos del pez, tirarle el ‘engaño’ (señuelo) que le quede enfrente, en la posición correcta y luego pelearlo. Insume mucho conocimiento para crear los engaños como para saber cómo tirar", explicó. Con el correr de los años y una importante inversión se convirtió en un referente internacional de pesca con mosca. "Mi mayor gasto hoy es en libros, porque lo más importante es conocer las recetas de las ‘moscas’", señaló. Su equipo es una caña de gama media que oscila los US$ 300, pero sus libros pueden llegar a cotizarse entre US$ 10 y US$ 800, ilustró. Su actividad principal es la herrería, que no piensa dejar de lado, y la pesca es solo un pasatiempo.

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