Innovación

El ingeniero millonario que cambió Bahamas por emprender en Bolivia sin Internet

Con 31 años y varios millones de dólares, volvió a su país natal en 2001y creó la empresa Jalasoft con cinco personas. Hoy posee tres firmas con 800 empleados y creó un smartphone con sistema operativo propio

Lafuente. "Como industria, debemos tomar la responsabilidad de la eduación", dijo. (foto: Gentileza CAF)
Lafuente. "Como industria, debemos tomar la responsabilidad de la eduación", dijo. (foto: Gentileza CAF)

Esta historia empieza cuando se fue a estudiar a EE.UU. a los 17 años. Tras recibirse de ingenierio de sistemas, el boliviano Jorge López Lafuente ingresó a trabajar en Adobe Systems «cuando a ese gigante tecnológico lo integraban solo 115 personas. «Ellos me enseñan a desarrollar, soy parte del equipo de Photoshop y, después de nueve años y medio, Adobe era la segunda empresa más grande de software. Todo mi conocimiento de la industria viene de ese lado, hice un segundo emprendimiento en Silicon Valley: NetIQ, cuya tecnología «es la cuarta plataforma más grande de administración de datos», relató el emprendedor.

«Cuando empecé en NetIQ tenía acciones a US$ 0,20 y cuando terminé (de trabajar allí) las acciones cotizaban en la bolsa de Nueva York a US$ 127. A los 32 años estaba enfrentado a tener una cantidad enorme de dinero, ¿y qué hago con mi vida? ¿Me voy a las Bahamas?», planteó López Lafuente en el panel «El desarrollo desde la creatividad: nuestras historias de éxito» de la Conferencia CAF «Productividad e innovación para el desarrollo», de la que participó El Empresario en Bogotá.

Cuando empezó en NetIQ tenía acciones a US$ 0,20 y cuando terminó de trabajar allí las acciones cotizaban en la bolsa de Nueva York a US$ 127. A los 32 años era millonario, planteó López Lafuente en el panel "El desarrollo desde la creatividad: nuestras historias de éxito" de la Conferencia CAF "Productividad e innovación para el desarrollo".

Pero la historia no siguió en Bahamas. En 2001 decidió volver a su país natal. «Fui a hacer una empresa tecnológica (Jalasoft) y Bolivia no tenía Internet. No le vi ningún problema, puse una antena satelital y me conecté al Silicon Valley. En ese momento contraté a seis ingenieros. Les dije que vamos a exportar software, vamos a hacer soluciones tan complejas como las americanas y lo vamos a hacer así. Todos me miraban con grandes ojos y me decían: ‘ok’. Pero yo miraba su miedo, su inseguridad. Me tomó cinco años romperles la barrera mental. Creo que ese fue el hito más grande en Jala», recordó. Hoy su equipo suma 800 personas, tres empresas (además de Jalasoft están Industrias Jala y la Fundación Jala) y está en 2,5 hectáreas de infraestructura.

La empresa creó Xian, «una solución que administra redes» y que fue vendida a las «400 empresas más grandes del mundo» entre las que figuran L’Oreal, Maersk, bancos europeos y estadounidenses y también organismos como la Internal Revenue Service (la DGI en EE.UU.) y la Armada estadounidense.

En el panel, López Lafuente dejó en claro sus dos «obsesiones»: la no participación de América Latina en la economía digital y los problemas en educación que atraviesa la región.

«En Latinoamérica somos grandes consumidores de tecnología, pero en sí no generamos tecnología. Eso viene históricamente desde la revolución industrial», cuestionó el empresario.

A contracorriente

En Jala «hemos sacado nuestra propia tecnología de nube. El gran problema en tecnología de nube es que Latinoamérica está dependiendo de las nubes americanas, dependemos de Amazon, Google y varias más», comentó. En Bolivia, la normativa le exige a los bancos que tengan todos los datos dentro de la institución, pero esta limitación fue una oportunidad de negocio para Jala.

«Los bancos están limitados tecnológicamente, no podrían ir a Amazon. Por esas regulaciones hemos desarrollado nuestra propia tecnología de nube», explicó. Ese mismo problema de no generar tecnología propia se ve en otro rubro: los teléfonos inteligentes.

