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Con límites, Cuba se abre al capital

Empresas de EE.UU. evalúan invertir en la isla; las que llegan enfrentan trabas burocráticas y políticas.

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Transición. Los cubanos se preparan para recibir más inversiones de EE.UU. Foto: AFP.

Convencidos de que el país necesita capital, los líderes cubanos le están dando la bienvenida a los negocios bajo una ley de inversión extranjera aprobada hace un año, pero quieren un estricto control sobre el ritmo del cambio.

El interés de las empresas de EE.UU. en Cuba se ha disparado desde diciembre, cuando los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, dijeron que trabajarían por restablecer las relaciones diplomáticas tras décadas de hostilidad.

«En la mañana de 17 de diciembre, Cuba era todavía una palabra que se escuchaba en voz baja en los círculos de negocios de EE.UU. Por la tarde, la mitad de las empresas estadounidenses estaban hablando de formar un equipo para Cuba», dijo Mark Entwistle, socio del banco mercantil Acasta Capital que asesora a empresas interesadas en invertir en Cuba.

Entre los estadounidenses que han visitado recientemente a Cuba figuran ejecutivos de JetBlue Airways, Pfizer y MasterCard.

La mayoría de las firmas estadounidenses siguen bloqueadas debido a los 53 años de embargo comercial aplicado a La Habana.

Obama ha flexibilizado algunas de las medidas a las importaciones, viajes y telecomunicaciones, lo que ha permitido negocios pequeños como que Netflix ofrezca películas en Cuba y Airbnb ponga ofertas de alquiler de residencias en la isla.

Si Obama puede convencer al Congreso controlado por los republicanos de terminar con el embargo, las compañías estadounidenses tendrían libertad para hacer negocios en Cuba, a pesar de que todavía se enfrentan a la burocracia, un sistema judicial impredecible y un mercado laboral fuertemente controlado.

Muchas firmas extranjeras han prosperado en los últimos años. Entre las empresas exitosas aparecen la constructora francesa Bouygues; Nestlé tiene un negocio de agua embotellada y refrescos; los hoteles españoles Meliá, Iberostar y NH se han establecido en la isla y Anheuser-Busch InBev elabora cerveza para los cubanos.

Tal vez ninguna ha invertido tanto en Cuba como la canadiense Sherritt International, que tiene negocios desde 1992 y ha generado el 73% de sus ingresos de 1.136 millones de dólares canadienses en 2014 de negocios con la isla.

Sherritt extrae níquel en Cuba y refina en Canadá como parte de una sociedad 50-50 con el gobierno cubano. Y produce 20.000 barriles diarios de petróleo que vende a Cuba y, además, tiene un tercio de participación en una empresa mixta de electricidad.

Otras empresas han fracasado estrepitosamente y se han visto obligadas a dejar la isla o sus ejecutivos han terminado en la cárcel y con sus bienes confiscados por acusaciones de sobornos menores. Y al menos un multimillonario inmobiliario no volvió impresionado de Cuba. «No encontré que hubiesen muchas grandes oportunidades. Fue como retroceder al pasado», dijo Stephen Ross, presidente de The Related Companies.

Los que han tenido éxito tienen un consejo simple: ser flexibles y escuchar a los funcionarios cubanos; ellos le dirán exactamente lo que quieren. «Hay extranjeros que vienen aquí con una mentalidad de superioridad. ‘Vamos a enseñarle a los cubanos’. En general, esos son los que fracasan», dijo Alexandre Carpenter, copresidente del fabricante de cigarrillos Brascuba.

No hay escape a la planificación del Estado. Las empresas extranjeras en negocios conjuntos deben pedir las materias primas con un año de antelación y la propiedad se arrienda al Estado; no se vende.

Pese a las limitaciones, el gobierno rara vez trata de imponer su ideología marxista a los extranjeros. «Al revés. Hay una exigencia que la empresa crezca y genere más utilidades», dijo Carpenter.

Aún el panorama empresarial en la isla sigue siendo magro, con sólo unos 100 proyectos de inversión directa y una cifra similar de negocios en los que los extranjeros gestionan una empresa cubana sin participación accionaria.

Mientras las empresas estadounidenses esperan una normalización de las relaciones y reformas económicas que mejoren el clima en la inversión, el cambio será gradual. 

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