Negocios

"La jefa soy yo", los sesgos en el sector inmobiliario en cuatro relatos

Aunque ahora hay más ejecutivas que nunca con cargos de relevancia en las empresas, sentir condescendencia de sus pares y tener que probar sus habilidades a diario es el factor común que revelan sus trayectorias

Dificultad. Las mujeres lidian con estar fuera de los tratos y tener que probar sus habilidades una y otra vez. (Foto: Shutterstock)
Dificultad. Las mujeres lidian con estar fuera de los tratos y tener que probar sus habilidades una y otra vez. (Foto: Shutterstock)

Ya no es precisamente innovador para las mujeres trabajar en obras, desarrollar o diseñar espacios comerciales o llenarlos con inquilinos. Ellas, por ejemplo, ocupan el 43% de las posiciones en la industria de inmuebles comerciales, según datos de CREW Network, una organización que tiende redes para mujeres del rubro, donde ahora hay más ejecutivas que nunca ocupando cargos de vicepresidente senior, director gerente y socio.

Sin embargo, las que trabajan en áreas de la industria dominados por hombres a veces descubren que es difícil ponerse el «casco blanco». Lidian con estar fuera de los tratos, la condescendencia de sus pares y con tener que probar sus habilidades una y otra vez.

Lo que sigue son los relatos de cuatro mujeres que sufrieron algunos de esos «desaires» pero salieron adelante y ahora manejan sus propios negocios en el mundo inmobiliario.

Leslie Baltes comenzó a trepar en los estantes de la empresa familiar de suministros industriales Carter, Milchman & Frank cuando era una niña. Ahora tiene 46 años, preside la compañía con sede en Long Island City, y todavía lo hace.

En sus inicios, Leslie Baltes ordenaba a los conductores que pusieran en marcha las entregas y la miraban "como si tuviera dos cabezas", recordó. "Tenía que ser dura".

En sus inicios, ordenaba a los conductores que pusieran en marcha las entregas y la miraban «como si tuviera dos cabezas», recordó. «Tenía que ser dura».

También recuerda un almuerzo con, entre otros, el equipo de contratos generales para un gran desarrollador. «¿Eras manicurista o peluquera antes de tener este empleo temporal?», preguntaban los hombres. «¿Y con quién tuviste que acostarte para conseguirlo?».

«Yo dije: ‘Ustedes son idiotas. ¿Una manicurista? Mira lo mal que están mis uñas. Mira lo mal que están mis raíces», recordó. «Hice una broma. Le dije que mi abuelo se había acostado con mi abuela».

Por supuesto, todavía hay un nivel de «¿usted es la dueña?». «Pero está mejorando», dijo. «Cada vez que voy a un sitio de trabajo, veo más mujeres, y hay una tranquilidad al respecto que no existía hace cinco años», concedió.

Robin Zeigler aprendió rápidamente algunas cosas que no estaban en los libros: los bienes raíces son un negocio de relaciones, y las personas (es decir, los hombres) tienden a formarlas con personas que son como ellos (es decir, otros hombres.

El título de contadora llevó a Robin Zeigler a emplearse en Ernst & Young como auditora de Coca-Cola, en 1994. Cuando, unos años más tarde, quería salir de la contabilidad, una de las compañeras en la firma le ofreció ingresar al grupo de bienes raíces.

Estaba deseosa de aceptar, pero carecía de formación. «No sabía qué era un fideicomiso de inversión en inmuebles. Fui a una librería, compré todos los libros que tenían sobre el tema y pasé el fin de semana leyendo», dijo Zeigler, de 47 años, quien ahora es directora de operaciones y vicepresidenta ejecutiva de Cedar Realty Trust, un fideicomiso de inversión que posee, administra y redesarrolla centros comerciales en el corredor de Washington a Boston.

Zeigler aprendió rápidamente algunas cosas que no estaban en los libros que leyó tan diligentemente: los bienes raíces son un negocio de relaciones, y las personas (es decir, los hombres) tienden a formarlas con personas que son como ellos (es decir, otros hombres). Lo hacen en los campos de golf, negociando en los últimos nueve hoyos y firmando el acuerdo fumando un Cohiba.

«Puede ser un desafío cuando se producen acuerdos en lugares donde las mujeres no están invitadas», dijo Zeigler.

Las reinas del circo

En 1986, cuando Dina Miller, su hermano, Jonathan y otros miembros de la familia fundaron la firma de tasación de inmuebles Miller Samuel, «había muy pocas mujeres que tasaran», dijo Miller, de 56 años, que se especializa en determinar el valor de propiedades costosas, algunas estratosféricas, como el apartamento de la última planta en 432 Park Avenue.

«Los inmuebles de alta gama y únicos son difíciles de evaluar. Obviamente, no hay con qué compararlos», dijo Miller. «Tienes que conocer el mercado y los matices. Me gusta ese desafío», agregó.

Hace 15 años, la tasadora de inmuebles Dina Miller fue a un apartamento de alto nivel y la esposa abrió la puerta. "Me miró, miró a mi alrededor para ver si había un hombre conmigo, luego se volvió hacia su esposo y le dijo: ‘Mira, cariño, es una mujer que tasa’, como si yo fuera del circo".

Incluso a veces ella es evaluada. «Existe esa actitud de ‘Aquí viene esta mujer y ¿qué sabe ella?’ Hace 15 años, fui a un apartamento de alto nivel y la esposa abrió la puerta. Me miró, miró a mi alrededor para ver si había un hombre conmigo, luego se volvió hacia su esposo y le dijo: ‘Mira, cariño, es una mujer que tasa’, como si yo fuera del circo».

Las cosas han mejorado, porque ahora hay más mujeres tasadoras, dijo Miller. «Pero aún hay personas que son muy antiguas».

Cuando, por ejemplo, ella está en un sitio con un pasante masculino, «los clientes a menudo piensan que es mi jefe», dijo. Las preguntas sobre cuándo estará lista la evaluación o si saben sobre otras ventas en el edificio se suelen dirigir al hombre.«Tenemos que corregir a la gente y explicarles que yo soy la dueña de la empresa», dijo.

Barbara Kavovit tenía 9 años cuando su padre le entregó un martillo Stanley. «Quería que lo ayudara a hacer cuchetas para mi hermana y para mí», dijo.

«Gracias a él, que pensaba que era importante para una niña ser independiente, desde el principio probé lo que se sentía al tener autoestima y lograr una meta», resaltó Kavovit.

Poco después de graduarse de la universidad, comenzó su primer negocio, Stand-Ins, una empresa de mejoras para el hogar en el condado de Westchester. Después de tres años, la cerró, estableció una nueva compañía (Anchor) y trasladó su base de operaciones a la ciudad de Nueva York para asumir proyectos de construcción corporativos y minoristas.

En 2015, Kavovit, que hoy tiene más de 40 años, comenzó Evergreen Construction, ahora un negocio de US$ 30 millones al año con 22 empleados (seis de los cuales son mujeres) y un enfoque en la construcción de interiores para proyectos corporativos y minoristas. Su lista de clientes incluye compañías como Bandier, Exhale Spa y el estudio de cerámica BKLYN CLAY.

A pesar de sus logros, «los hombres me desafían todos los días», dijo Kavovit. En una ocasión, estaba recorriendo la empresa con un cliente potencial y se detuvo para hacerle una pregunta a un supervisor de campo, que en lugar de contestarla le retrucó con otra «¿Sabes cómo leer un plano?».

Sí, Kavovit sabía cómo hacer eso, cómo firmar un cheque de pago y, ahora que lo pienso, también despedir a un empleado ignorante. Y lo demostró con ese supervisor.

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