«Hoy en día, la economía digital del mundo se mueve en Android (de Google) y Apple» que «controlan la economía digital desde ese punto que es el sistema operativo». En América Latina, el 90% de los teléfonos inteligentes utiliza Android como sistema operativo, recordó.

Así, Google a través de Android «sabe dónde están ustedes, qué compran, qué miran, qué dicen y qué no hacen. Eso es big data. Capturan esa información, hacen sentido a ella y lanzan nuevos servicios».

Su empresa se asoció con el fabricante estadounidense de procesadores Qualcomm para desarrollar Accione One, un smartphone «made in Bolivia». Su teléfono cuenta con un nuevo sistema operativo, el Sailfish, desarrollado por la finlandesa Jolla (cuyos desarrolladores provienen de Nokia).

López Lafuente expresó que la región no participa de esa economía, «contribuimos a ella, pero económicamente no nos dan ninguna ‘remuneración’ por los millones de usuarios que somos en Facebook o en Android. Nuestros países no están haciendo nada al respecto desde el punto de vista político», advirtió.

Por ese motivo, su empresa se asoció con el fabricante estadounidense de procesadores Qualcomm para desarrollar un smartphone «made in Bolivia». «Pero no hemos hecho un teléfono con Android, sino un teléfono con un nuevo sistema operativo», contó. Los teléfonos Accione One cuentan con el sistema operativo desarrollado por la finlandesa Jolla (cuyos desarrolladores provienen de Nokia): Sailfish. Éste se promociona como el único sistema operativo cuyo código fuente está disponible para asegurarle al usuario que no hay «agujeros» de seguridad.

Invertir en educar

«Como latinoamericanos, estamos invirtiendo en todo, pero la educación está siendo descuidada», aseguró el emprendedor boliviano al referirse a su otra obsesión. A su entender, «el reto más grande» para desarrollar tecnología en América Latina proviene de allí.

López Lafuente

Creó la Fundación Jala para formar gratis durante un año a ingenieros. Según Lafuente, en Bolivia, el ingeniero (de sistemas) egresado de las universidades está al 30%/35% (de capacidad)." Se generan ingenieros, pero no al óptimo de lo que esta industria hoy demanda. En el caso de Bolivia, tengo que darles 70% de conocimiento extra". 

«El gran problema que tenemos es que el ingeniero (de sistemas) boliviano egresado de las universidades está al 30%/35% (de capacidad). Se generan ingenieros, pero no al óptimo de lo que esta industria hoy demanda. En el caso de Bolivia, tengo que darles 70% de conocimiento extra», aseguró.

Por eso, en 2007 creó la Fundación Jala, mediante la que forma ingenieros de sistemas durante un año gratis y los lleva «al 60%» de su potencial. «Después, en Jalasoft, les damos dos años más en escuelas de ingeniería para que puedan llegar al óptimo. Solo así podemos tener un ingeniero competitivo a nivel internacional que pueda hacer las cosas de las que estoy hablando», explicó.

Desde entonces la fundación trabaja con las universidades, pero en 2014 decidió dar otro paso más: «Estamos haciendo un gran esfuerzo como grupo, fuimos a Secundaria y hoy tenemos 9.000 estudiantes en Cochabamba a los que les enseñamos matemáticas a través de un programa digital» y el año próximo «vamos al eje troncal de Bolivia y esperamos llegar a 50.000 estudiantes», señaló.

Es que López Lafuente está convencido que «como industria (...) tenemos que tomar la responsabilidad en la educación. Estamos invirtiendo mucho dinero en educar y estamos llegando a Secundaria porque vemos que el problema está en Secundaria, pero en realidad empieza en Primaria».
«La educación en Latinoamérica es de memorización y repetición, no nos enseñan a analizar ni a crear. Eso era porque necesitábamos esa memorización cuando no existía Internet y teníamos que almacenar datos en nuestros cerebros, hoy eso se llama Google», dijo.

En su empresa, para «innovar y promover creatividad» no hay horario de trabajo; la labor «es por objetivo». Además, hay «un área de desbloqueo mental» con «juegos y diversión», un gimnasio y un restaurante.

El próximo desafío es «un proyecto educativo a 15 años, uniendo Secundaria, universidad, industria y nuevos emprendimientos. Exponer al de Secundaria a la industria, al universitario a innovar ya, y cuando se incorpore a la industria va a tener práctica y va a hacer natural que surjan emprendimientos», remató.

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