LUIS PERERA
Socio de PricewaterhouseCoopers y especialista en Responsabilidad Social Empresarial
Lleva 34 años en la consultora PricewaterhouseCoopers y desde hace siete vive en Chile. Confiesa haber sido inoculado con el virus de la Responsabilidad Social Empresarial a fines de los 90, cuando se interesó por la actividad de la incipiente Deres a la que siente haber aportado su "granito de arena". Tiene 56 años, cinco hijos, escribió dos libros sobre el tema, y "pergeñó" un modelo para incluir la responsabilidad social como el cuarto estado financiero de las organizaciones. Como tantos otros uruguayos en el exterior, vive al Uruguay con mucha nostalgia y reconoce que es una "comunidad espiritual".
POR LAURA V. MELÉNDEZ | lmelendez@elpais.com.uy
- ¿Cómo surgió su vínculo con la responsabilidad social empresarial (RSE)?
De vuelta en Uruguay, en 1999, escuché por primera vez de Deres, como una organización que promovía la RSE. En ese momento estaba la gente de Saman que eran clientes nuestros, y los llamé porque quería saber un poco más. Nos reunimos en el Radisson y allí fui inoculado con el virus. El tema me apasionó; quizás era una búsqueda en la cual estaba necesitando explicarme por qué el mundo de la empresa no podía dialogar más con el mundo de lo social o ambiental.
En esos primeros años tuve la posibilidad de participar en la mesa de Deres y siento que aporté un granito de arena. Cuando fui para Chile, el tema sirvió también para sentirme acogido por una gran cantidad de gente que vibraba en la misma sintonía. Empresas, empresarios y profesionales que están concibiendo el mundo de una manera más holística, que están concibiendo a la empresa como generadora y distribuidora de valor.
Y en nuestros pueblos, sobre todo, donde muchas veces las empresas son "el malo de la película" o los que están "en la vereda de enfrente", es bueno que se intente tener una mirada más balanceada de lo que significa una empresa para el desarrollo de los pueblos.
Hay quienes dicen que la RSE está de moda o que es una "lavadita" de imagen. ¿Qué opina?
Si bien hay elementos de marketing y gente que banaliza el tema, atrás de la RSE hay una manera de concebir el mundo y una concepción de cómo se tienen que hacer los negocios en el siglo XXI. Eso implica considerar de manera balanceada el respeto sobre el medio ambiente, por la gente, por lo social, por el consumidor, integrando aspectos y valores éticos en la conducción empresarial. No es una moda ni una tendencia, es una realidad que está en busca de estándares de reportes y de gestión.
De lo que vine a hablar ahora, invitado por Deres, es justamente la agenda de temas de la tercera generación de RSE en la cual ya estamos.
¿Cómo evolucionó el concepto?
La primera generación de temas tuvo que ver con la instalación del concepto en el público. Y empezar a entender que atrás de esto había un fenómeno económico. La segunda generación tuvo que ver con cómo la gente empezó a ver si había una relación entre lo financiero y este tipo de accionar de las empresas. Y la tercera generación, en la cual estamos, abarca el hacer que las cosas sucedan, pasando del discurso a la acción. Para que todo esto sea una realidad en la empresa se necesita una estructura y una organización acordes, sistemas de incentivos de remuneración acordes, que sean coherentes con esa visión.
¿Los consumidores premian, con su compra, a las empresas socialmente responsables?
Hay maneras de medir cómo una empresa socialmente responsable es mejor valorada por el consumidor, el inversionista, se le facilita el acceso al crédito y disminuye su costo de capital.
Elementos empíricos como el Dow Jones Sustainability Index o el Financial Times for Goods, son elementos objetivos que demuestran cómo empresas que se comportan de una manera tienen un rendimiento en términos de rentabilidad y de capitalización bursátil superior a las medias. De todas maneras es un campo nuevo y en el que se está avanzando en la medición. Pero siempre queda la duda de si las empresas son socialmente responsables porque les va bien o les va bien porque son socialmente responsables.
¿De qué lado del debate se ubica?
Soy de los que creo que les va bien porque son socialmente responsables. Pero admito que pueda haber alguna visión escéptica sobre eso.
Ha dicho que Chile y Brasil son los países que más han avanzado en estos temas. ¿En qué etapa está Uruguay?
Se dice que hay una especie de mapa de RSE donde los países nórdicos se preocupan más por cómo las empresas responden a temas medioambientales; en Estados Unidos se fijan más en cómo responden al consumidor; y en América Latina la gran demandante de información es la propia gente.
Eso muestra cómo las empresas no han sabido transmitir todo lo que hacen, que es mucho, para tener una imagen más balanceada. Las empresas no son los malos de la película, y cuando digo empresas no hablo sólo de las que persiguen un fin de lucro sino también de las organizaciones sociales y del Estado. Y no han sido lo suficientemente capaces de transmitir porque no ha habido, entre otras cosas, esquemas estructurados de reportes sistemáticos de lo que hacen. Es necesario que haya transparencia de información para que cada uno saque sus propias conclusiones.
¿De eso trata su modelo enfocado hacia el "Cuarto Estado Financiero"?
Los estados financieros convencionales tratan de medir la rentabilidad desde la óptica del inversionista. Pero no dicen nada sobre cuánto contribuyen al funcionamiento de la economía ni cómo retribuyen a la gente. Por eso aspiro a que pueda ser algún día un cuarto estado financiero.
Que las empresas, además de mostrar sus números por la rentabilidad, muestren también el valor que generan en la sociedad y cómo lo distribuyen entre los distintos grupos de interés. Para que, de alguna manera, eso ayude a cambiar la imagen que hay sobre la empresa y se reconozca que es un motor de desarrollo y que, al estar en actividad, genera y distribuye valor a la gente, al Estado, a la comunidad.
¿La RSE es un tema privativo de las empresas grandes?
Para ser honesto no hay que tener plata y para ser socialmente responsable tampoco. Es una cuestión de valor que las empresas incorporan en su gestión.
Desde el punto de la gestión socialmente responsable cada uno, a su medida, tiene algo para hacer. Desde el respeto a aspectos legales como la no evasión, integración de la gente en planilla, entre otros temas.
No avanzar al ritmo del mundo es retroceder
- Vive en Chile desde hace siete años ¿sigue siendo un modelo válido que Uruguay deba asimilar?
Chile supo salir de una dictadura consensuando, construyendo y mirando para adelante. Lo que más destaco de Chile es que se habla no en términos de lo que pasó, sino de lo que va a pasar. El foco está en cuál es la meta para el bicentenario o para el 2015. Otra cosa que observé es que la discusión política empieza no desde los extremos, sino que se da en tercios para acordar. Eso se puede ver como algo a seguir porque la sociedad se construye entre todos y buscando acuerdos. Desarrolló un mercado de capitales muy activo, lleva más de 28 años con un sistema de fondos de ahorro previsional, hay generación de ahorro que quedó en el país, y hubo una mejora progresiva de las clases bajas y medias. Todo eso suma.
¿Cómo ve a Uruguay desde afuera?
Creo que no avanzamos al ritmo del mundo. Y no avanzar al ritmo del mundo es retroceder. Hay muchos esfuerzos por querer avanzar pero la verdad objetiva es que el país no termina de arrancar a la misma velocidad que lo están haciendo algunos países, como Vietnam.