Tendencias

Un nuevo día para los "búhos": el futuro será de los trasnochadores

Levantarse temprano siempre ha sido sinónimo de ambición y dedicación, pero en varios sectores el día laboral y la productividad ya no se ata a las horas del sol.

Al frente. Estudios sugerirían que los "búhos" podrían ser más inteligentes que los madrugadores.
Al frente. Estudios sugerirían que los "búhos" podrían ser más inteligentes que los madrugadores.

He escuchado esto toda la vida: a la sociedad le gusta la gente que madruga. La ama, de hecho. Quienes se levantan temprano tienden a ser más puntuales, sacan mejores calificaciones en la escuela y progresan en la jerarquía corporativa. Estas personas, llamadas alondras, son reconocidas como los triunfadores, los aduladores, los directores ejecutivos.

Pero ¿qué tal si los búhos son en realidad los genios no alabados? ¿Qué tal si somos los innovadores por excelencia y quienes cambian las reglas, los más aptos para la sociedad moderna y posindustrial dominada por los codificadores trasnochados, nómadas digitales, magnates de trabajo independiente y emprendedores de espacios de cowork?

Cuestión de ADN

Supe que era diferente desde que tenía 7 u 8 años. Los esfuerzos de mis padres para que me durmiera a las 19:30 eran infructuosos. Años después, los doctores especialistas en sueño me diagnosticaron síndrome de la fase del sueño retrasada (SFSR), que se refiere a cualquiera que se va a dormir horas más tarde que la hora convencional.

Según Matthew Walker, director del Centro de la Ciencia del Sueño Humano en la Universidad de California, cerca del 40% de la población son personas mañaneras, el 30% son nocturnas y el resto se encuentra en algún punto intermedio.

Tengo un SFSR muy pronunciado. Naturalmente mi cuerpo quiere irse a dormir alrededor de las 2 de la mañana y levantarse cerca de las 10.

Y no es que la sociedad alguna vez haya mostrado mucha flexibilidad hacia mi ciclo del sueño. He tenido un empleo de oficina durante la mayor parte de mi vida adulta, y ahora un matrimonio y dos hijos que tienen menos de 10 años, por lo que me levanto a las 7:30.

Mi hora de la verdad ocurrió este año hace unos meses, cuando leí Why We Sleep, de Matthew Walker, director del Centro de la Ciencia del Sueño Humano, en la Universidad de California, campus Berkeley.

Cuando se obliga a los "búhos" a levantarse temprano, su corteza prefrontal, que controla sofisticados procesos de pensamiento y el razonamiento lógico, permanece inactivo, o en estado de ‘apagado’"

El libro explica en detalle la manera en que todos los humanos seguimos un ritmo circadiano de 24 horas, un reloj interno, que coordina un descenso en la temperatura corporal, por ejemplo, cuando se prepara para dormir, y se eleva de nuevo cuando es momento de despertarse. Lo que las alondras como mi padre nunca han entendido es que no todos tenemos el mismo reloj.

De acuerdo con Walker, cerca del 40% de la población son personas mañaneras, el 30% son nocturnas y el resto se encuentra en algún punto intermedio. «Los búhos no lo son por elección», escribe. «Están atados a un horario retrasado por una inevitable y sólida configuración del ADN. No es un error consciente, sino más bien su destino genético».

Cuando se obliga a los búhos a levantarse temprano, su corteza prefrontal, que controla sofisticados procesos de pensamiento y el razonamiento lógico, «permanece inactivo, o en estado de ‘apagado’», escribe Walker. «Como un motor frío cuando se le arranca temprano en la mañana, le toma mucho tiempo calentarse y llegar a la temperatura adecuada para funcionar».

Eso incluso podría deberse a un propósito evolutivo. Cuando los primeros humanos vivían en pequeñas tribus, los horarios de sueño escalonados brindaban una ventaja para la sobrevivencia: siempre había alguien despierto para estar atento a los leopardos que merodeaban y los rivales con palos, según el libro.

