RR.HH.

Un despido de Google disparó debate sobre sexismo y libertad de expresión

Cómo proceder ante quienes difunden opiniones controvertidas en el trabajo es el tema pendiente.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sundar Pichai. El CEO de Google decidió despedir al controversial ingeniero. (Foto: Reuters)

Las firmas líderes de Silicon Valley celebran las conmociones, pero no los empleados que las provocan. Google se ha encontrado en el centro de una controversia luego de que un ingeniero de sistemas anónimo, que más tarde se supo es el graduado de Harvard James Damore, difundiera un memo de 10 páginas titulado «La caja de resonancia ideológica de Google».

Lo publicó en dos redes internas de la compañía donde explicaba por qué hay tan pocas mujeres en los escalones superiores del sector tecnológico. En vez de sexismo apuntó a factores «biológicos», como la supuesta predisposición de las mujeres a sufrir de ansiedad y estrés en el trabajo. Al promover la diversidad de género, acusó, Google silencia a la gente cuyos puntos de vista políticos difieren del liberalismo que es mayoritario en California.

El gigante tecnológico decidió echarlo. Sundar Pichai, el CEO, dijo que partes del memo de Damore violan su código de conducta y hacían que el medio laboral fuera hostil para las mujeres. No dar importancia al memo sería no percibir el verdadero carácter de Silicon Valley y las maneras en que podría cambiarse. La mayoría de los tecnólogos allí lo considera una oveja negra, pero él expresó ideas que algunos programadores hombres tienen aunque nunca las expresen en voz alta.

Y si bien muchos de los asertos del memo son risibles, como la idea de que las mujeres no son programadoras porque están menos intrigadas por las «cosas» que los hombres, otros tienen más sentido. Uno es que las iniciativas de diversidad podrían ser más transparentes. Las firmas hoy en día se limitan a publicar cifras anuales sobre la composición de su fuerza laboral, pero podrían hacer un mayor esfuerzo por cuantificar cómo van sus iniciativas.

El argumento general de Damore de que Silicon Valley es bastante tolerante de la diversidad racial y de género, pero intolerante de la diversidad de opinión es el más poderoso. En el sector tecnológico liberal los conservadores que expresan sus opiniones son tan escasos e impopulares como los teléfonos fijos. Cuando Peter Thiel, un destacado capitalista de riesgo, respaldó a Donald Trump en la campaña presidencial de 2016, fue condenado por muchos de sus pares. Hay similares vientos de intolerancia barriendo las universidades liberales de EE.UU., donde los oradores conservadores se enfrentan a protestas o ven canceladas sus apariciones.

Por cierto, Damore es idolatrado por quienes lo apoyan. El movimiento de la llamada Alt Right (derecha alternativa) en EE.UU. está celebrando su franqueza. Algunos miembros han iniciado una campaña de crowdfunding para sostenerlo en caso de que demande a Google y fracase. Otros se preguntan si el momento en que publicó su memo —en el calor del verano cuando tenía certeza de recibir la mayor atención— fue elegido cuidadosamente. Antes de ser echado, Damore presentó una queja ante la Dirección Nacional de Relaciones Laborales de EE.UU. que pocos empleados pensarían en hacer sin asesoramiento legal, asegura la abogada laboralista Pamela Sayad.

El despido de Damore puede ir desapareciendo de las noticias, pero el debate sobre el género en la tecnología probablemente se intensifique. El otro efecto será profundizar el debate sobre libertad de expresión en el trabajo. Google puede haber actuado de manera acertada para sus empleadas y su imagen pública, pero no respondió la pregunta de cómo debe manejarse a los que expresan opiniones controvertidas en el trabajo. Mucha gente notará que una compañía que es conocida por su pensamiento audaz y fuera de todo esquema eligió imponer a rajatabla su manual del empleado. 

En el banquillo de los acusados.

En los últimos meses, Silicon Valley ha estado asediada por casos probados de sexismo contra mujeres en el trabajo y el acoso sexual de empleadas. Hasta ahora Uber es la que ha llevado la peor parte: en poco tiempo perdió a la mayoría de sus ejecutivos, incluyendo su patrón, Travis Kalanick. Entre los que están bajo fuego por su trato a las mujeres también están varios fondos de capital de riesgo, acusados de inculcar sus culturas dominadas por el machismo a las compañías nuevas que financian. (La Nación / GDA)

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º