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Dejar la camiseta en un lugar mejor

Ante acciones negativas de sus jugadores que manchaban su imagen, River y Boca echaron mano a estrategias para minimizar el impacto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Ricky" Centurión. No aceptó las cláusulas de conducta en su contrato con Boca.

Pasó la semana pasada del otro lado del charco. Boca y River salieron airosos ante el escandaloso comportamiento de algunos de sus futbolistas y capearon la situación con estrategias que bien podrían mencionarse en manuales de gestión de crisis. Me refiero al frustrado pase del polémico Ricardo Centurión al club de la Ribera, y el doping de Camilo Mayada y Lucas Martínez Quarta en el club de Núñez. Es interesante analizar cómo se movieron en esta cancha los ejecutivos que habitualmente están detrás del escritorio.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Centurión? De un jugador notable. Desequilibrante. Joven, 24 años, experiencia internacional. Con futuro promisorio.

No me consta, pero estoy seguro que Boca no ahorró en psicólogos cuando lo trajo de San Pablo a préstamo y lo pescó en orsái en un par de situaciones (imágenes con armas de fuego de grueso calibre, denuncia por violencia doméstica, por mencionar algunas).

Estaba para irse, pero un imán lo atrajo. Más de un jugador desearía que un DT como Guillermo Barros Schelotto le pidiera tanto que no acepte un pase a Europa con la revisión médica aprobada. ¿Pero qué hizo Centurión un día después de pisar Ezeiza para devolver la gentileza? Lo mismo que generaba dudas en la dirigencia: protagonizó un incidente nocturno en un boliche del barrio de Lanús. El futbolista reaccionó a su manera: «tribuneando» en las redes sociales. Poniendo el problema en el terreno del otro, en vez de en el propio. Los hinchas, en las mismas redes, se dividieron entre los que piensan solo en la pelotita y aquellos que creemos que un club es mucho más importante que un jugador. En Argentina muchos piensan que hay que tener más derechos que obligaciones. James Kerr, en su libro Legado, usa una frase que es casi lema de los All Blacks: «Dejar la camiseta en un lugar mejor».

Centurión, en Boca, no lo hizo. El club reaccionó a tiempo y puso entre las sogas al apodado Ricky proponiendo cláusulas de conducta en su contrato. Como resultado, el futbolista decidió firmar para el Genoa, San Pablo recibió menos plata (US$ 1 millón) y Boca se ilusionó con Edwin Cardona por un tiempo de cuasi magia ante Nacional en un amistoso en Ciudad del Este.

Dos semanas antes del "CentuGate", en River comprobaron que el sol no se puede tapar con las manos, pero sí el doping con buenas noticias.

Un día explotó la bomba: doping masivo en jugadores de River. Se llegó a hablar de siete integrantes del plantel, se especuló con nombres, pero al final fueron dos —Camilo Mayada y Lucas Martínez Quarta— con contraprueba positiva.

Al día siguiente de la apertura de la segunda muestra empezó a funcionar el plan de contingencia. Para atemperar la tormenta, en Nuñez entremezclaron acciones pensadas y fortuitas.

Como primera medida el director técnico, Marcelo Gallardo, y el jefe del cuerpo médico del club, Pedro Hansing, explicaron su verdad en una conferencia de prensa. En forma paralela les cayó del cielo la posibilidad del pase de Sebastián Driussi al Zenith de Rusia en una millonada. Ya la página de los diarios se dividió en dos temas. Pero lo interesante fue lo sucedido en la semana posterior. Un lunes, River anunció el regreso de Germán Lux. El martes, sumó a Javier Pinola, el miércoles a Ignacio Scocco, el jueves a Enzo Pérez y el viernes, en el mismo Monumental donde siete días atrás se hablaba de doping masivo, se realizó la presentacion oficial de la nueva escudería millonaria. Todo indica que los pases se hicieron al unísono, pero la comunicación fue dosificada para contar buenas noticias. Lo fortuito es que el sábado se realizó la despedida de un ídolo del club, Fernando Cavenaghi; domingo y lunes los medios se ocuparon de la previa al partido de la Copa contra Guaraní en Asunción, el martes fue el partido, y el miércoles, encima, un 2-0 a favor de visitante.

Boca y River tuvieron baile. De ambos se puede aprender mucho. Sobre todo que en los escritorios de los dirigentes nunca debe faltar un manual de crisis, por si algo pasa. Y siempre algo pasa...

* Periodista especializado en empresas y marketing deportivo.

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