INFORME

La disrupción en el campo acelera la actualización del trabajador rural

La automatización y digitalización en la agroindustria y el sector forestal amenazan el empleo; la fuerza de trabajo comienza a sumar nuevos conocimientos para dar mayor valor agregado a sus tareas

trabajador tablet campo
Los datos y los automatismos están redefiniendo de a poco el perfil de los trabajadores rurales.

Drones que sobrevuelan predios recolectando información sobre las condiciones del terreno, plataformas que permiten monitorear en tiempo real y a distancia la actividad en el campo, y automatismos que hacen tareas con altísima precisión están dinamizando la producción rural uruguaya. Mientras ganan adeptos entre los productores, el impacto que estas herramientas tienen en el empleo dentro de la industria agropecuaria es una de las interrogantes que trae la Cuarta Revolución Industrial.

No hay una respuesta definitiva, pero hay algunos indicios. La OPP publicó en enero el informe «Automatización y empleo en Uruguay» donde advierte que el riesgo de automatización «es de mayor magnitud en sectores como el agropecuario, el financiero y la elaboración de alimentos». Esa amenaza es de un 85% en la rama «Agro, Pesca y Forestal», y de 88% en el caso de los trabajadores de la categoría (solo los supera el «personal de apoyo administrativo» con 94%).

«Hay riesgo, pero a partir de que está identificado se puede trabajar para mitigarlo», con la generación de nuevos sectores y perfiles de profesionales con un «mayor desarrollo cognitivo», matizó Valeria Sasso, gerenta ejecutiva de AdP-Agronegocios del Plata.

La amenaza de la automatización no implica de forma inevitable la destrucción de empleos, afirmó. «Tenemos un ejemplo en ganadería que genera más puestos de trabajo que la ganadería extensiva a cielo abierto. Tenemos un corral con entre 4.000 y 5.000 cabezas de ganado donde empleamos entre 15 y 20 personas, mientras que uno de ganadería extensiva demanda más hectáreas y recursos pero mucho menos personal», detalló.

La empresa, que fue pionera en el uso de drones para recabar imágenes satelitales en el campo, utiliza varios automatismos en sus procesos. Aplica trazabilidad a sus productos cárnicos (con código QR), hace automatización de las dietas del ganado feedlot, y toma decisiones a partir de modelos de resultados económicos en la compraventa de ganado, entre otros avances. «Ahora estamos analizando (incorporar) un sistema de pulverización (de herbicidas) dirigida», complementó Sasso.

Estas soluciones se desarrollan dentro de la propia empresa en base a tecnologías de otros países. La capacitación de los trabajadores en el uso de esas herramientas —AdP-Agronegocios del Plata tiene 140 empleados fijos y otros 15 o 20 zafrales— también es interna. «Cada vez que aparece un sistema nuevo lo trabajamos, desarrollamos y nos capacitamos usándolo», comentó Sasso.

La habilidad de adoptar más rápidamente nuevas tecnologías es una cualidad cada vez más requerida en los trabajadores rurales, comentó la ejecutiva, a la vez que se necesita desarrollar capacidades que fomenten el proceso cognitivo.

riego de cultivo
El riego de cultivo automatizado desde el smartphone es una práctica cada vez más extendida.

Los tambos uruguayos también se están modernizando a niveles insospechados. En algunos establecimientos los robots son los que ordeñan a las vacas. Con ello contribuye la multinacional holandesa Lely, presente 43 países y con 35.000 robots instalados, que opera en Uruguay desde 2016.

«Estamos instalando ahora los primeros dos Astronaut A5, un modelo más nuevo en el mercado. Y estamos trabajando en varios proyectos para este año. Además, estamos con alimentadores de terneros en tres tambos, y tenemos para este año cinco pedidos más», detalló el gerente, Annejan Busman.

Una primera ventaja de los robots pasa por la eficiencia: «Más litros por vaca, con menos costos fijos». Además de leche, los robots extraen datos sobre la vaca (si está en celo, la temperatura de la leche como indicio de mastitis, entre otras funciones) a través de sensores.

