EMPRESAS

La fórmula del éxito de Ingvar Kamprad, el creador de Ikea

El millonario sueco falleció el domingo pasado a sus 91 años de edad. De la mano del reconocido minorista de muebles, había logrado amasar una fortuna de US$ 58.700 millones, cifra que lo posicionaba como el octavo hombre más rico del mundo. 

Emprendedor. Con solo 17 años registró su negocio. Consideraba que el ahorro era la base del éxito de la compañía.
Emprendedor. Con solo 17 años registró su negocio. Consideraba que el ahorro era la base del éxito de la compañía.

Ingvar Kamprad, el empresario sueco que se volvió uno de los hombres más ricos del mundo con Ikea, un imperio de mobiliario de diseño simple y bajo costo, murió el sábado en su casa en Smaland, Suecia, a sus 91 años.

Más allá de la versión autorizada de su vida y el éxito de su empresa Leading by Design: The Ikea Story (1999), escrita con Bertil Torekull, su biografía era bastante desconocida por el público en general. Creció en una granja. Ordeñaba vacas, era disléxico y le costaba concentrarse en la escuela. Su familia era pobre y ganaba dinero vendiendo fósforos y lápices. A los 17 años, registró su negocio de pedidos de artículos para el hogar por correo. Lo llamó Ikea, con sus iniciales, las de su granja, Elmtaryd, y la aldea, Agunnaryd.

En las siguientes siete décadas, Kamprad convirtió a Ikea en el minorista de muebles más grande del mundo: con más de 350 tiendas en 29 países de Europa, Norteamérica, el Caribe, Oriente Medio y Asia, ventas por unos US$ 47.600 millones, más de 930 millones de visitas a tiendas y 210 millones de destinatarios de catálogos en 32 idiomas.

Su primer showroom lo abrió en 1953, en Almhult; en 1958, se convirtió en la primera tienda de Ikea. En la década siguiente, abrió en Estocolmo, en otros sitios de Suecia, en Dinamarca y Noruega. Alarmados por las crecientes ventas de la compañía, sus competidores organizaron un boicot con los proveedores de Ikea, pero resultó contraproducente: Kamprad fue a Polonia en busca de materiales y fabricación, lo que redujo aún más los costos. En 1985, el primer Ikea abrió en EE.UU., cerca de Filadelfia. En los noventa, se hizo popular en Europa del Este, y en 2000, llegó a Rusia y China. La compañía poseía la mayoría de sus tiendas (cerca de un 10% eran franquicias).

Sus competidores le hicieron boicot pero eso le facilitó bajar sus costos.

Así, Kamprad amasaba una fortuna de US$ 58.700 millones y era considerado la octava persona más rica del mundo, según el índice Bloomberg Billionaires. Toda su vida pregonó el ahorro, que consideró la base del éxito de Ikea.

En 1994, el periódico de Estocolmo Expressen descubrió que Kamprad se había unido al movimiento fascista de Engdahl en 1942, había asistido a reuniones, recaudado fondos y reclutado miembros. Él dijo que «lamentaba amargamente» ese pasado. Los grupos judíos llamaron a boicotear a Ikea, pero su negocio sufrió poco, si es que lo hizo.

Hágalo usted mismo.

Ikea se forjó en base a la frugalidad: construyendo tiendas en terrenos menos costosos fuera de las ciudades, comprando materiales con descuento, minimizando el personal de ventas para que los clientes puedan comprar sin presión y empacando los artículos en cajas planas para que los clientes los lleven para ensamblarlos en el hogar (siguiendo instrucciones).

Ikea. La cadena tiene hoy 350 tiendas en todo el mundo y registra ventas por US$ 47.600 millones
Ikea. La cadena tiene hoy 350 tiendas en todo el mundo y registra ventas por US$ 47.600 millones

Simplicidad sin desperdicio.

En 1976, Kamprad escribió un manifiesto, «El testamento de un comerciante de muebles», con mandamientos que enumeran la simplicidad como una virtud y el desperdicio como un pecado. Se esperaba que los empleados absorbieran «el espíritu de Ikea», fueran humildes, limpios y corteses, no solo conocedores de los productos de Ikea, sino entusiastas de su ideología corporativa.

Ahorrativo, aunque no tanto.

Viajaba en clase económica, se alojaba en hoteles baratos y solo gastaba en gangas. Se esperaba que sus ejecutivos siguieran ese ejemplo. Sin embargo, pese a su fama de austero, su casa era una villa con vistas al lago de Ginebra, y tenía una finca en Suecia y viñedos en Provenza. Manejó un Porsche así como el Volvo antiguo que ostentaba.

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