Negocios

El liderazgo femenino de Los Grobo

Andrea Grobocopatel inspira con consejos para el crecimiento de la mujer en el ámbito laboral y también para hacer perdurar empresas familiares.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mentora. Se unió a la ING Vital Voices en 2009, con caminatas en Argentinas. (Foto: Sofía Orellano)

"Cuando hay diversidad en las organizaciones, las decisiones contemplan distintos puntos de interés y van a ser de más largo plazo", asegura Andrea Grobocopatel. Se refiere a la mirada de ambos géneros en el timón de las compañías.

Está comprometida con la causa y se le nota. Es directora y vicepresidenta de Los Grobo, que empezó como una pyme y hoy es de las empresas con más peso en Argentina, presente en Uruguay con Agronegocios del Plata. La cara más visible del éxito suele ser la de su hermano, Gustavo, pero el mérito es compartido.

"En el día a día del trabajo hay cosas que no se repiensan. Uno no se da cuenta de que las mujeres no ascienden igual que los hombres. Cuando me preguntan cómo lo viví, les digo que no me di cuenta. Lo viví corriendo, trabajando en la empresa y corriendo a estar con mis hijos. No me di cuenta de que había un problema, lo conceptualicé después", se confiesa.

Grobocopatel sostiene que la mujer en ocasiones no sabe defender sus fortalezas. "No sabemos explicar qué habilidades tenemos. En las empresas se encuentra también (el prejuicio de) que ‘las mujeres no, porque se embarazan’. Pero las mujeres que nos embarazamos tenemos un montón de habilidades que las demás no, empezando por las formas de comunicar y de planificar, porque cuando una organiza las tareas de los chicos está planificando", resalta.

Estas preocupaciones la llevaron en 2009 a unirse a la red global Vital Voices. Así comenzó a mentorear a jóvenes en Argentina cuyo "principal tema era si desarrollar su carrera corporativa, si tener una familia". Ella se encarga de mostrarles con sus cuatro hijos y su trayectoria empresarial que esos caminos no son excluyentes.

La fundación, que busca promover el empoderamiento femenino, fue creada hace casi 20 años por la ex Primera Dama de EE.UU. Hillary Clinton. En la actualidad, organiza 75 caminatas de mentoreo a nivel mundial, seis en América del Sur. El viernes fue la primera en Uruguay, con apoyo del programa Más Emprendedoras (de Endeavor y BID-Fomin) y la Organización de Mujeres Empresarias del Uruguay. Grobocopatel viajó especialmente para dar cierre a la actividad.

Además de las caminatas, en Argentina existe un programa de shadowing, por el que una mentora y una mentoreada comparten casi una semana. "Ven cómo trabajo y eso las ayuda mucho. Lo hacemos en Buenos Aires, pero me llevo a las chicas a Carlos Casares —su pueblo natal—. Si tengo un cumpleaños una amiga, las llevo. No es lo mismo lo que se puede contar en una horita que compartir una semana", explica.

Grobocopatel señaló que las mujeres no son "ni el 10% de los CEO ni el 10% del directorio" de las empresas, pero que el liderazgo femenino tiene otra forma de invertir muy valiosa en tiempos de incertidumbre, porque apuesta más a lo social, a la educación.

Pasar la posta a tiempo.

Las empresas familiares es otro tema que la apasiona. Sus principales consejos son estructurar la comunicación y planificar sucesiones tempranas de los líderes.

"Hay que ir desarrollando determinadas estructuras para que la empresa sea sustentable. Siempre recomiendo habilidades comunicativas y en las reuniones saber cuándo estoy hablando como ejecutiva, como directora o como accionista. Hay que estructurar las comunicaciones y las reuniones", enfatiza la empresaria.

"Un segundo punto es preparar sucesiones tempranas. Es fundamental, porque al preparar una sucesión no se está perdiendo poder, se está teniendo la libertad de reinventarse y elegir otra cosa para hacer", agrega Grobocopatel, quien hizo la suya en 2004, al dejar la gerencia financiero administrativa con 40 años de edad.

Además, destacó la importancia de compartir qué se está haciendo, poniendo al tanto a los dueños actuales y a los futuros, aunque no trabajen en la empresa. "Porque cuando las cosas van bien estamos todos bárbaros, pero cuando van mal nos van a echar la culpa. Entonces, mejor una o dos veces al año llamarlos para explicarles y que nos apoyen", advierte.

Y las preguntas también tienen un fuerte valor para Grobocopatel: "No dejen de preguntar. Es la única forma de entender el punto de vista del otro, pero también de repensar lo que uno va haciendo".

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