Informe

Las peluquerías echan mano a la tecnología y especialización

Las uruguayas concurren con poca asiduidad a los salones de belleza, que apuntan ya no solo a ampliar servicios sino también a seducirlas con diagnósticos más certeros y nuevas vías de contacto.

Especialistas. No solo el corte y la tintura se han tecnificado; el lavado también se convirtió en un trabajo para expertos. (Foto: Agustín Martínez)
Especialistas. No solo el corte y la tintura se han tecnificado; el lavado también se convirtió en un trabajo para expertos. (Foto: Agustín Martínez)
Especialistas. No solo el corte y la tintura se han tecnificado; el lavado también se convirtió en un trabajo para expertos. (Foto: Agustín Martínez)
Especialistas. No solo el corte y la tintura se han tecnificado; el lavado también se convirtió en un trabajo para expertos. (Foto: Agustín Martínez)
Diversificadas. Las peluquerías van más allá de su propuesta tradicional incorporando nuevos servicios. (Foto: Agustín Martínez)
Diversificadas. Las peluquerías van más allá de su propuesta tradicional incorporando nuevos servicios. (Foto: Agustín Martínez)
Diversificadas. Las peluquerías van más allá de su propuesta tradicional incorporando nuevos servicios. (Foto: Agustín Martínez)
Diversificadas. Las peluquerías van más allá de su propuesta tradicional incorporando nuevos servicios. (Foto: Agustín Martínez)
Frecuencia. Las mujeres uruguayas visitan menos la peluquería que antes, dijo Fabián Sciuto. (Foto: Francisco Flores)
Frecuencia. Las mujeres uruguayas visitan menos la peluquería que antes, dijo Fabián Sciuto. (Foto: Francisco Flores)
Volumen. El sector de las peluquerías cuenta con unos 1.800 comercios registrados en la DGI. (Foto: Francisco Flores)
Volumen. El sector de las peluquerías cuenta con unos 1.800 comercios registrados en la DGI. (Foto: Francisco Flores)

En Asunción se pueden encontrar peluquerías de 2.500 metros cuadrados, del tamaño de un hipermercado. En Porto Alegre las hay de dos pisos y duplican su personal los fines de semana, con un staff que incluye hasta 17 maquilladores. Los salones de belleza son un negocio atractivo en los países de la región, pero imágenes de este calibre son impensables en Uruguay.

El sector de peluquerías se enfrenta a una clientela muy diferente a la de Brasil, Paraguay, Perú y Chile. Si bien la oferta va mucho más allá del combo de lavado, corte y brushing, las uruguayas no visitan los salones con asiduidad.

Cuando el volumen de trabajo no es una opción, muchas empresas apuestan a la tecnología para estar a tono con su clientela y optimizar su respuesta a las necesidades de la mujer actual. El repertorio abarca desde dispositivos para mejorar el diagnóstico de cada cabello hasta apps para el celular.

Unas 1.800 empresas están registradas en el giro en todo el país ante la Dirección General Impositiva (DGI). La mayoría son pequeñas y, como pagan un ficto por concepto de impuestos, no están obligadas a informar sus ventas. Pero en ese total, hay unas 250 de mayor escala que declararon ventas por US$ 26 millones en 2013, según los últimos datos de DGI disponibles, procesados a pedido de El Empresario. En otras palabras, cada una de estas peluquerías (tres cuartas partes de ellas localizadas en Montevideo) facturan en promedio unos US$ 104.000 anuales.

Esas ventas promedio han tenido un muy leve crecimiento en términos reales durante los últimos años (2009 a 2013), mientras que sí lo hizo la cantidad de empresas de este tamaño, que antes eran cerca de 200.

Siempre considerando las 250 peluquerías de las que dispone datos la DGI, la utilidad bruta del sector —la diferencia entre ingresos y costos de los bienes de cambios— representa un 57% de las ventas totales y ha sido muy estable en los últimos años. Pero esto no significa que el negocio sea jugar y cobrar.

Afinan la puntería.

Hijo de peluquero y con 32 años de trayectoria, Fabián Sciuto señala que en la década del ‘60 las mujeres «se peinaban dos o tres veces por semana», pero ahora la concurrencia a los salones es baja. «El 50% viene una vez por mes, el 40% una vez por semana y un 10% vienen más allá de un mes. Muchas no van en ocho o 10 meses», estimó el peluquero que tiene un salón en Punta Gorda y otro en Malvín.