Busman dijo que los dispositivos no sacan mano de obra, sino que modifican la rutina de trabajo en el tambo a un «horario de oficina». «Además, hay tiempo para mejorar la infraestructura, cuando ahora muchas veces no hay personal suficiente o tiempo», acotó.

Más capacitación

La industria forestal no escapa a esta revolución. El presidente de la Sociedad de Productores Forestales, Carlos Faroppa, dijo que la gremial está trabajando con instituciones de enseñanza (como UTU y UTEC) para repensar los planes de estudio con una bajada más tecnológica, pero también en la adaptación de los docentes que van a capacitar a los trabajadores. Conocimientos en hidráulica, neumática, electrónica y mecatrónica son algunas de las competencias en las que se hace hincapié. «La UTEC se está enfocando en mecatrónica y se está promoviendo porque el sector lo requiere», indicó Faroppa.

La industria ocupa unas 25.000 personas, pero Faroppa sostuvo que «no está creciendo en empleos por problemas coyunturales y algunos estructurales». También influye que cada nuevo desarrollo tiende a requerir «menos horas laborales o personas por metro cúbico de madera transformada».

Trabajadores ahora suman conocimientos en áreas como hidráulica o mecatrónica

En Uruguay, la industria forestal es «relativamente nueva» y como tal se van adaptando e incorporando las mejores tecnologías disponibles». Esto se observa en las plantas de celulosa y en la producción de tableros (aquí la automatización y digitalización «interpretan la forma del árbol, los defectos del tronco, fija patrones de corte rápidos, y la planta lo que hace es cortar la madera a altas velocidades» aprovechando el material). El estudio de imágenes también ha evolucionado de la cartografía más artesanal a modelos digitales con alto grado de precisión. Y todo esto se traduce en una operativa más eficiente.

Mauricio Pintado, CEO de la plataforma Zafrales, cree que «la incorporación de tecnología en Uruguay es una realidad, pero estamos muy lejos de que la robotización sustituya al hombre». Al menos por completo. En los viñedos se cosecha solo un 30% o 40% de la producción de forma mecanizada, dice. «Acá se habla de mecanizar los trabajos por lo que cuesta la mano de obra. Hoy a las empresas les cuesta mucho un trabajador y, si a eso le sumamos las ineficiencias (como el ausentismo), piensan en qué máquina han inventado para poder hacer la cosecha», observó Pintado.

Su plataforma, Zafrales, atiende la demanda de empresas agropecuarias que necesitan personal temporal. El sitio apunta a un mercado de 2,5 millones de jornales zafrales. La empresa tiene 300 personas en actividad, aunque el mes pasado eran 500. El número fluctúa por los cambios de zafra.

Por el cambio de paradigma, Pintado dice que los trabajadores se están capacitando en áreas como hidráulica y electrónica. La tecnología es indispensable para producir con mayor dinamismo y viabilidad, concluye. «No se puede seguir trabajando como hace 15 años. Hay que trabajar en forma profesional».

Inefop se quiere anticipar a la demanda

Eduardo Pereyra, director de Inefop
Eduardo Pereyra, director de Inefop

La revolución tecnológica y sus impactos en la agroindustria y el sector forestal en materia de empleo es un tema que viene siguiendo el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), afirmó su director, Eduardo Pereyra.

«Estamos trabajando para anticiparnos a las necesidades que tiene el sector productivo y el mercado de trabajo en torno a qué tipo de perfil de trabajadores se requieren», dijo. Frente a esto, el Inefop plantea una «oferta en formación muy diversificada, pero que tiene un incremento en propuestas de carácter técnico-tecnológico», precisó Pereyra.

Inefop brinda las capacitaciones técnicas —a demanda de la industria o por iniciativa propia— a través de instituciones de formación, aclaró.

Una de las áreas en las que se está poniendo foco es programación, a la luz del avance del uso de herramientas tecnológicas y automatizadas en distintas industrias, incluida la agropecuaria. Esa rama, junto a la forestal, captan «más del 30% de la oferta formativa que brinda Inefop», destacó Pereyra. Es que son actividades que dan empleo a «más de 100.000 personas y esas industrias demandan capacitación permanente», argumentó.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados