SUSTENTABILIDAD

"A futuro mi hija me va a preguntar si es cierto que se compraba por precio"

El experto argentino Matías Kelly impulsa un cambio de paradigma en las empresas de la región.

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Matías Kelly. A las nuevs generaciones ya no les da lo mismo qué y donde compran, afirmó.

Matías Kelly habla de un cambio de paradigma en en el mundo empresarial y lo hace con convicción. Para el experto argentino, ese camino que transitan las «empresas B» (que impulsan el cambio social y medioambiental) no tiene vuelta atrás, porque a los consumidores ya no les da lo mismo dónde y qué compran. «Creo que mi hija, que tiene dos años, a futuro me va a preguntar si es verdad que antes se compraba una remera porque era más barata y no se tenía en cuenta de dónde venía, con qué material se hizo o si quienes la hicieron tenían contratos esclavos», reflexionó.

Su opinión se sustenta en una visión holística del tema; primero fue emprendedor, luego ingresó al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en Argentina, integró la red de emprendedores Ashoka y es fundador de Sumatoria, una plataforma que vincula a prestadores solidarios con microempresarios. Por ello, sostiene que la innovación social se promueve desde tres ángulos: empresas, gobierno y organizaciones que impulsan a emprendedores.

Kelly visitó Montevideo para participar del Festival Internacional de Innovación Social (FIIS) que comenzó ayer y se extiende hasta el domingo. Lo que sigue es un resumen de su diálogo con El Empresario.

—¿Qué deben hacer las empresas para cambiar de paradigma?

—Lo primero, es medirse. Ver qué tan empresa B se puede ser. Para eso hay varias herramientas, incluso Empresas B tiene una encuesta online gratuita y anónima. Y ver si al escalar ese impacto positivo es mayor. Hay varios ejemplos, uno es el caso de Umana, un sistema de salud privado creado por el ginecólogo Jorge Gronda en Jujuy, norte argentino. Él vio que el sistema no llegaba con tratamientos ginecológicos a las mujeres más vulnerables y decidió crear uno nuevo, con lo último en tecnología a precios muy accesibles y así logró que en los últimos años se redujera la tasa de cáncer de útero en esa zona.

—Las nuevas generaciones crecen con ese nuevo modelo, ¿qué casos de éxito hay en la región?

—Sí, hoy los jóvenes nacen así, desarrollando proyectos que surgen con el ADN del impacto social. Un ejemplo de ello es Thomas Kimber, que creó Karun, empresa chilena que hace lentes con restos de redes de pesca o madera nativa de árboles caídos provenientes de la Patagonia. O Guayakí, que surgió de un proyecto universitario del argentino Alex Pryor (y su socio californiano, David Karr), que produce yerba mate orgánica y otros subproductos en el noreste de Argentina, Paraguay y Brasil. Es un negocio tradicional, pero a fin de año, al hacer la puesta a punto se calcula un triple balance: cuánto dinero ganó, cuánto bosque nativo se restableció (porque produce teniendo en cuenta la recuperación del bosque) y qué impacto social tuvo (ya que trabaja con comunidades de pueblos originarios). Pero ya existían empresas B antes de conocerse el concepto, como Patagonia, la empresa de ropa norteamericana que produce con algodón orgánico o materiales reciclados en condiciones laborales justas.

—¿Cómo pueden colaborar los gobiernos?

—Desde las políticas públicas. En algunos países, y Argentina lo está tratando en el Congreso, se están generando marcos regulatorios para que el objetivo social y medioambiental sea parte del propósito de la empresa. De esta forma, un CEO de una compañía puede tomar una decisión de este tipo aunque no tenga beneficios económicos. Hoy no se puede, porque las empresas están para brindar beneficios monetarios a los accionistas. Por ejemplo, en una compañía en EE.UU. una persona tomó una decisión que priorizaba lo ambiental con lo económico, los accionistas le hicieron un juicio y le ganaron.

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