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La felicidad al servicio de los negocios

Un «experimento» en Harvard muestra que la relación con el éxito es opuesta a lo que se supone

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Gilbert. "'Dejen las manos levantadas si hoy son felices'. Casi todos las bajan". (Ilustración: Gabriel Ippolitti, WOBI)

La mayoría de la gente cree que, para ser feliz, basta con ser exitoso. Pero no es así. Ilustraré la verdadera relación entre éxito y felicidad mediante dos historias: un experimento de Daniel Gilbert, profesor de Harvard, y una experiencia personal.

Gilbert entrevistó a docentes universitarios que estaban próximos a conseguir la titularidad de sus cátedras. Le hizo a cada uno de ellos varias preguntas. La primera fue: «¿Cuán feliz sería si obtuviera la titularidad?». Las respuestas oscilaron entre «extremadamente feliz» y «en estado de éxtasis».

A continuación, Gilbert les preguntó: «¿Cuánto tiempo creen que serían felices y por qué?». En general, las respuestas se asemejaron a la siguiente: «Por el resto de mi vida, porque ya no me sentiré presionado. Podré relajarme, disfrutar del trabajo». Tercera pregunta: «¿Cómo se sentiría si no obtuviera la titularidad?». Los profesores respondieron de manera unánime: «Desolados». Pregunta final: «¿Cuánto tiempo se sentirían desolados?». «Mucho. Porque trabajamos varios años para lograr ese objetivo. Y no alcanzarlo haría que nuestros sueños se destruyeran», fue la respuesta de la mayoría.

Gilbert volvió a reunirse con ellos cuando ya estaban al tanto de los resultados. Y, tal cual lo previsto, quienes habían sido nombrados profesores titulares se sentían extremadamente felices, y desolados aquellos que no obtuvieron la promoción. Pero unos meses más tarde, durante un nuevo encuentro, Gilbert descubrió que, casi sin excepción, habían vuelto al nivel en el que estaban antes de conocer los nombramientos. En otras palabras, si eran felices antes seguían siéndolo, más allá de que hubieran obtenido o no la titularidad. Disfrutaron de un altísimo nivel de bienestar al obtenerla, pero fue temporario. Experimentaron un bajón como resultado de no obtenerla, pero fue temporario. El éxito no lleva a la felicidad y, sin embargo, los profesores vivieron varios años engañados por esa ilusión.

Mi experiencia sobre este tema se repite año tras año durante las clases que dicto en Harvard. El primer día les pido a los alumnos que levanten la mano aquellos que se sintieron extremadamente felices cuando recibieron la carta de aceptación de la universidad. Casi todos las levantan. Luego les hago el siguiente planteo: «Dejen su mano alzada si en ese momento pensaron que serían felices por el resto de sus vida». Casi todas las manos siguen arriba. ¿Por qué? Porque sus maestros, sus padres y muchas otras personas les habían dicho que si lograban ingresar a la universidad en la que querían estudiar podrían tener éxito y ser felices. Por fin les digo: «Dejen las manos levantadas si hoy son felices». Casi todos las bajan.

¿Eso quiere decir que no hay relación entre las dos variables? No, la relación existe, solo que es opuesta a lo que suponemos. El éxito no lleva a la felicidad, pero la felicidad nos ayuda a ser más exitosos.

Innumerables investigaciones demuestran que, en las empresas, las emociones positivas generan más compromiso y niveles más altos de creatividad; mejoran las relaciones y el trabajo en equipo; incrementan la productividad; reducen la rotación de empleados y el ausentismo. En otras palabras, la felicidad rinde buenos dividendos.

Un «gurú» con cátedra concurrida

¿Se puede enseñar a ser feliz? El experto israelí especializado en psicología positiva y liderazgo, Tal Ben-Shahar, demuestra que sí. Y con hechos. Su cátedra sobre el tema en la Universidad de Harvard es una de las más concurridas (con miles de alumnos por semestre), y las recomendaciones de

sus alumnos la siguen

nutriendo, año tras año. La cátedra está fundamentada en encuestas y estudios de campo sobre las características y componentes que permiten vivir felizmente. (WOBI)

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