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El gelato gana popularidad en La Habana pese a las rigurosas leyes

La legislación limita al sector no estatal en este negocio, pero aún así las heladerías pululan en la capital cubana

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Coppelia. Largas colas hay en la heladería estatal, la más reconocida de Cuba. Foto: Google Images.

Según los cubanos, tratar de vender congeladores a esquimales es el peor negocio y el mejor es vender helados en el trópico, o «gelatos» que comercializan con éxito algunos «cuentapropistas» con apoyo de italianos. «De todas maneras, para los privados no es fácil vender helado ni gelato», aseguró a ANSA Carlos Rodríguez, un pequeño empresario en La Habana que está estudiando la posibilidad de abrir una heladería «con productos hechos en casa», explicó.

Rodríguez quisiera abrir su «frío» negocio con garantías de que no violará las rigurosas leyes nacionales en el sector no estatal. Aún no existen macro mercados y eso, según él, lleva «a algunos» a comprar en el mercado ilegal para disminuir gastos. «Esa es una contravención que puede costar la licencia», observó.

«Es un error que evitaré pese a que la leche que se vende en los supermercados estatales, por ejemplo, es cara y la que se entrega a bajos precios en el país por el Estado no alcanza para comerciar» aseguró. «Espero que el Estado termine abriendo los macros», subrayó.

El cubano, azotado por el calor «húmedo» imperante en la isla casi todo el año, es un fiel amante del helado, pese a que no pueden comprar a menudo esa mercancía. No obstante, las heladerías aumentan. En Santos Suárez, un barrio muy populoso de la capital cubana, existen varias. Ambas «fabrican» sus mercancías «en forma» de bocaditos, batidos-helados, helados en barquillos y en vasos, con sabores tradicionales como el chocolate y el mantecado.

Uno de los establecimientos puso una nueva oferta hecha con «frutas secas» y espera la reacción de los clientes. «Estamos teniendo aceptación. Y para nosotros es barato hacerlo y venderlo a precios también más bajos», dijo la dependienta que se identificó como Ana.

Los expendedores del gelato dicen no poder bajar más sus precios, que van desde un barquillo que vale 1,50 CUC, moneda nacional de divisas con valor casi igual al dólar, hasta copas de 2, 3, 4 y 5 CUC cada una. Un kilo de cremoso gelato, hecho al mejor estilo italiano, vale 16 CUC. El salario promedio cubano es de unos 600 pesos cubanos (24 CUC).

Los cubanos conocen bien «los helados» y lo que necesitan para «cautivar» al cliente, o sea «que estén congelados y tengan el punto exacto de azúcar», dijo Magdalena Rodríguez en una cola en la heladería mas conocida de Cuba, Coppelia. Ella tiene «más de 60 años» y confiesa que siente nostalgia por «la Coppelia» de antes.

Cuando abrió sus puertas la gran heladería en 1966 ofrecía a sus clientes 26 sabores y 25 combinaciones. «Ahora son muchos menos sabores, pero sigo prefiriéndola porque tiene el mismo gusto ‘cubano’ al que me acostumbré de niña», aseguró.

La «competencia» privada aún no parece amenazar a esta heladería estatal, que tiene incluso negocios en el extranjero. Hoy, en La Habana está rodeada por filas de clientes, sobre todo los fines de semana. Pero el empresario Carlos cree que «experimentos» como el gelato y otros que comienzan a proliferar en diversas ciudades de la isla son «un verdadero reto para las tradiciones». 

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