FRANCISCO GONZÁLEZ - FUNDADOR DE MONTECUIR

"Necesito la aventura de emprender"

Tiene 80 años, es ingeniero agrimensor, creció entre los cueros de la curtiembre de su tío abuelo y en 1973, por «necesidad de crear algo propio», fundó su propia empresa dedicada al calzado.

González. "Aún apostamos al cuero para brindar una mano de obra en Uruguay". (Foto: Francisco Flores)

Con el tiempo, su vocación de emprendedor y el mal momento que atravesaba el cuero, lo llevaron a ampliar su negocio a muebles y luego al sector de pintura automotriz. Entiende que el cuero subsiste «gracias a nuevos diseñadores y artesanos», pero que mantiene el negocio para «dar mano de obra». Considera que el gobierno «actúa a mansalva» con el empresario local y reclama protección para la industria nacional. Está casado, tiene dos hijos y cuatro nietos. Sus hobbies son caminar frente al mar e ir a trabajar.

Es ingeniero agrimensor pero abrió su empresa en 1973 en el rubro calzado, ¿por qué?

Siempre fui un gran amante de los cueros, algo que viene desde muy chico porque vivía en la calle Belloni frente a una curtiembre muy importante de aquella época, Ramponi S.A., fundada por mi tío abuelo y padrino. Ahí trabajaba mi padre y fue mi primer trabajo. Comencé muy de abajo mientras estudiaba, ordenando archivos. Luego fui ascendiendo, fui despachante de aduana de la empresa y terminé siendo casi el «apoderado», iba a los bancos, etcétera. Fue una experiencia muy interesante porque era la empresa número uno en cueros de la época, hasta que en 1973, por inquietudes propias de hacer algo, decidí crear mi propia empresa. Yo disfruto de hacer negocios, me gusta lo que hago, crear cosas nuevas; la aventura de emprender la necesito siempre. Entonces comencé con cuero, vendiendo suelas para calzado.

Para abastecernos, años más tarde junto a cinco socios creamos una pequeña curtiembre denominada Corium (cuero en Latín).

¿Cómo fue evolucionando la empresa hasta la firma multirubro que es hoy?

Los inicios fueron difíciles, yo trabajaba en mi profesión, que era lo que me mantenía mientras la empresa crecía. En esa época había una demanda muy grande de suelas de zapatos (crupón) y yo salí a vender, junto con mi concuñado, a la calle con un auto en los talleres de composturas. Luego los propios clientes comenzaron a pedirme más productos, suelas de gomas, cementos y así fui creando un pequeño almacén ambulante en el auto. Con mi señora le pusimos a la empresa Montecuir, «Monte» por Montevideo y «cuir» que significa cueros en francés. El primer local fue en el garaje de la casa de mi padre y para atraer clientes compramos una máquina para coser zapatos muy costosa, como un servicio. Luego, en 1990 compramos un local más grande sobre Camino Maldonado porque logramos la representación de marcas internacionales, hasta que en 2003, luego de sumar más rubros, nos mudamos a 8 de Octubre, donde hemos ido adquiriendo terrenos linderos a medida que nos expandimos. Ya tenemos cerca de 4.000 metros cuadrados.

¿Qué sucedió con la curtiembre?

Me separé de la curtiembre y comencé a comprar cueros en otras, como Paycueros, que con el tiempo y la buena relación me ofrecieron la representación de la marca en Uruguay, algo que mantengo hasta hoy. También en 1979 fundé Radancal, una planta en la que comprábamos cueros semi terminados y lo terminábamos. Clausuramos la parte húmeda y mantenemos pintura y lustre.

Un 55% de los ingresos provienen del rubro herrajes

El rubro cueros fue importante pero perdió peso frente a otros materiales, ¿cómo se comporta hoy esa área en su negocio?

En el mundo, el cuero ha sufrido una caída muy importante en precio. En Uruguay casi no hay demanda, pero seguimos apostando a ello porque queremos dar mano de obra en el país. Hoy el cuero subsiste gracias a muchos artesanos y a que está surgiendo un movimiento muy interesante de nuevos diseñadores que lanzan sus marcas de calzado de cuero y logran mucho éxito, y otros que están haciendo carteras, cinturones, materas, etcétera. También he exportado algo. En 2017 logramos vender cuatro o cinco veces cuero de tapicería a Canadá, pero es muy difícil exportar. Ahora estamos esperando retomar ese mercado. También vienen muchos turistas a comprar cueros.

A fines de la década del ‘90 reformuló su negocio y anexó otros rubros. ¿Cómo se dio esa transición?

Cuando comencé con Montecuir trabajábamos con marroquinería, taller de compostura, etcétera. Pero por la fuerte caída del cuero ampliamos los rubros para tener una facturación mínima para subsistir. Con un empleado, Leonardo, comenzamos por ejemplo a vender clavos, y luego sumamos cemento, cola vinílica, y los clientes nos fueron llevando a contactar firmas del extranjero para importar y tener representación de marcas como Häfele, empresa líder en Alemania de herrajes para muebles y obras. Entonces comenzamos a apostar al rubro herrajes, crecimos, comenzamos a abastecer a carpinteros, arquitectos e ingenieros de obra (en Montevideo y Punta del Este) y a particulares. Hace unos cuatro años, además, sumamos otro rubro, el de pinturas para autos. En la empresa trabajan unas 65 personas y ofrece una amplia gama de cueros para calzado, cinturones, carteras, artesanos, lonja para tamboriles: materiales para muebles, sobre todo herrajes —menos la madera—, y para los pintores de autos desde pintura hasta selladores, masilla, nylon, thinner, abrasivos, lijas, etcétera.

