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En los estadios de fútbol, la comodidad le gana cada vez más al folclore

Reconocidos diseñadores de moda y firmas de interiorismo decoran y ambientan espacios en famosos escenarios deportivos, en sintonía con la apuesta de los clubes de privilegiar el confort

Chelsea.
Chelsea. Michael Essien, John Obi Mikel y Daniel Sturridge posan con los trajes de Dolce & Gabbana.

«The economy, stupid» fue la frase que se le ocurrió en 1992 al equipo de campaña de Bill Clinton para decirle a George Bush padre que no le alcanzaba con ser el paladín de la Guerra del Golfo y la Guerra Fría, aunque le reportara un 90% de popularidad, récord histórico en los EE.UU., y quizás en el mundo.

Con el correr de los años, «Es la economía, estúpido» se convirtió en una bandera de varios analistas para explicar fenómenos varios. Los más recientes son el de la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. y el del ascenso electoral de los Fernández (Alberto y Cristina) de cara a los comicios de octubre en Argentina.

La frase tiene una maleabilidad digna de destacar, a tal punto que, tuneada, puede llegar hasta el fútbol. En Expo Real Estate, evento que se realiza cada agosto en Buenos Aires, compartí experiencias con Héctor Liberman, dueño de la firma de interiores Walmer, que tiene locales en ambos lados del charco, desde Montevideo y Punta del Este hasta Recoleta y Nordelta.

Me contó el empresario que su corazón carbonero lo llevó a ofrecerle a Peñarol ambientar todos los palcos del estadio «Campeón del Siglo». Esa experiencia —acá viene la noticia— la replicará con la zona VIP del nuevo estadio de Estudiantes de La Plata, que cortará cintas el 9 de noviembre.
Cuando lo escuchaba a Liberman, hice el switch y automáticamente adapté la memorable frase de Clinton a la más glamorosa «es la comodidad, estúpido».

Me apoyo en casos similares a los de «pinchas» y «manyas», como el que sucedió en 2010 en Londres, cuando los diseñadores italianos Domenico Dolce y Stefano Gabbana firmaron un contrato por tres años con el Chelsea, a través del cual vistieron a los integrantes del plantel, pero también «lookearon» los espacios VIP del emblemático estadio Stamford Bridge.

Seguro que se pueden multiplicar los ejemplos, pero más allá de eso vale la pena entender la estrategia detrás de la frase «es la comodidad, estúpido». Cuando Jorge Valdano era director general del Real Madrid, contó que a los espacios en los estadios hay que mirarlos con ojos de gerente comercial de una línea aérea.

Santiago Bernabéu
Santiago Bernabéu. Los asientos "First Class" en el estadio del Real Madrid cuestan 200.000 euros por temporada.

«El Santiago Bernabéu tiene un 96% de los asientos que son ‘economy’, un 2% son ‘business’ y el 2% restante son como los de Primera en un avión». Lo curioso, dijo el argentino, es que el 4% facturaba lo mismo que el 96%, teniendo en cuenta que un asiento ‘business’ valía 100.000 euros la temporada, y el ‘First Class’ justo el doble. Y lo más jugoso fue el argumento de venta para lograr que le compren los más caros. «En el abono más alto le garantizamos al que lo adquiere que por lo menos se cruzará dos o tres veces con el rey, y cada partido que vaya verá con todos los ministros». Valdano dixit.

En la música suele suceder algo parecido. En su mix de ingresos, los cantantes históricamente ganaban plata por los derechos de autor y por la venta de placas (desde el vinilo al CD, pasando por el cassette). Hoy, tras la «uberización» de la música que inició Apple con iTunes y ahora sigue Spotify, los artistas «viven» de los conciertos. Si uno le pregunta a los organizadores de los shows, comprobará que las primeras entradas que se venden son las de mayor valor, pues cada vez más se prioriza vivir una experiencia cómodo que apretado.

Por supuesto que siempre será un buen plan ver un partido en la Amsterdam o la Colombes, generará adrenalina ponerse a centímetros de la curva en la cual hará malabares un piloto de rally, se mantendrá como legado el aroma a choripán en los estadios y habrá carpas haciendo el aguante tanto en las carreras de autos populares como en los mega-shows de las estrellas de rock. Pero a modo de tendencia, «billetera mata folklore».

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