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Las casas modulares crean un nuevo camino hacia el hogar propio

Crecen las empresas que con contenedores fabrican viviendas para veraneo o residencia permanente.

Diseño. Las viviendas con containers se pueden hacer a medida. Foto: Gentileza Total Containers.
Diseño. Las viviendas con containers se pueden hacer a medida. Foto: Gentileza Total Containers.
Expo Prado. Los stands de estas empresas se lucieron. Foto: Gentileza Living Containers.
Expo Prado. Los stands de estas empresas se lucieron. Foto: Gentileza Living Containers.
Transformación. Los interiores son revestidos para transmitir calidez. Foto: Gentileza Multi Containers.
Transformación. Los interiores son revestidos para transmitir calidez. Foto: Gentileza Multi Containers.
Variedad. Se ofrecen casas estándar y de alta gama. Foto: Gentileza Lego Haus.
Variedad. Se ofrecen casas estándar y de alta gama. Foto: Gentileza Lego Haus.
Funcionalidad. Funcionan como casas de veraneo, de campo o residencias permanentes. Foto: Gentileza Lego Haus.
Funcionalidad. Funcionan como casas de veraneo, de campo o residencias permanentes. Foto: Gentileza Lego Haus.
Contenedores. Se usaban como oficinas o locales, ahora también para hacer casas. Foto: Gentileza Multicontainer.
Contenedores. Se usaban como oficinas o locales, ahora también para hacer casas. Foto: Gentileza Multicontainer.

Son rápidas de construir, son económicas y mucho más acogedoras que la primera imagen que se dispara al pensar en un contenedor marítimo. Pese a que están hechas con ese material, estas viviendas le están mostrando a los uruguayos que son una alternativa viable como casas de veraneo, de campo o incluso como residencias permanentes.

Esta alternativa, extendida en países como Francia u Holanda, está haciéndose lugar en Uruguay. El auge del negocio se visualizó con claridad en la Expo Prado, donde varias empresas presentaron stands con esta nueva modalidad de habitar, antes reservada a locales u oficinas de algunas industrias.

El precio del metro cuadrado es muy competitivo: va de US$ 600 a US$ 700. A modo ilustrativo, una casa de 30 m2 con dos dormitorios, baño, cocina y living-comedor cuesta en promedio US$ 18.000. Una con tres dormitorios, más un ambiente amplio con cocina, living-comedor y baño, con 60 m2 (uno de los tamaños más estándar), ronda los US$ 37.500.

Los precios incluyen el acondicionamiento: aislación, revestimientos, instalación eléctrica, sanitaria, termofusión, artefactos, muebles y bajomesadas. Hay que sumar luego el traslado, que en general se cotiza con camión grúa (incluyendo la descarga) y depende de la ubicación del terreno.

La construcción es «modular», uniendo la cantidad de contenedores que se desee. «Modularmente se pueden sumar metros cuadrados de a 15 y 30», explicó Luciano de Castro, del departamento comercial de Multicontainer.

Al igual que la demanda, la oferta está creciendo. Otras empresas que destacan en el rubro son Total Containers, Living Containers, LegoHaus y Pro Módulos.

Del mar al terreno.

Multicontainer importa contenedores y enfatiza el concepto de «hecho a medida». Así ha realizado casas de veraneo, hoteles, viviendas definitivas y cascos de estancias. Luciano de Castro, integrante del departamento comercial de la firma, señaló que esa línea de viviendas se inició viendo «la demanda de la gente por terminaciones más cálidas, hogareñas». El año pasado se hicieron «alrededor de 15» y «a esta altura de 2015 ya se superó ese número».

La empresa cuenta con una planta propia donde hace estos acondicionamientos. «Ahí el cliente puede elegir el contenedor donde va a hacer su casa y luego ver cómo se hace. Está bueno darle la chance de elegir, porque los contenedores usados tienen algún abollón o alguna marca», explicó de Castro.

Los usados datan de 2001 a 2006 (en la puerta dicen su fecha exacta de fabricación), pero la empresa también trabaja con contenedores nuevos, fabricados en 2013.

La empresa Total Containers, que también es importadora, tiene cuatro modelos de viviendas: Atlántico, Pacífico, Índico y Mediterráneo. Este año, apostó a innovar y diferenciarse con la construcción en base a contenedores refrigerados no operativos (reefer). De este modo, se trabaja con la aisalación térmica que el contenedor trae de fábrica.

«Son los contenedores que llevan carne y fruta. Les sacamos el motor y quedamos con la caja aislada de fábrica», explicó uno de sus directores, Santiago Pérez. Él y su socio Agustín Ruete contaban con experiencia en el negocio de comercio exterior y hace cuatro años crearon esta compañía, que el año pasado vendió 45 casas y al 31 de agosto ya colocó 40.

El director de Lego Haus, Eduardo Strauch, indicó que «la gente siempre tiene la idea de que (esta vivienda) es caliente porque el material es metálico, pero es confortable». Su empresa busca diferenciarse con un diseño arquitectónico y en la calidad de sus terminaciones. Ofrece 12 modelos estándar, aunque también elabora diseños especiales.

Strauch agregó que estas viviendas son seguras, ya que se les puede poner «rejas hechas con la misma chapa de los contenedores, que es fortísima». Su empresa lleva hechas unas 15 viviendas en total en los últimos tres años.

Una de las desventajas para adquirir estas casas es que no aplica crédito hipotecario, aunque las empresas aceptan préstamos personales y algunas pocas hacen acuerdos con bancos que financian hasta en 60 cuotas sin interés.

Una obra diferente.

El mercado ofrece opciones estándar y otras de alta gama. Se diferencian en material con que se reviste el interior del contenedor. En general, en los modelos básicos se utiliza melamínica en las paredes y fenólico en el techo, por ejemplo. Las opciones más caras utilizan yeso o lambriz.

«La idea es mostrar que se pueden lograr muy modernos y acogedores diseños en tiempos muy veloces», afirmó el director de Living Containers, Santiago Visconti. En uno o dos meses puede estar terminada la obra.

Además, se puede hacer el seguimiento de los avances en el taller. Esto es muy valorado por quienes construyen casas de veraneo, porque se ahorran muchos kilómetros para controlar las obras.

Otra ventaja es que «no se aporta al BPS por construcción, porque no se utilizan obreros, es herrería y subcontratistas; es como si el cliente comprara una heladera, viene y se la lleva», destacó Strauch. En el terreno, la obra es muy menor: se colocan puntos de apoyo sobre bases de hormigón, una cámara sanitaria y poco más.

El mantenimiento es otra fortaleza. «No existe la humedad de cimiento, como pasa en la construcción tradicional, porque abajo tenés una cámara de aire», aseguró Visconti. El metal de los contenedores se corroe, pero «no se ven contenedores oxidados en la estructura», dijo Pérez, de Total Containers.

En general, los propietarios pintan el exterior cada cuatro o cinco años. Y quienes realmente se encariñan con el hogar pero no están tan arraigados al barrio pueden incluso mudar la vivienda de terreno.

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