Entrevista

Hace 30 años hizo una casa rodante con un plano de una revista y hoy es referente en el rubro

En tres semanas, Carlos Píriz vendió tres de estos vehículos y decidió crear Carlitur, empresa que ya cuenta con más de tres décadas en el rubro, y que ahora tiene foco en foodtrucks

Carlos Píriz, director de Carlitur
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Carlos Píriz tiene 58 años y si bien no recuerda qué lo llevó a comenzar en el rubro casas rodantes sin saber absolutamente nada del negocio, no duda en asegurar que es lo que quiere hacer para siempre. Tampoco dudó en 2008 cuando decidió volver de EE.UU. para reactivar su empresa, Carlitur cerrada en 2002 por la crisis económica.

Y estar seguro de "hacer siempre lo mejor, con la mejor calidad" es lo que logró la confianza de sus clientes, quienes lo han impulsado a ampliar su abanico de productos para pasar de tráileres y casas rodantes a motorhomes, foodtrucks y más.

Asegura que el sector está en un buen momento y que ni la importación ni la competencia afectan su negocio. Está casado, tiene dos hijos y su hobbie es viajar.

Es técnico en electrónica de comunicaciones, ¿cómo se acercó al rubro de tráileres y casas rodantes?
Fue hace más de 30 años, yo terminaba el curso de técnico en electrónica de comunicación en la escuela EUCI y comencé a trabajar en una empresa. A las dos semanas renuncié por temas personales y decidí hacer un tráiler de turismo.

Casas rodantes. La empresa busca siempre innovar con nuevos modelos. (Foto:
Casas rodantes. La empresa busca siempre innovar con nuevos modelos. (Foto: Leonardo Mainé)

¿Por qué hacer un tráiler?
Ahora no lo recuerdo pero tenía las herramientas y los materiales, porque mi padre era galponero. No estudié eso sino técnico en comunicaciones, tendría que estar arreglando computadoras pero decidí ir por acá. Lo primero que hice fue un tráiler de turismo, aprendí por cuenta propia con la revista Weekend, que traía planitos de cómo hacerlos. Lo puse a la venta en el Gallito Luis y el mismo domingo que salió lo vendí. Y dije: «Esto debe ser fácil». Entonces decidí hacer una casa rodante y a las dos semanas de publicada el aviso la vendí. A la semana y media me llama el dueño de la bodega Aguerre y me pide otra. Como por tres domingos más salieron los avisos y en la última semana vendí otra más. Fueron tres casas rodantes en poco más de tres semanas. Y ahí dije que quería dedicarme a esto y no paré más hasta 2002, cuando por el impacto de la crisis tuve que cerrar. Volví a abrir en 2008.

¿Qué pasó en esos años que no estuvo en actividad?
Cerré y dejé todo en regla porque mi meta era volver a abrir. Me fui a EE.UU. a trabajar a Massachusetts porque investigué que era donde más se pagaba la hora, unos US$ 30. En Florida era US$ 6. Como yo iba para generar dinero elegí ese lugar. Me fui solo, mi familia se quedó en Uruguay. Fui a una empresa de construcción. No sabía inglés, llevé un traductor electrónico y vivía en una pensión, como un centro latino que me ayudaba con el idioma. El primer día en la empresa me pidieron que cortara cierta cantidad de madera. Comenzaron pagándome US$ 9 la hora. Cuando vieron el trabajo terminado me subieron a US$ 12 y me pidieron más madera. Ese primer día terminé ganando US$ 20. Al mes y medio regresé a Uruguay con US$ 230. Yo le había comunicado al dueño que me tenía que ir porque tenía el pasaje, pero quería volver. Y me dijo que sí, y que si volvía me aumentaba a US$ 25 la hora. A los 20 días regresé y a la semana de estar allá el dueño de la empresa apareció en la pensión, pagó todo y me ofreció ir a vivir a su casa con su familia. Y fui. Viví y trabajé con él durante seis años. Hacía de todo: mantenimiento en los compresores, electricidad, carpintería, pintura, soldaba y hasta cuidaba al hijo del dueño. Lo que hacía fuera de horario me lo pagaba cuando me venía a visitar a mi familia, que era como máximo cada tres meses. Todo lo que hacía lo ahorraba, porque no me dejaban gastar en nada.

