ENTREVISTA

"El gran problema que genera la brecha con el dólar ilegal es la llegada del empleo blue"

Sergio Kaufman, presidente de Accenture para Argentina y Sudamérica Hispana, resalta las oportunidades que da la economía del conocimiento y también las dificultades que deben superarse en la región

Sergio Kaufman, gerente de Accenture. Foto: La Nación / GDA.
Sergio Kaufman, presidente de Accenture. Foto: La Nación / GDA.

Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en EE.UU., Reino Unido y Suiza. Sergio Kaufman lidera Accenture en Argentina desde 2013 y lleva 30 años involucrado en proyectos de transformación, reingeniería organizacional, planeamiento estratégico de IT e implementación de sistemas en multinacionales. Es presidente de la compañía para Sudamérica Hispana.

A contramano de partidas, reestructuraciones y retiros voluntarios que aplicaron gran parte de las multinacionales, Accenture incorporó 3.000 puestos de trabajo desde el inicio de la pandemia y adquirió dos firmas argentinas (Wolox y Glamit). En la actualidad tiene más de 1.000 búsquedas para diversos puestos: finanzas, tecnología y recursos humanos, así como programadores y data scientists.

Durante los últimos meses leímos muchas historias de jóvenes que decidieron emigrar de Argentina. ¿A qué lo atribuye?

Lo que se ve son muchos chicos que con su pasaporte dicen «me voy de Argentina». Pero ellos no son los responsables. Si hay un fracaso es de los mayores de 50 años, el de nuestro establishment que incluye a la política, los empresarios, los intelectuales y los distintos actores sociales que le fallamos a los jóvenes, porque nuestro compromiso es dejar algo mejor y no lo estamos logrando.

¿Qué se puede hacer para revertirlo?

Frente a la falla puedo decir me voy, que otro se haga cargo o ver una enorme oportunidad porque el potencial de Argentina es de ser un país en vías de desarrollo de ingresos medios y altos. No es tan complicado. Solo falta ponernos de acuerdo. Si lo logramos, esto se encamina muy rápido. Para ello es fundamental el rol de los empresarios, la política, la Justicia, y tener reglas claras y sustentables en el largo plazo.

Pero el país está dividido en mitades, en gajos, en fracciones, en grieta pura…

La grieta nos condena al subdesarrollo. Hablo de la grieta de modelo de país. Esto no es Venezuela. Esa comparación no sirve para nada y no me refiero al talento ni a la gente de ese país que es excelente, sino al modelo político y de funcionamiento que todavía es muy lejano a Argentina.

La historia económica muestra que a iguales decisiones, iguales resultados. Más allá de los signos políticos se cae recurrentemente en los mismos problemas...

Es así. Pero si existen acuerdos de fondo, despegamos. Muchas veces veo que eso queda fuera de agenda, de lo que hablamos como sociedad, de las soluciones que están ahí palpables. Las oportunidades de carrera que se abrirán son iguales o mejores que en el mundo desarrollado. Hablo con hechos. Más allá de los contextos en Argentina, tomamos gente con buenos sueldos y más que competitivos.

Se lo nota particularmente preocupado…

(Respira.) Respeto al que se quiera ir, pero también estoy convencido de que hay un futuro claro en el país y no me voy a cansar de repetirlo. Pero no se pueden dejar pasar las oportunidades que el mundo presenta, ya que eso no va a mantenerse por siempre. Son muchos los países que no pierden el tiempo hoy.

¿Cómo convive eso con las restricciones y cepos que atraviesa la economía argentina?

Creo que los problemas en el corto plazo son graves. Hay que resolverlos y no existen recetas mágicas que de un día para el otro nos lleven a un escenario ideal. Pero para resolver el corto también hay que pensar en el largo plazo. Hay un modelo. Hay una alternativa. Y la responsabilidad de la gente de mi edad es atraer talento, no expulsarlo. En innovación y sobre todo en economía del conocimiento la cantidad de compañías que están creciendo en los últimos cinco años en el país no tiene precedentes. Tampoco lo tienen la cantidad de startups. Las oportunidades están y exceden el marco político temporal.

«Estamos viviendo lo que varios medios de EE.UU. definieron como 'el gran renunciamiento'. Es decir, que existe una población educada y con posibilidades a nivel mundial que hoy te dice 'yo elijo'».

Sergio Kaufman, gerente de Accenture. Foto: La Nación / GDA.
Sergio KaufmanPresidente de Accenture para Argentina y Sudamérica Hispana

¿Cómo afecta la grieta al mundo de los negocios?

Es muy difícil pensar una Argentina donde si gana uno nos vamos para un lado y si gana otro nos vamos totalmente para otro. La clave es tener alternancias, pero con conceptos civilizados de largo plazo que le permita planificar e invertir a todo el mundo; ahí se juega el empleo, la salida de la pobreza y la educación.

Esto se da en un cambio de paradigma global también…

Sí. Estamos viviendo lo que varios medios de EE.UU. definieron como «el gran renunciamiento». Es decir, que existe una población educada y con posibilidades a nivel mundial que hoy te dice «yo elijo». Es una tendencia de época y con la que debemos tener mucho cuidado. Prestarle atención.

¿A qué se refiere concretamente con prestarle atención?

