PAULA MOSERA / DIRECTORA EJECUTIVA DE SOCIALAB

«Hay que mirar el impacto, no solo números»

Daba clases de matemática en el Marconi y Casavalle como voluntaria de una ONG pero su trabajo era ser asesora en fondos de inversión. En 2015, esta contadora de 28 años tomó las riendas de Socialab, una preincubadora de emprendimientos que buscan solución a problemas sociales.

Paula Mosera
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Mosera, quien el año pasado cursó un Posgrado de Economía y Gestión para la Inclusión, asegura que ya hay casos de éxito en Uruguay de innovadores sociales que encontraron modelos de negocio, pero hace falta más apoyo de los inversores una vez que la idea se validó. En su tiempo libre, sus hobbies son el teatro y el handball, deporte en el que compitió a nivel universitario.

Dejó el mundo corporativo, de asesoramiento en fondos de inversión, para dedicarse a la innovación social. ¿Qué la hizo dar ese giro?

Sí, trabajé en un estudio contable, después en fondos de inversión, pero siempre desde chica estuve muy enfocada en el voluntariado. En el liceo siempre hacíamos actividades en distintos barrios. Incluso, cuando comencé la carrera, con un grupo de amigas formamos una asociación civil, Unidos, que sigue en marcha. Después, trabajando en fondos de inversión conocí Global Shapers, una iniciativa del Foro Económico Mundial que busca que jóvenes de entre 20 y 30 años puedan poner sobre la mesa ciertas discusiones. Entré y conocí a más jóvenes líderes con ganas de tener un impacto y empecé a familiarizarme con el concepto de emprendedores sociales, desde la óptica no del voluntariado como yo lo hacía en esta ONG y en otras, sino como una profesión. Me encontré con economistas, contadores, con cualquier profesión que trabajaban para resolver problemas sociales a través de una empresa, que se estaban dedicando a eso. Ahí me entró a «despertar el bichito».

—¿Cómo ingresó a Socialab?

—En 2014 conocí una organización hermosa: Enseña Uruguay. Me súper interesó porque busca que jóvenes profesionales o próximos a recibirse de cualquier carrera universitaria puedan dar clase durante dos años en liceos de contexto vulnerable donde no hay docentes. Te dan un montón de capacitaciones, te ayudan a planificar, te dan herramientas para el manejo del aula. Fue un desafío gigante; aprendí a valorar enormemente el trabajo de los profesores. Durante dos años di clases de matemática en el Marconi, en Casavalle. En el primer año, mientras estaba dando clase, conocí Socialab.

"Daba clases en el Marconi y de ahí me iba a asesorar en inversiones"

Paula Mosera
Paula Mosera

—¿No era sostenible esa «doble vida» de saltar del liceo de contexto al mundo corporativo?

Cuando entré a Enseña Uruguay no llegué a renunciar del todo a mi trabajo tradicional de contadora, estaba con esa «doble vida». Lo que hacía era dar clases de matemática a las 8 de la mañana y de ahí salía, me cambiaba al trajecito e iba a trabajar asesorando en fondos de inversión. Ahí era cómo generar más dinero, más rentabilidad. Esa doble mirada tan cercana diaria me la cuestionaba todo el tiempo. Entré a Socialab en 2015, donde siento que puedo unir estas dos pasiones, preocupaciones. Cuando entré como directora ejecutiva el equipo también estaba cambiando. Fue muy desafiante y solo fue posible por el equipo increíble que formamos. Victoria Fraschini, directora de Formación e Innovación, y Lucero Olivera, directora de Startup, lideraron sus áreas de forma muy profesional y exitosa. Eso es fundamental.

—Encontrar un modelo de negocios a un problema social no debe ser sencillo. ¿Qué casos de éxito hay en Uruguay?

—No tiene que ser todo como Algramo (N. de R.: empresa chilena que encontró una solución al «sobreprecio» que pagan las familias más humildes por comprar detergente en envases más pequeños). No todo es tan transformacional, hay que desmitificar un poco eso. Pero lo que apoyamos son negocios. Esa es una palabra que está mal vista o es dura, pero son negocios que nacen con un propósito social. En Uruguay, 2014 tuvimos a UY Robot, una plataforma que integra la robótica a la currícula de las escuelas, para que aprendan contenidos. Busca aumentar el entusiasmo y el aprendizaje de los chicos a través de la robótica. Da talleres gratuitos y en paralelo vende kits de robótica para sustentarse; hasta ahora vendió 380 y tiene también oficinas en Costa Rica. Otro emprendimiento es Inoa, uno de los ganadores del Desafío Educación que lanzamos en 2016. Es una plataforma dirigida a centros educativos para dar seguimiento a los estudiantes en lo no académico. Son muchas cosas que no están en la libreta y falta poder documentarlas. Muchas veces no tienen tiempo para reunirse o tener un momento donde comentarse entre docentes o los psicólogos poder salir a buscar 10 o 12 docentes por las situaciones de cada alumno. Pasa que un alumno le dice a un profesor que llega tarde porque tiene que llevar antes a su hermano a la escuela y de repente esa información puede ser de utilidad para los demás docentes... que están preocupados por sus llegadas tarde y no saben qué pasa. O de repente un alumno le dice a otro en el medio de una clase para pelear a la salida. Esta plataforma evita al docente tener que recorrer todos los pasillos buscando a los demás profesores o al adscripto para ponerlos en aviso.

"Tratamos de trabajar mucho en sensibilizar e inspirar"

Articuladores. "Generamos intercambio entre sector privado, sector público, asociaciones civiles , academia e inversores", destacó.
Paula Mosera

—El dinero que dan a emprendedores es no reembolsable. ¿Qué tasa de éxito o de frascaso tienen?