¿Por qué incursionó en el rubro automotriz?

Porque la oferta automotriz es cada vez mayor y podrá llegar cualquier crisis, pero es difícil que el uruguayo que tiene auto deje de tenerlo. Entonces, decidimos que había un nicho en el sector de pintores de autos. Firmamos contrato con dos empresas de San Pablo que producen pinturas y comenzamos a importar.

¿Cómo se comporta cada rubro en cuanto a ingresos?

El rubro herrajes es el principal, con casi un 55% del total de la facturación, otro 35% se lo lleva cueros, y el otro 10% es reparación y acabado de carrocerías de autos, pero como es el más nuevo tiene mucho potencial para crecer. Por ejemplo, no hemos atacado fuertemente el Interior.

Desde la crisis de 2001 hemos crecido en forma moderada en los últimos años, incluso ha bajado hasta transformarse en una meseta en 2017.

¿Qué afectó el negocio?

El impacto más grande fue en el cuero, afectó mucho el negocio hace un par de años. Por ejemplo, los hombres cambian poco sus zapatos, mientras que las mujeres compran uno hoy y a la semana o mes otro, entonces no apuestan mucho por la calidad sino por la moda. No les molesta comprar uno barato, de plástico, que venga de China. Y el plástico impactó en muchos rubros también, en carteras, tapicerías de muebles, etcétera. Otro problema con el calzado de cuero es que acá no se defiende la industria, entran zapatos del extranjero a cualquier precio, no hay un valor de referencia. Ahora tenemos esa leve recuperación por los jóvenes diseñadores que están innovando.

Comenzó con productos locales y ahora se apoya en la importación, ¿cómo es la ecuación y con cuántos países negocia?

Hoy tenemos más de 10.000 productos en la empresa en las tres áreas de negocio, de los cuales cerca de un 80% son importados. Tenemos negocios con Taiwán, China, Alemania, Suiza, Italia, España, México (estamos importando cuero de cerdo), Brasil y Argentina.

¿Cuáles son sus principales clientes?

Apuntamos tanto al cliente final como a arquitectos, artesanos, emprendedores y empresas constructoras. En cuanto a ventas un 60% responde a mayoristas y 40% al consumidor final. Nuestros principales clientes hoy en día son las grandes barracas. En calzado también tenemos grandes clientes. Por ejemplo, trabajamos muy bien con el Ministerio del Interior mediante licitaciones. Hace poco ganamos una para proporcionar el cuero para el calzado del ejército con el servicio de inteligencia militar. Ellos tienen la capacidad para fabricar calzado y de buena calidad, para la Policía, aviación, etcétera. También hemos incursionado en la venta de zapatos de seguridad. Es más como un complemento de la empresa que un negocio en sí mismo, pero los tenemos que importar porque en este momento nadie fabrica acá.

¿Cómo evalúa las políticas del gobierno para el empresario local?

Yo creo que se actúa a mansalva contra el empresario, siempre se carga a la industria. Tampoco es que, por ejemplo, con el tema del cuero tengan que trancar la importación de zapatos de China, pero sí que pongan alguna traba arancelaria, algún precio de referencia, limiten algo, hay que defender al empresario local. Además, los impuestos son muy altos y si bien otros países tienen el mismo nivel de impuestos, te lo devuelven en servicios.

¿Prevé seguir sumando nuevos rubros a la empresa?

No, así estamos bien pero siempre vienen clientes a proponernos otros nuevos. Es más, hace unos ocho años compramos un pequeño campo en Florida donde criábamos ganado Hereford, pero dejamos atrás la producción y lo arrendamos.

"Vengo contento a trabajar, es más como un hobbie"

Tiene 80 años y sus hijos están en la empresa, ¿no ha pensado en retirarse y disfrutar del tiempo libre?
Cuando me levanto de mañana y comienzo a despertarme, veo que tengo contracturas, dolores en los brazos y otras partes del cuerpo, pero siempre todo eso resulta secundario porque al final puedo venir a trabajar. A mí me gusta mucho esto porque no es solo vender, sino que se trata de solucionar problemas a los clientes. Por eso yo vengo contento, lo hago a gusto, es más como un hobbie. Es más, en este momento, si yo decidiera liquidar el negocio e invertir lo que obtenga por la venta en el ámbito financiero estoy seguro de que ganaría 10 veces más y no tendría los dolores de cabeza de llevar adelante una empresa, pero no lo hago porque esto (trabajar) es lo que me gusta hacer.
Claro, a mi edad tal vez lo que haga es acortar el horario y no entrar a las 8:00 y estar hasta las 19:00 como solía hacer antes. Y, con respecto a mis hijos, me gusta la idea de que sigan la empresa y, por supuesto, si mis nietos quieren hacerlo, también.

Claro, a mi edad tal vez lo que haga es acortar el horario y no entrar a las 8:00 y estar hasta las 19:00 como solía hacer antes. Y, con respecto a mis hijos, me gusta la idea de que sigan la empresa y, por supuesto, si mis nietos quieren hacerlo, también.

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