INFORME

La lencería de autor uruguaya seduce con modelos a medida

Las marcas de ropa interior locales se abren paso en el mercado con productos que apuestan a lo exclusivo; la competitividad en precios y costos de promoción constituye su principal barrera.

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Confección. A partir de materiales importados, las prendas de diseño de autor se crean y fabrican en Uruguay. (Gentileza Srta. Peel)

La ropa interior dejó de ser algo accesorio para transformarse en una pieza fundamental del guardarropa. Mientras tiempo atrás se utilizaba el corpiño por la mera función de sostén ahora se trata de un elemento clave del estilo personal al momento de vestir, que supo reemplazar hasta remeras o tops.

A nivel mundial, la lencería es una industria en alza que mueve más de US$ 13.000 millones y que crecerá en un 17% para el 2020, según la compañía inglesa de análisis de mercados, Tecnavio. Este hecho no pasa inadvertido por los diseñadores que escogen este rubro para desarrollar un negocio.

Su crecimiento también se refleja a nivel local, donde proliferan las marcas de lencería de autor con diseño y confección uruguaya.

Además del contexto favorable, las principales causas que impulsan la tendencia es la baja inversión que requiere, el desarrollo de las redes sociales como canal de venta y el reciente empuje de los consumidores por las marcas nacionales en esta categoría.

Si bien en el rubro aún predominan las tiendas masivas, el diseño de autor gana cada vez más adeptos. «El mercado local se empezó a abrir y surgió una nueva conciencia en el uruguayo. No eran productos caros. La gente entendió que eran de buena calidad y que salían casi lo mismo que en otras tiendas», afirmó Majo Rey, dueña de la marca homónima instalada en Pocitos y que está hace 12 años en el mercado.

Rey estableció el momento de quiebre entre 2011 y 2012, cuando su negocio se incrementó como consecuencia de lo que Rey atribuye a una «apertura de mente» de los consumidores. Esta época fue muy favorable también para la marca pionera en el rubro, Srta. Peel. Surgió en la crisis del 2002 y se instaló en las galerías del centro. En 2011 se mudó a un local propio en Punta Carretas, el cual le permitió desarrollarse y ganar visibilidad.

Microtul, encaje, puntilla, lycra con filtro UV y algodón orgánico son algunas de las telas escogidas para producir este tipo de prendas. La poca oferta en el mercado local, hace que sea casi imposible recurrir a materiales uruguayos y los diseñadores optan por países de la región —en especial Brasil y Argentina— para importar las telas. La fabricación de las piezas sí se hace en Uruguay, lo que permite hacer diseños y talles a medida del consumidor.

En diciembre, el mes de mayor actividad comercial para el rubro, las marcas obtienen una venta de unas 100 prendas (las más pequeñas) hasta 2.000 (las más grandes y consolidadas). Con un costo promedio de un conjunto a $ 1.200, la lencería de autor uruguaya se coloca en un nivel medio-alto en comparación a las grandes cadenas, pero inferior a marcas reconocidas como por ejemplo la argentina Caro Cuore. Este factor lleva a que se asiente como un negocio de «nicho» dominado por un público ABC1 que valora lo auténtico y que exige calidad, coinciden los diseñadores locales.

La connotación de exclusivo «vende», asegura la directora de La Madeleine Lencería, Victoria Alvarez, tienda que funciona en Pocitos desde 2015. En esa línea, la directora de Srta. Peel, Loreley Turielle acotó que «a todo el mundo le gusta tener algo preciado, algo que le costó. Y eso tiene que ver con el precio».

Ellos también se animan

En una industria liderada por las mujeres, los hombres también reclaman variedad y diferenciación. El diseñador gráfico Flavio Giusti creó en 2009 Molto Giusti, una marca de ropa interior y trajes de baño masculinos. Su búsqueda, sin éxito, de una sunga le permitió identificar que era un rubro que no estaba explotado. Hizo primero una colección de 35 mallas y las vendió rápidamente en un local de La Barra de Punta del Este. En la actualidad, vende a un costo estimado de $ 1.700 en dos tiendas en Montevideo y al doble en dos locales en el balneario esteño.