Hay que ver desde las grandes organizaciones como les ofrecemos más flexibilidad, un trabajo interesante, jefes que los ayuden y no un modelo viejo que los expulse. Si entendemos eso y generamos espacios todos los protagonistas de lo que viene van a buscar esas compañías (ver recuadro).

«Una ciudad con muchos cantantes de ópera»

En el marco del último Coloquio de IDEA se planteó la necesidad de un nuevo marco laboral para que el sector privado crezca…
Me parece muy interesante el debate que surgió allí y sobre todo poner los temas de fondo en agenda. En nuestro caso, tenemos 12.300 personas en relación de dependencia. Durante la pandemia seguimos sumando y somos uno de los mayores empleadores del sector privado argentino sin dudas.

El «gran renunciamiento» al que usted hace referencia supuso también un cambio en los estilos de liderazgo…
Por supuesto. Tener un equipo de 12.300 personas supone que es una ciudad con muchos cantantes de ópera, con seres únicos, que hay que cuidarlos y prestar atención a lo que necesitan. Para un modelo de gestión tradicional eso es complicado y por eso lo que vemos es que los modelos de época son más flexibles, menos jerárquicos, más autónomos. En ese sentido, nuestra intención es que cada uno se adapte a su modelo de trabajo. La autogestión es importante. No hay una norma uniforme, pero sí un marco.

¿Qué pasa hoy en el mercado del conocimiento con la retención? Hay sobredemanda de programadores y la oferta es cada vez más escasa…

Eso es cierto. En este caso sí influye la brecha con el dólar blue, con el dólar ilegal. Porque cuanto mayor es esa brecha mayor es el «empleo blue». Existe una nueva tendencia de gente que renuncia a empleos formales, cobran afuera y traen su dinero de manera ilegal. Esto supone un perjuicio para el país por las divisas que no ingresan, los impuestos que no se pagan y a los trabajadores, porque al no tener sus cargas sociales ni derechos por el marco local muchas veces resultan perjudicados. El empleo blue es una tendencia que no se puede dejar de atender. El gran problema que genera la brecha con el dólar ilegal es la llegada del empleo blue.

A nivel global falta talento específico y eso supone un doble reto para empresas locales y sobre todo para Argentina como modelo de país.

Es cierto. La falta de talento a nivel global es un tema de debate permanente. Existen cerca de un millón de puestos de trabajo no cubiertos hoy. Si Argentina se prepara puede tomar entre 2% y 3% de ese total de manera formal. Pero es un esfuerzo grande de todos.

¿De quiénes puntualmente?

Falta que universidades grandes como la UBA tengan carreras de uno o dos años con certificaciones que le permitan a la gente salir a trabajar rápido en empresas con buenas remuneraciones y con los skills que hoy demanda el mundo. Se podría hacer incluso un proyecto nacional que incentive con un estipendio ese estudio, acuerdos con privados y tantas ideas más que son implementables. Además, tecnología mediante estamos en una oportunidad bien federal. Al punto que desde nuestra empresa lanzamos un proyecto que llamamos «Accenture federal» en el que incorporamos 300 personas que van desde el norte al sur. Hoy con buena infraestructura y fibra óptica una persona capacitada obtiene un empleo, un sueldo y condiciones que rigen para todo el país.

Sergio Kaufman, presidente de Accenture. Foto: La Nación / GDA.
Sergio Kaufman, presidente de Accenture. Foto: La Nación / GDA.

¿Con eso es suficiente?

La vida prepandemia se extinguió y la única realidad que existe es la actual. De ahora en más, la tendencia en el futuro de los negocios pasa por cómo te sentís en tu trabajo, cómo te vinculás, el concepto de que trabajar requiere un lugar no está más, sino que el dónde pasa por la experiencia. El modelo de trabajo híbrido con horarios flexibles dependerá de la industria, pero es una realidad como también lo es compartir nuevas experiencias.

Accenture fue protagonista de dos adquisiciones locales. La compra de Glamit fue anunciada en octubre en un contexto volátil como es un año electoral. ¿Por qué?

El largo plazo es la apuesta. El comercio electrónico ofrece un semillero de oportunidades para las marcas. Las que lo hacen bien, reconocen que el éxito va más allá de la implementación de la plataforma. Requiere de una estrategia sólida basada en un conocimiento profundo del consumidor y una fuerte asociación con el ecosistema. Las capacidades integrales de e-commerce de Glamit profundizarán nuestros esfuerzos actuales para ayudar a las marcas a diseñar, innovar y operar su negocio para un crecimiento sostenido.

¿Qué más hace falta de este escenario para que Argentina encuentre una salida?

Para que el país se posicione como potencia de economía del conocimiento a nivel mundial hay que acelerar el ya potente sistema educativo, hablar inglés, tomar en serio la carrera, especializarse y buscar un lugar donde proyectarla. La brecha entre la oferta y demanda de trabajo se podría cerrar si se les explicase a los jóvenes que hay una oportunidad enorme de tener un sueldo y mantenerse solos y que de ahí en adelante les espera un crecimiento enorme, que los gobiernos y las empresas incentiven la educación y generen efectivamente ese empleo para proyectarse en el mundo. Esa es la salida y no Ezeiza.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error