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Lecciones del padre de la economía circular

Cuando el arquitecto y diseñador William McDonough comenzó a hablar de este enfoque la gente lo acusaba de "comunista" porque no creía en las propiedades, pero ahora "todos creen que es normal"

McDonough. Vivió su niñez viendo los contrastes en Oriente y en Occidente. Foto: Archivo El País.
McDonough. Vivió su niñez viendo los contrastes en Oriente y en Occidente. Foto: Archivo.

Sentado en una oficina en Providencia (Chile), el arquitecto y diseñador William McDonough toma un lápiz y dice: «Tiene plástico, acero. Pero cuando se acabe la tinta se tiene que transformar en otra cosa».

Considerado un rockstar del movimiento ambiental, entre otros premios y reconocimientos McDonough recibió en 1996 el premio presidencial por el Desarrollo Sustentable de manos de Bill Clinton y tres años después la revista Time lo nombró «Héroe del planeta». Y desde que en 2002 publicó —junto al químico alemán Michael Braungart— el libro Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things, McDonough se convirtió en el padre de la llamada «economía circular», que promueve la reutilización de las cosas y su fabricación pensando en un segundo uso de los materiales.

A sus 67 años, McDonough visitó Chile por primera vez. «Nos malacostumbramos a que uno extraía, producía, usaba y desechaba. Ese tiempo se acabó, ahora tenemos que aprender a reutilizar, a recircular los recursos naturales", dijo el presidente chileno Sebastián Piñera antes de dirigirse a McDonough. «William, muchas gracias, porque estamos comprometidos con lo que usted llama economía circular, y vamos a sacar el mayor provecho a su sabiduría y conocimiento».

Dos mundos

Una de las cosas que marcaron la infancia de McDonough fueron las canciones que su mamá cantaba para dormir. Él nació en 1951, en Japón, y recuerda que se despertaba a mitad de la noche cuando iban a recolectar los desechos acumulados en la letrina de su casa. Para dormirlos otra vez, su mamá cantaba canciones americanas folk con palabras relacionadas con los desechos.

"Probablemente, comencé a pensar en la economía circular en el colegio", cuenta McDonough.

McDonough. Vivió su niñez viendo los contrastes en Oriente y en Occidente. Foto: Archivo El País.
William McDonough

Su padre trabajaba en exportaciones para una compañía canadiense y, más tarde, se fueron a Hong Kong, donde vivió hasta adolescente. Los veranos, cuenta, los pasaba en Washington, donde vio las diferencias entre Oriente y Occidente. «Vivíamos en Hong Kong, una isla desierta, con agua cada cuatro días, solo por cuatro horas, durante la temporada seca. Un mundo de límites, pero compartíamos el agua. Mis veranos, en cambio, eran en un mundo de abundancia, con agua en todos lados. El resto del año vivíamos en un lugar con refugiados, pero todos se preocupaban del resto», recuerda.

Luego, la familia partió a Montreal, Canadá, donde vivieron tres años antes de aterrizar en forma definitiva en EE.UU. «Probablemente, comencé a pensar en la economía circular en el colegio», cuenta McDonough, antes de recordar una noche en que miraba el fuego de la chimenea.

«Miraba los palos arder y pensaba que eso era entropía: todo es un caos y nada vuelve a ser lo que era. Y yo soy de Asia, entonces, sé que tiene que haber un opuesto. Tenemos el yin y el yang, así que si hay entropía, tiene que haber orden. Luego, fui a la biblioteca de física a buscar sobre entropía negativa, y no encontré nada. Y la razón por la que no estaba era porque no era la biblioteca correcta. Más tarde, cuando fui a la biblioteca de arte, entendía que la vida es el orden del caos», revela el experto.

Para explicar lo que piensa, McDonough dibuja troncos ardiendo y a la Tierra siendo impactada por una bomba atómica. Aunque se ve serio y usa corbatín, su tono de voz se eleva cuando habla de la economía circular y ríe cada vez que puede. «Tenía 18 años cuando comencé a pensar así, y supe que quería hacer edificios que produzcan más energía de la que necesitan», dice.

"La gente nos acusó de comunistas porque no creíamos en las propiedades. Así era hace 20 años, pero ahora todos creen que es normal".

McDonough. Vivió su niñez viendo los contrastes en Oriente y en Occidente. Foto: Archivo El País.
William McDonough

Su manera pedagógica para explicar fue la siguiente: «Quiero hablar de diseño, porque soy un diseñador. Y los veo a todos como diseñadores. Es como ese chiste que cuando tienes solo un martillo, todo parece un clavo. El diseño es la primera señal de la intención humana. Esto nos mantendrá ocupados para siempre… pero esa es, justamente, la idea de la economía circular».

Sin propiedad

Responsable de diseño de edificios ambientalmente responsables para compañías como Google y Ford, además de las sedes de YouTube, GAP y la base sustentable de la NASA, en 2002 McDonough publicó Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things, en el que integrando diseño y ciencia, fue uno de los pioneros en postular la eliminación del concepto de desecho. El libro presentaba tres principios: celebrar la diversidad, el uso de energía limpia y renovable, y que todo es un recurso para algo más.

—¿Cuánto tardará en consolidarse la economía circular a nivel global?

—Mucho. Cuando comenzamos a hablar de que realmente no tienes que ser dueño de una lavadora ni de un auto, es decir, de que no tienes que ser dueño de las cosas, solo necesitas usar sus servicios, la gente nos acusó de comunistas porque no creíamos en las propiedades. Así era hace 20 años, pero ahora todos creen que es normal.

—¿Cree que la generación actual entendió mejor el concepto?

—Sí, mis hijos creen que no tienen que ser dueños de un auto, no quieren pagar por estacionamiento, y dicen que pagarán por las cosas cuando las necesiten usar. Pero muchas de estas cosas pasan cuando las tecnologías se alinean. No podrías tener Uber si no fuera por inteligencia artificial, GPS, sistema de pago electrónico.

—¿Cómo puede una persona común ser parte de la economía circular?

—Hacer compost es el ejemplo perfecto, porque estás trabajando en tu propia vida, reconociendo que las cosas pueden volver a la tierra y lo haces, ese es la mitad del juego. Por eso, el compost es tan importante, porque humano, hummus y humildad vienen de la misma raíz. Alguien que hace compost es una persona conectada a la Tierra, porque entiende que el suelo es la fuente de la vida. Ser humilde es tener los pies en la Tierra.

—¿Cómo se logra con un mercado que casi exclusivamente ofrece productos que van a expirar?

—Es difícil, pero vas a llegar a un punto en que preferirás los productos «de la cuna a la cuna». Estas cosas toman tiempo, la sustentabilidad toma tiempo, no es para siempre. No será rápido, pero lo vamos a lograr.

Edificios para el futuro

«No tienes por qué ser dueño de una lavadora. Lo que quieres es limpiar tu ropa, entonces, no quieres realmente invertir en acero, caucho; lo que quieres es tu ropa limpia. Con la economía circular, la máquina vieja puede volver a los técnicos que saben qué hacer con sus materiales», explica McDonough. ¿Y qué se hace si se rompe una ampolleta? En vez de tirarla a la basura, plantea: «Imagine si se diseña un mercado para eso, donde te digan: ‘Pon tu ampolleta rota aquí’, porque tiene un valor. Lo estarían diseñando de manera distinta. Nosotros diseñamos edificios que son pensados para el futuro, para convertirse en algo más, sin tener que destruirlo. O si quieres destruirlo, hazlo, porque sabemos los materiales que lo componen y está prediseñado.

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