TENDENCIAS GLOBALES

Negocios bajo el G-Cero

En un mundo sin líderes absolutos y con nuevos protagonistas, para sobrevivir, las grandes compañías deben aprender economía política

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Bremmer sostiene que quienes invierten en China están en lo cierto, pero la incertidumbre es enorme. Foto: WOBI.

A juicio de este politólogo especializado en riesgo político global, transitamos una época caracterizada por la volatilidad, la competencia y la incertidumbre. Dice que esto se debe, primero, a que EE.UU. desempeña ahora un papel de menor envergadura a escala internacional. «No queremos ser la policía del mundo, ni liderar la globalización, ni gastar mucho dinero en cada rincón del mundo y, por cierto, no queremos enviar tropas a ningún lado», dice Ian Bremmer.

Un segundo factor es que «cada vez resulta más difícil reunir a los aliados de EE.UU.». Como causas de esta dificultad, enumera la crisis de la eurozona, el impulso independentista en Escocia, la escasa popularidad del gobierno francés, y el interés de Alemania puesto en las relaciones con China y otros países. Además, «países no aliados y de los que no cabía esperar un gran papel a nivel mundial, se están volviendo más importantes». China es la segunda economía mundial y pronto será la primera, y la huella de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es cada vez más fuerte.

Ninguno de estos factores se modificará en el corto plazo, y en muchos sentidos se intensificarán, anticipa Bremmer. «Estamos frente a un liderazgo mucho más localizado en el país y su vecindario. En Europa, viene de la mano de los alemanes y está focalizado en la armonización económica y política. En Eurasia está impulsado por Rusia y gira alrededor de la energía y la seguridad. En Medio Oriente hay muchos países que quieren ser líderes, pero con visiones encontradas, y es probable que la situación siga deteriorándose hasta derivar en un conflicto estructural mayor. Y en Asia, los chinos guían su liderazgo económico mediante relaciones comerciales bilaterales con la mayoría de los países clave». Sin embargo, advierte, EE.UU. sigue teniendo las relaciones de seguridad más importantes con la mayoría de esos países.

Las compañías multinacionales «quieren un mundo en el que se pueda invertir, un conjunto de clientes, un modelo, pero necesitarán diferentes modelos de negocios para manejarse en esas regiones cada vez más disímiles», asegura.

Dado que EE.UU. todavía aporta una dosis importante de liderazgo y China es bastante pequeña en comparación con lo que será dentro de cinco o 10 años y hoy no desea liderar el planeta, el G-Cero (ni G-7 ni G-20, sino la ausencia de un liderazgo global) es algo que apenas está comenzando. «Nació con la última crisis financiera, pero todavía no está incidiendo sobre la toma de decisiones de los CEO», explica Bremmer. Y agrega que tal volatilidad exige reorientarse y pasar del ideal de crecimiento a corto plazo, al desarrollo de elasticidad y capacidad de adaptación, especialmente frente a China y los mercados emergentes.

La realidad demuestra que las empresas que invierten en China están en lo cierto en cuanto a que el crecimiento pasa por allí, pero la incertidumbre es enorme. «Los chinos con mucho dinero prefieren ponerlo en otro lado: deberíamos aprender de ellos», sugiere.

Señala que, para ser más flexible, una compañía puede convertirse en un conglomerado y efectuar diferentes tipos de apuestas a través de sus líneas de negocios, o participar en sectores en los que no haya competidores significativos. «A las empresas norteamericanas que invierten en China se les exige cada vez más que actúen al estilo chino y brinden su tecnología. A largo plazo, esto desestabilizará sus modelos de negocios», destaca. «En este mundo caracterizado por la volatilidad geopolítica, los CEO necesitan entender con qué gobiernos están alineados y con cuáles no, y saber que un país puede parecer bueno ahora pero a largo plazo resultar antitético».

Respecto de los riesgos imprevistos, a Bremmer no le gusta hablar de «cisnes negros» sino de «cisnes grises», a los que hay que tratar de entender. «Muchos de los riesgos políticos que mencionamos son cosas que las empresas no contemplan», como por ejemplo el riesgo cibernético proveniente de Rusia. «Escuchamos hablar de los ataques cibernéticos de China, pero los chinos están focalizados en la estabilidad y la capacidad de hacer negocios en un entorno económico global que les resulte amigable. En cambio, con los rusos, los ataques cibernéticos son más estratégicos y buscan respaldar a su gobierno y no a las empresas». Cita el caso de los ataques masivos contra JP Morgan y otros bancos, que según se dice están conectados con el gobierno ruso.

Si bien se declara «existencialmente optimista» en función de que existen «increíbles oportunidades», Bremmer advierte sobre un riesgo que podría resultar catastrófico: el enorme poder en manos del presidente Putin, quien se siente agraviado por EE.UU. de manera personal. Otro riesgo que observa es la previsible implosión de Corea del Norte, un régimen totalitario al que le cuesta cada vez más controlar la información. Pero «lo más importante es qué tipo de repliegue veremos en China de las élites que tienen mucho para perder, si el programa de transformación económica del presidente Xi Jinping avanza de acuerdo con lo planeado».

Cree que, en el mediano plazo, las relaciones entre China y EE.UU. empeorarán. Dice que el gobierno chino siente que las multinacionales occidentales se están aprovechando del país al no dejar allí sus ganancias. «Cuando uno habla en privado con los CEO de las multinacionales occidentales, se muestran muy preocupados porque el clima de inversión es cada vez más desafiante».

Ian Bremmer

Es uno de los más cotizados economistas políticos y un filoso analista de los riesgos y oportunidades asociados al cambiante panorama geopolítico. En 1998 lanzó Eurasia Group, que brinda expertise en el tema de la incidencia de los desarrollos políticos y las dinámicas de la seguridad nacional sobre los mercados y ambientes de inversión en el mundo, y es hoy la organización líder en su tipo. Su último libro, Every Nation for Itself, evalúa el impacto del nuevo panorama político sobre la economía global. (WOBI)

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