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Dinamarca designa el primer embajador para la industria tecnológica en Silicon Valley

Casper Klynge, un diplomático de carrera de Dinamarca, representa los intereses daneses ante los gigantes tecnológicos como Facebook y Google 

Casper Klynge
Klynge. Asegura que es el trabajo más difícil que le tocó sus años de carrera.

Casper Klynge, un diplomático de carrera de Dinamarca, ha trabajado en algunos de los lugares más turbulentos del mundo. Una vez pasó 18 meses inmerso en los trabajos de reconstrucción en Afganistán y, durante dos años, encabezó una misión de manejo de crisis en Kosovo.

Sin embargo, Klynge señala que quizás el trabajo más difícil que se le ha asignado sea el que tiene ahora como el primer embajador extranjero del mundo para la industria tecnológica.

En 2017, Dinamarca se convirtió en el primer país en crear el cargo para representar sus intereses ante empresas como Facebook y Google. Después de que las autoridades decidieran que los gigantes tecnológicos ahora tienen tanto poder como muchos gobiernos (o más) enviaron a Klynge a Silicon Valley.

Aún no logró reunirse con Mark Zuckerberg (Facebook) ni con Sundar Pichai (Google) ni con Tim Cook (Apple).

«Nuestros valores e instituciones, la democracia, los derechos humanos, están siendo desafiados por el surgimiento de las nuevas tecnologías», dijo Klynge durante la reunión anual de los cuerpos diplomáticos daneses. «Estas empresas han pasado de ser tener intereses comerciales a convertirse en actores de hecho en la política exterior», añadió.

No obstante, tras dos años en el puesto, Klynge no se engaña sobre el lugar que ocupan las inquietudes de Dinamarca en la mente de los ejecutivos de Silicon Valley. Las reacciones a su presencia han sido diversas. No se ha reunido con Mark Zuckerberg (Facebook) ni con Sundar Pichai (Google) ni con Tim Cook (Apple).

A las autoridades danesas les preocupan los retos que la tecnología plantea como la difusión en redes sociales de contenido controversial, cuestiones sobre la privacidad y las firmas que almacenan gran cantidad de datos, la ciberseguridad y los bajos impuestos que pagan las empresas fuera de EE.UU.

Los obstáculos que Klynge ha enfrentado en Silicon Valley han sido aleccionadores. Dijo que tardó nueve meses en reunirse con un alto ejecutivo de una de las empresas tecnológicas más grandes. Llegó con la expectativa de que tendría una conversación honesta sobre temas acordados previamente, pero, en cambio, le ofrecieron un recorrido por las oficinas.

Algunas empresas dijeron que estaban comenzando a entender mejor la tarea de Klynge. Smith, presidente de Microsoft, indicó que habla con regularidad con el embajador, cuya designación, según dijo, le brinda a Dinamarca una «influencia impresionante».

Klynge afirmó que no se debe subestimar a su país. Como miembro de la Unión Europea (UE), puede influir en las normas acerca de la privacidad, la competencia, la moderación del contenido, los impuestos y la desinformación. Señaló que con frecuencia tenía que aclararles a los ejecutivos que sus funciones no dependen del trabajo de Margrethe Vestager, quien hace cumplir las reglas antimonopolio de la UE y ha impuesto miles de millones de dólares en multas al sector.

El equipo de Klynge (11 personas distribuidas entre California, Dinamarca y China) reporta al gobierno danés sobre lo que sucede en las empresas, y en áreas como ciberseguridad, el uso creciente de datos en la salud, y vehículos autónomos. Luego los funcionarios pueden remitir la información a quienes diseñan las políticas.

Klynge, que pasó la mitad del año viajando a otros centros de tecnología como China, India y algunos países europeos, se sorprendió al comprobar que las empresas chinas estuvieran más abiertas que las de EE.UU. a hablar sobre temas políticos. En realidad, admite que «la diplomacia es, por naturaleza, un asunto a largo plazo en el que las metas no se cumplen de un día para otro».

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