CONSUMO

Pensados para los chicos, adorados por los grandes

El éxito comercial alcanzado por varios juguetes icónicos se explica no solo por su popularidad entre los niños; varios también cautivaron a los padres aunque no sin enfrentar controversias.

Barbie. El diseño de la famosa muñeca hacía presagiar su fracaso comercial.
G.I. Joe. El muñeco de acción se volvió popular entre los adultos a fines de la década de los '90.
Ula-ula. El juguete alcanzó un punto de popularidad tan alto que originó una expresión para referirse a las cosas en decadencia.
Entretenimiento hogareño. La primera consola de Nintendo le permitió a la compañía captar un 80% del mercado en 1988.

Comprar regalos para los niños de cara a las fiestas es un proceso peligroso. ¿Una muñeca o un libro de fonética? ¿Un camioncito de bomberos o un robot de madera que enseña a los niños cómo codificar?

Estas son las decisiones que los padres deben tomar a medida que equilibran sus gustos con la felicidad de sus hijos.

Esto también era una realidad hace un siglo. En la Nochebuena de 1911 un artículo del diario The New York Times observó: «El mercado de juguetes de Navidad ofrece un comentario esclarecedor sobre la vida moderna y las condiciones del momento y refleja la actitud de la población adulta en lugar de expresar las ideas en progreso en las mentes infantiles».

Con ese pensamiento, he aquí un vistazo a algunos de los juguetes más queridos por las generaciones pasadas y lo que significaron para padres e hijos.

El camino de Barbie

La Barbie de Mattel fue un icono y un pararrayos tan pronto como se lanzó al mercado. En 1968, Ruth Handler, la creadora de la muñeca, analizó el problema: «El 80% (de la gente) que la vio dijo: ‘El público estadounidense no la comprará. No querrá una muñeca con un cuerpo adolescente, busto y esa figura».

Pero, el poder de permanencia de Barbie hasta hoy demostró que la gente realmente compraría la muñeca, aunque no sin controversias en el camino. En 1974, la hermana menor de Barbie, Skipper, fue retratada alcanzando la pubertad: creció tres cuartos de pulgada, adelgazó y desarrolló «un modesto busto», lo que enfureció a los padres y a la Organización Nacional de Mujeres.

Otras muñecas que generaron objeciones incluyeron a la Barbie puertorriqueña y Share-a-Smile Becky, que estaba en una silla de ruedas. Cuando Christie, una amiga afroamericana de Barbie, fue presentada en 1968, fue criticada por sus insulsas frases pregrabadas.

Mattel esperaba «ampliar la visión de las niñas acerca de lo que es posible» con su «Barbie para presidenta», del año 2000.

Sus críticos incluyeron a Patricia Schroeder, una excongresista de Colorado y excandidata presidencial, que escribió en una columna: «Los retratos de expresidentes nos dicen que ser atractivo definitivamente no es un requisito para ese trabajo. Entonces, ¿por qué deberíamos sentirnos bien con un mensaje que dice que una mujer puede llegar a la Casa Blanca si se parece a Barbie?»

La batalla de Hasbro

El soldado de juguete ha estado a merced de los cambios en el mundo de los adultos, aumentando en fuerza y complejidad durante la militarización nacional, y tropezando cuando la guerra se vuelve demasiado real o impopular. Por caso, hacia el final de la Guerra de Vietnam, algunas tiendas se negaron a almacenar juguetes relacionados con lo bélico.

En 1988, el consejo editorial de The Times advirtió sobre los efectos de saturación que los muñecos G.I. Joe (inspirados en soldados) provocaban en las mentes jóvenes. Sin embargo, su fabricante, Hasbro, no estaba preocupada; de hecho, un representante de la firma le dijo al diario que se estaban registrando ventas «mayoritariamente entre adultos» en 1998.

Más que una moda

El ula-ula sorprendió al mundo en 1958 con su simplicidad y su rutina de giros para mantenerlo en alto. Meses después, el popular aro se había extendido a Londres, París y Tokio, donde el encanto se atenuó cuando fue culpado de lesiones, quemaduras y hasta una muerte.

En 1959, ya era etiquetado como una moda pasajera con la aparición de juguetes como el yo-yo, en 1961. Sin embargo, lejos de serlo, el ula-ula se convirtió en una referencia cultural; se decía que las cosas en decadencia seguían «el camino del ula-ula».

En 1988, el juguete sorprendió a todos, incluso a los fabricantes, con un alza en su popularidad. Como escribió el periodista del New York Times, Richard W. Stevenson: «Tal vez el redescubrimiento del ula-ula por parte de los baby-boomers es una expresión de anhelo por la juventud perdida. Tal vez sea una forma de hacer ejercicio en una era de una mayor conciencia por la salud. Incluso podría ser que, después de años de videojuegos (...), los niños aprecien más los juguetes sencillos».

El Rey Mario Bros

En 1982, los videojuegos hogareños rivalizaban con la rentabilidad del negocio del cine. A fines de los ‘80 lograron un crecimiento estable pero menos drástico. Las PC entraron como competencia, y las muñecas y los osos de peluche se volvieron más inteligentes y habladores.

En 1988, Nintendo, una compañía japonesa de naipes casi centenaria y dueña de adorados personajes como Donkey Kong y los hermanos Mario, lanzó su consola con la que captó el 80% del mercado. Un año después, estrenó el Game Boy para competir con Atari, consolidando así su preferencia entre los consumidores. Al menos por un tiempo porque el público es todo menos invariable.

Dos éxitos de los ‘80

Las muñecas pimpollo. El furor por estas muñecas en 1983 llevó a una demanda feroz, con clientes dispuestos incluso a pagar el doble del precio. Hacia la Navidad de 1984, las muñecas escaseaban, y su lugar de nacimiento (Georgia) se había convertido en un lugar de peregrinación. Sin embargo, las entregas no llegarían a tiempo. La decadencia sobrevino en 1985, cuando el oso Teddy Ruxpin y otros juguetes destronaron a las muñecas, cuyas ventas superaron los US$ 1.000 millones antes de que la locura decayera.

Fenómeno de ventas. La muñeca pimpollo cosechó ventas por más de US$ 1.000 millones durante su breve existencia.
Fenómeno de ventas. La muñeca pimpollo cosechó ventas por más de US$ 1.000 millones durante su breve existencia.

El cubo Rubik. El famoso cubo tenía la intención de ser un regalo práctico para adultos pero fue rápidamente adoptado por los niños, que tenían más paciencia. La primera persona en probar públicamente su destreza con el cubo en EE.UU. fue la actriz húngara Zsa Zsa Gabor, que fue contratada para promover la creación de su compatriota, Erno Rubik, profesor de arquitectura y diseño. Gracias al juguete y con solo 13 años, Patrick Bossert se convirtió en el autor más joven en la lista de best-sellers del New York Times con su libro You Can Do the Cube.

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