Giusti reconoció que de forma paulatina los hombres se interesan por su estilo y que influye mucho el comportamiento de los jugadores de fútbol. «Cristiano Ronaldo aparece con una sunga o con determinada pieza y las personas quieren ponérsela. Los deportistas son agentes de cambio», subrayó.

La decisión de emprender por no hallar lo deseado en el mercado es un factor que se repite. «No encontraba ropa interior que me gustara en ningún lado. Eso me llevó a meterme en este rubro. No me gustaban los materiales, copas preformadas todo el tiempo, puntillas. Era un tema de practicidad y de gusto estético», contó Rey.

En ese momento, incursionaba haciendo chaquetas, pero se le dificultaba su confección y traslado. No tenía capital para invertir, así que probó diseñar ropa interior a partir de unos sobrantes de tela que le regalaron, recordó.

Las personas buscan cada vez más prendas naturales que se acoplen a la silueta, de las que no hay en las tiendas masivas, donde se venden talles determinados. Es muy importante que las prendas calcen a la perfección en el cuerpo de cada persona y rechazan los corpiños muy armados que quitan naturalidad, explicó Alvarez.

Pese a que es un rubro en expansión, el mercado todavía tiene mucho por crecer. «Yo me concentro mucho en lo mío. Siempre hay competencia, pero eso te sirve, te impulsa a mejorar. No creo que esté saturado», afirmó Turielle. Rey añadió que la competencia «hizo fuerte a los (jugadores) más viejos».

Ante marcas masivas y consolidadas en el mercado no siempre es fácil para los diseñadores hacerse un lugar. Alvarez encontró en su estilo «romántico» y «natural», su diferencial.

El alquiler es un corsé

Una de los aspectos que atrae a los diseñadores es la poca inversión que requiere la confección de las prendas. Se pueden hacer colecciones a bajo costo con materiales económicos. Giusti hizo su primera producción, de unas 30 piezas, con $12.000. «En general no es algo para lo que tengas que pedir un préstamo. Para comenzar algo chico no es un impedimento no tener plata», acotó.

Majo Rey concordó con este punto y añadió que lo más caro es hacer una campaña de imagen. Sin embargo, por elevado que sea, es esencial para el desarrollo del negocio. «Se te va el doble la primera vez. Porque si no lo hacés bien al principio, luego todo te queda mal. La imagen de tu marca es muy importante», sostuvo. Acentuó que el costo de producir la prenda es muy bajo, pero «el resto es muy pesado».

En su producción, la mano de obra y los avíos (elásticos, aros, cintas) son las variables que más inciden en el precio. «Parece absurdo, pero mis piezas tienen mucho detalle y llevan mucho elástico. La tela es lo más económico», detalló. En cambio, el ensamblaje de la prenda y la exactitud requerida hace que el precio se eleve.

El costo del alquiler también influye. Por eso y por la masividad de Facebook e Instagram, varias de estas marcas comienzan a vender a través de las redes sociales hasta consolidarse como para abrir un local.

«Al ser un producto chico necesitas volumen de ventas sino el alquiler no es rentable. Si el alquiler de al lado mío vende remeras por mil pesos, yo voy a tener que vender mucho más, para llegar a esa plata», retrató Turielle.

En este escenario, las redes sociales democratizan el sector y permiten a las marcas emergentes hacerse un lugar en un rubro que luce prometedor.

Consumidores con valores exigentes, dispuestos a pagar más

En general, las personas que consumen este tipo de prendas son responsables con el medio ambiente y se preocupan por su producción. Quieren saber la composición de las telas y cómo se producen, a diferencia de si lo compran en tiendas masivas, aseguró el dueño de Molto Giusti, Flavio Giusti. En ese caso «les importa si es lindo y barato», aseguró. Incluso, en reiteradas ocasiones el público le ha pedido fotos del taller donde se elaboran las prendas para comprobar que no se usen prácticas de explotación laboral. «El consumidor se fija en el tono de comunicación de la marca: que no sea machista, sexista, homofóbica o violenta. Es un trabajo grande porque hay que complacer a mucha gente», afirmó.

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