—Sí, lanzamos convocatorias en conjunto con empresas, instituciones o gobierno, que quieren trabajar en algún área. Por ejemplo, el miércoles pasado lanzamos con Fundación Itaú, Antel y ReachingU una convocatoria, un desafío, para buscar soluciones a los principales retos en la educación. Buscamos tres emprendimientos sostenibles. Va a recibir cada uno US$ 3.000 de capital semilla y cinco meses de preincubación en Socialab, lo que permite validar sus ideas, ver si funcionan técnicamente, si es posible llevarlas adelante, y también comercialmente, que se puedan vender. En Uruguay, ya hemos recibido 1.200 ideas, en 13 convocatorias. Fueron preincubados 38 emprendimientos. Nosotros asumimos un riesgo cuando tomamos los proyectos, porque están en etapa muy temprana. De esos 38, un 40% sigue en marcha generando impacto social y económico a nivel nacional. Y alguno ya también a nivel internacional. Al momento de hacer una empresa seguimos hablando de «riesgo y rentabilidad». No está esa dimensión 3D de «riesgo, rentabilidad, impacto». No se habla de eso. Hay un tema de desconocimiento también. Tratamos de trabajar mucho en sensibilizar e inspirar.

—Los inversores miran muchos los números, ¿en qué se fijan las empresas con las que ustedes trabajan?

—Tratamos de buscar aliados. Las empresas pueden apoyar ideas que después le van a dar una retribución en el largo plazo, que contribuyen a su negocio también. Por ejemplo, el año pasado hicimos una convocatoria en inclusión financiera específicamente para sectores que están excluidos. Ahí, quienes nos apoyaron ya están trabajando en la industria financiera. Con muchas empresas conversamos cómo pueden involucrarse. No buscamos que den la plata y se olviden sino que puedan ser parte. También nos pasó que se generen alianzas entre las instituciones que apoyan. Generamos intercambio entre sector privado, sector público, asociaciones civiles, academia e inversores. Somos articuladores.

"El paso siguiente sería tener una incubadora con foco en lo social"

Articuladores. "Generamos intercambio entre sector privado, sector público, asociaciones civiles , academia e inversores", destacó.
Paula Mosera

—Una vez que se pasa la preincubación, ¿cuáles son los desafíos que ven para que los emprendimientos subsistan?, ¿hacen falta más instituciones de apoyo?

—El paso siguiente sería tener en Uruguay una incubadora enfocada en lo social, para que los emprendimientos puedan escalar. Cuando trabajamos con los emprendedores tienen ese propósito social muy claro, pero hay un riesgo de que de repente después que, por el objetivo de generar rentabilidad, se pierda un poco lo social. En algunos casos que tienen un modelo de negocio híbrido: algunas cosas las dan gratis y otras las venden, puede pasar que se pierda un poco eso. Y eso es un riesgo. Pero definitivamente falta mucha inversión de impacto. Hoy salen emprendedores que necesitan poder levantar inversión para llegar a otros mercados, para poder crecer. Ya se probó que funcionan esos emprendimientos, pero hoy el inversor está mirando pura y exclusivamente los números. Está bien, pero yo creo que hay que mirar el impacto también. Se está trabajando en poder desarrollar todo este ecosistema de inversión de impacto en Uruguay.

—En el mundo empresarial se consolidó la Responsabilidad Social Corporativa. ¿Pero cómo ven las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) eso de ganar dinero resolviendo un problema social?

—Hay de todo. Hay mil opiniones. La mía es que las ONG van a existir siempre y hay problemas sociales que no podrían ser resueltos a través de la lógica de empresas. Ahora, en muchos casos pensar con esa lógica te permite generar mayor impacto, no depender y no estar destinando gran parte de los recursos a captar donaciones. No se trata de detectar una oportunidad y hacerlo por negocio. El objetivo principal es la resolución de un problema social. No es una cosa o la otra. Trabajamos con muchas ONG y siempre han sido receptivos. Hay mucho interés también de ONG que viven 100% de donaciones y quieren implementar herramientas del mundo empresarial para profesionalizar sus procesos y en un futuro poder pasar a ser una empresa social. Pero es un camino largo y las organizaciones tienen que estar preparadas para eso.

Articuladores. "Generamos intercambio entre sector privado, sector público, asociaciones civiles , academia e inversores", destacó.
Articuladores. "Generamos intercambio entre sector privado, sector público, asociaciones civiles , academia e inversores", destacó.

«Hay un bache en el marco legal en Uruguay»

—En esta nueva forma de mirar la economía (con foco en un propósito social y no en el lucro como objetivo), se plantea que este tipo de empresas necesitan otra forma jurídica. ¿En Uruguay la estamos corriendo de atrás?

—Sí, 100%. Hay muchos marcos legales. Uno es el que propuso sistema B, que es la ley de beneficio de interés colectivo, que da un reconocimiento a este tipo de empresas. Y después hay otro tipo de empresas, como el caso de Socialab, que no generamos utilidades. Somos una asociación sin fines de lucro, pero si mañana generáramos utilidades serían para reinvertir en la propia organización, para apoyar a más emprendedores sociales, nunca va a haber un retiro de utilidades a socios o accionistas. ¿Ahí qué empresa es? No hay una empresa con esa finalidad. Entonces, sí, hay un bache en el marco legal en Uruguay. Socialab es una red global (está también en Argentina, Chile, México, Colombia y Guatemala). En algunos países es una fundación, en otros ya es una empresa. Acá nos falta mucho ese marco legal. Hay algunas figuras jurídicas que nos ayudarían mucho.

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