Esta baja frecuencia en la concurrencia llevó a que las peluquerías «le busquen la vuelta para hacer rentable el negocio». Buena parte del diferencial lo hacen la tecnología y la especialización del personal.

Marcas internacionales como Kerastase proveyeron de equipos a varias peluquerías uruguayas para mejorar el diagnóstico y así dar con el tratamiento adecuado para cada cabello. Es un servicio que los salones pueden ofrecer sin costo.

«Con esa cámara podemos sacar fotos y aumentarlas 600 veces para ver en una computadora qué afecciones tiene el cabello. Si tenés un poro dilatado por caída del cabello se ve clarito», graficó Sciuto.

Este aliado tecnológico es más que pertinente si se considera que las peluquerías pasaron de trabajar con solo tres tipos de champú por marca a cerca de 40, para atender a cada tipo de pelo.

«El área de lavados se ha tecnificado tanto que pasó a ser una profesión en sí misma. Antes, la chica recién recibida iba a lavar la cabeza porque no sabía hacer nada. Hoy eso lo hace un experto, un ‘piletista’. Tiene que saber reconocer el tipo de cabello», dijo Sciuto.

Patricia Falero, estilista de profesión con más de 20 años de trayectoria, coincide en que «la diversificación en productos y servicios es inmensa, porque la mujer no tiene tiempo para ir de un lado para otro a buscar servicios que la hagan sentirse mejor» explicó.

Su centro de cuidado del cabello, Nivel 1, está ubicado en Carrasco, en la esquina de Cartagena y Rivera. Los servicios abarcan todo el cuerpo, como masajes, tinte y permanente de pestañas, mesoterapia no invasiva. «A partir del mes que viene vamos a contar también con una odontóloga una vez por semana para ofrecer blanqueamiento de dientes. Es que las peluquerías pasamos a ser centros integrales, sin grandes cirujanos ni métodos invasivos», reflexionó.

Pero lo más característico de su oferta es un salón nuevo con huertas propias, inaugurado el año pasado. El objetivo es utilizar la menor cantidad de químicos posible en sus procesos. «Es inviable tener una peluquería sin químicos, pero el consumidor cada vez viene más preguntando qué contiene cada producto».

La estilista estimó que en la actualidad el 65% de sus ingresos proviene de tratamientos. «La clienta no quiere más un lavadito y brushing, quiere experiencias, valor agregado y atención personalizada. Busca un lugar donde alguien cuide su imagen».

Redes y competencia

La forma de aproximarse al público también ha cambiado. «Algunas peluquerías trabajamos con redes sociales, como Instagram y Facebook. Por ahí nos llegan consultas y también agendamos por Whatsapp. En este sentido, la tecnología ha ingresado muchísimo», explicó Sciuto.

Por su parte, Nivel 1 lanzó esta semana una app para celulares, que incluye consejos, información sobre promociones y convenios con otras instituciones, galerías de fotos sobre qué novias pasaron por sus salones y hasta la posibilidad de reservar día y hora para atenderse.

Pero la tecnología e Internet muchas veces juegan una mala pasada. Sciuto señaló que el rubro «está muy ensuciado» por empresas que ofrecen tratamientos de mala calidad y sin autorizaciones del Ministerio de Salud Pública (MSP). Según explicó, esto ocurre mucho con las hidrocauterizaciones hechas con formol (lo que está prohibido a nivel mundial). «Las marcas más fuertes como Wella y L’Oreal nunca ofrecieron hidros», comparó.

Otra dificultad para el negocio es la informalidad y la fuerte competencia. «Instalar una peluquería de tres o cuatro espejos sale US$ 5.000 o US$ 7.000. Se juntan dos chicas: una hace color, otra corta y peina y sacan de ahí su sueldo», dijo Sciuto.

Mientras la cantidad de salones aumenta, la clientela y la coquetería de las uruguayas por ahora no lo hace a igual ritmo.

La rapidez y la extensión horaria también pagan.

Las peluquerías del Centro y Cordón tienen fuerte afluencia de público; buena parte de su negocio se juega en la rapidez del servicio y un horario de atención de 12 horas. Los momentos pico son la primera hora de la mañana y pasadas las 17. «El servicio se tiene que caracterizar por la agilidad, sin perder la calidad. Las clientas son exigentes, muchas son profesionales», explicó Soraya Fernández, propietaria de Soraya Estética Integral, que tiene tres locales. En el de la calle Pablo de María, por ejemplo, atienden a unas 300 por semana. En este segmento hay mucha competencia de precios y se puede pagar unos $ 230 por lavado y brushing.

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