Pero desde entonces todo fue en picada para los búhos, con el advenimiento de la agricultura y más tarde con la Revolución Industrial.

Haz igual que tu jefe

En el mundo corporativo, levantarse temprano siempre ha funcionado como un útil significante de la ambición sin límites, de la voluntad de tener éxito. Robert Iger, de Disney, Howard Schultz, de Starbucks, e Indra Nooyi, la saliente directora ejecutiva de PepsiCo, tienen fama de levantarse entre las 4:00 y 4:30, y son relativamente unos flojos en comparación con Tim Cook, de Apple, quien se dice que salta de la cama a las 3:45.

No sorprende que los «empleados que comenzaban a trabajar desde más temprano fueron calificados por sus supervisores como más dedicados, así que recibieron mejores puntuaciones de desempeño», según un estudio de 2014 de la Escuela de Negocios Foster (Universidad de Washington). Pero ¿y si el ambiente laboral moderno ya no funciona con esa fórmula?

«Nunca he sido madrugador», dijo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, en una entrevista por video de 2016 en la red social. Dice que se levanta cerca de las 8:00.

«Los codificadores más productivos que conozco, así como los escritores y probablemente otros muchos creativos», dijo Tim Ferriss, el autor de trucos para mejorar la productividad e inversionista de tecnología, «tienden a hacer gran parte de su mejor trabajo cuando otros duermen, en momentos que coinciden con menos distracciones bombardeantes».

El tradicional espacio de trabajo de 9:00 a 17:00 está perdiendo popularidad, en especial en Silicon Valley y otros sectores creativos donde el día laboral ya no está ligado a las horas de sol. Además, con los robots y la inteligencia artificial erosionando aun más el viejo sistema al encargarse de las tareas rutinarias, la nueva cultura laboral tiene que ver menos con la puntualidad y más con ser creativos y romper reglas.

¿Fin de las alondras?

En 2009, Satoshi Kanazawa, un provocador psicólogo evolucionista de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, inspiró muchos titulares con un estudio que sugeriría que las personas nocturnas podrían ser más inteligentes que las madrugadoras.

En un estudio de 2014 de la Universidad de Chicago se encontró que los búhos estaban «asociados con una mayor toma de riesgos general» en cuanto a las finanzas, la ética y el tiempo libre. Concedo que esas características pueden conformar a un defraudador tanto como a un innovador, pero después de toda una vida de escuchar cosas negativas sobre nuestro cronotipo, me quedo con lo que puedo.

El EE.UU. corporativo ya se está actualizando. Cerca del 80% de las empresas ofrece ahora alguna forma de horarios laborales flexibles, de acuerdo con una encuesta de 2015 realizada por WorldatWork, una asociación no lucrativa de recursos humanos.

El término «diversidad de cronotipos» está comenzando a ganar fuerza, conforme los administradores de las empresas exploran conceptos como la asincronía energética del equipo: horarios de trabajo escalonados para asegurar que todos los empleados trabajen al pico de su eficiencia. Ya era hora.

Una "tribu de disidentes"

Pueden decir lo que quieran sobre los búhos, pero somos una tribu de disidentes. Nuestro salón de la fama —o infamia— incluye a rebeldes (Keith Richards, Hunter S. Thompson), revolucionarios (Mao Zedong, Iósif Stalin), genios furiosos (James Joyce, Prince) y locos (Charles Manson, Adolf Hitler). Incluso nuestros héroes políticos convencionales (Barack Obama, Winston Churchill) son recordados como genios marginales. La esencia misma de nuestro cronotipo nos hace bichos raros, tendientes a ver la vida a través de una lente distinta. Somos los raros que nos sentimos más vivos merodeando en la oscuridad, seguros en la ilusión de que el mundo nos pertenece al menos durante las pocas y preciosas horas de la noche en las que los demás duermen.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º