¿No evaluó en algún momento radicarse allá con su familia?
No. Sufría mucho allá, tenía a mi hijos estudiando y a mi esposa en Montevideo. Es muy duro pasar lejos de la familia, de tu lugar. Además, tenía claro que fui a ahorrar para seguir con lo mío, sabía que con eso tenía futuro. Y ya había cumplido el objetivo del dinero para arrancar mi negocio. De allá me traje la forma de trabajar y de que todo lo pueden lograr, pero decidí construir con la mentalidad de acá, eso de que debe durar toda la vida.

Entre todos los productos —tráileres, mini casas rodantes, casas rodantes, motorhomes, foodtrucks, casas agrícolas, mini carritos para shopping (esto es nuevo)—, en 30 años ha construido más de 400 unidades.

Comenzó con tráileres y casas rodantes, pero abarca más rubros, ¿cómo fue el proceso de anexar productos?
Empecé haciendo tráileres y casas (rodantes) hasta que dije que tenía que hacer casas (rodantes) personalizadas. Entonces en el Gallito Luis publiqué que fabricaba eso y funcionó. Hasta la década de 1990 hacía solo casas rodantes hasta que comencé con algún motorhome a pedido de clientes. Ellos me impulsaron a abarcar otros negocios. Más acá en el tiempo, en 2016, otro cliente, OPB (Orientales, la Patria y la Birra) me pidió hacer el primer foodtruck. Tenía en mente ese negocio pero no disponía de tiempo porque tenía mucho trabajo. Creo que la clave de que nos elijan es que siempre hacemos lo mejor con la mejor calidad. Acá hacemos todo de cero: el material -que tratamos que sea de proveedores locales- llega virgen y nosotros cortamos y soldamos. A nivel general, el público uruguayo es exigente, por eso el mercado local es diferente al de otros países. En EE.UU. una casa rodante a los cuatro o cinco años ya es vieja y la cambian, acá piden materiales robustos, de buena calidad, para que pueda durar 30 años.

¿Cuántas unidades han construido desde el inicio?
Entre todos los productos —tráileres, mini casas rodantes, casas rodantes, motorhomes, foodtrucks, casas agrícolas, mini carritos para shopping (esto es nuevo)—, en 30 años hemos construido más de 400 unidades. También tenemos una mini guardería de motorhomes, foodtrucks y casas rodantes con 20 lugares donde los propietarios los dejan, que no es exclusivo para nuestros productos.

Carlos Píriz, director de Carlitur
Píriz. "Hasta la década de 1990 hacía solo casas rodantes hasta que un cliente me pidió un motorhome, y otro cliente me llevó a los foodtrucks". (Foto: Leonardo Mainé)

¿Qué rubro es el principal?
Hoy el foodtruck es el principal, le está ganando a la casa rodante y representa entre un 60% y 70% de la facturación total. Estamos produciendo entre 10 y 15 por año. Ya tenemos uno pedido para comenzar a construir este año. Creo que en esto ayudan las iniciativas de bancos, como el BBVA, que lanzó un préstamo con facilidades para estos productos. También en esta época repunta el motorhome.

¿Esa situación responde a un aumento del rubro foodtruck o a una caída del resto?
El foodtruck subió mucho, pero el resto de los negocios no cayeron sino que se mantienen e incluso están mejor que antes. Ya tenemos pedidos para comenzar a trabajar en febrero; además del foodtruck haremos dos motorhomes. Creo que un estilo de vida más saludable impulsa esta modalidad: las personas se cuidan más en las comidas, hacen ejercicio y esto lleva a estar más en contacto con la naturaleza, salir del bullicio, sobre todos las personas más grandes, que son nuestro público objetivo en motorhomes y casas rodantes. Las minicasas son más para los jóvenes al igual que los foodtrucks.

Carlos Píriz, director de Carlitur

"Hoy el foodtruck es el principal negocio, le está ganando a la casa rodante y representa entre un 60% y 70% de la facturación"

Entre las casas rodantes, ¿cuál es la que más venden?
El modelo de minicasa que vale US$ 7.190, porque es para un público muy amplio, la podés llevar con un vehículo de un motor de 1.400 centímetros cúbicos (cc). La más grande llega a US$ 20.600.

¿Dónde está el grueso del mercado: en Montevideo o en el Interior?
Está repartido en partes iguales. Uruguay es un mercado para casas rodantes chicas o motorhomes, no para casas grandes o con sistemas de aperturas como en EE.UU. o Europa. En el Interior se está moviendo el negocio de casas agrícolas, obradores, en Paso de los Toros, en Tacuarembó, donde necesitan una solución rápida. Esas casas son más livianas que un contenedor y tienen más comodidades.

También alquilan...
Sí, pero no es un gran negocio. Ahora solo alquilamos cuatro casas rodantes y funciona en temporada, de noviembre a abril y en las vacaciones. Ofrecíamos también motorhome, pero el uruguayo no está preparado para ese vehículo. Lo traían sucio, recalentado y es mucho capital que ponemos.

Carlos Píriz, director de Carlitur

Carlos Píriz, director de Carlitur
"El alquilar no es un gran negocio. Ahora solo alquilamos cuatro casas rodantes y funciona en temporada"

Para los clientes que no cuentan con el vehículo para hacer la casa rodante o el foodtruck, ¿poseen alianza con alguna marca en particular?
No tenemos alianzas comerciales sino acuerdos de palabra con algunas empresas de camiones a las que les mando clientes y ellos les hacen precio. También tengo con Tienda Solar, que me suministra materiales como los paneles solares y calentadores, entre otros elementos.

En otros países se ven casas rodantes con mucha tecnología, ¿qué tanto se puede innovar en Uruguay?
En Uruguay se puede. En la empresa, es mi hija la que se mueve mucho mirando lo que pasa en Europa. También vamos a ferias, investigamos cómo se trabajan los materiales, etcétera. Además, en el caso de los foodtrucks, trabajamos muy cerca de Bromatología para conocer lo último en normativas; ellos nos asesoran. También los clientes ayudan a innovar. Por ejemplo, uno nos pidió un foodtruck con forma de hamburguesa y la imagen ploteada por fuera, otro que fuera una caja de herramientas gigante y lo hicimos. También incorporamos tecnología, como los paneles solares. Con tres o cuatro paneles y una batería da para un aire acondicionado, un microondas, una heladera, un purificador de aire y una computadora. También ideamos sensores en los tanques para que el usuario pueda ver los distintos niveles de la cámara séptica o el agua potable.

Carlos Píriz, director de Carlitur
«En este rubro el trabajo es la propaganda»
En los últimos años surgieron en el mercado varios competidores, ¿ha afectado ese factor su negocio?
Me preocupa la competencia desleal, porque replican lo que hacemos pero con materiales inferiores, y estamos hablando de un producto para alguien que está haciendo un sacrificio para comprarlo. De todas maneras, mi táctica es dejarlos y ver cuándo duran. Al tiempo desaparecen, porque en esto el trabajo es la propaganda. A los que les importa sacar algunos pesos nada más no duran mucho. Sé que soy más caro, pero es porque apuesto a la calidad. O sea, la competencia no afecta en nada mis ventas, el negocio viene creciendo porque, al final, en esto la gente busca calidad y nosotros tenemos una marca de años y que ya es Marca País.

¿La importación es una opción conveniente?
Importar no es redituable. Hace unos años, junto a otra empresa importamos dos casas rodantes y demoré una eternidad en venderlas porque tenían detalles, por ejemplo, estaban hechas con recortes de chapa. Pero el uruguayo es exigente.
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