INFORME

Caen los brindis en el Mercado del Puerto

La zafra de fin de año enfrenta más competencia y cambios del cliente local; espera por la llegada de turistas

Auge. A partir de noviembre y a lo largo de la temporada estival, el Mercado vive el punto más alto de actividad comercial en el año.
Auge. A partir de noviembre y a lo largo de la temporada estival, el Mercado vive el punto más alto de actividad comercial en el año.

Un clásico dentro de un clásico, las despedidas de fin de año en el Mercado del Puerto están perdiendo el poder de convocatoria —y ventas— del que gozaron históricamente.

«La movida viene mal. Antes un jueves como hoy esto explotaba, ahora está muerto», apuntó sin rodeos Luis González Portela, dueño de El Palenque, uno de los restaurantes más reconocidos del Mercado.

Desde noviembre y especialmente en diciembre y enero, este paseo vive su zafra, pero este año el movimiento comercial ha caído sensiblemente.

González Portela estima una merma del 50% con respecto a temporadas anteriores; lo mismo dice de la capacidad de su local, que pasó de 600 a 350 sillas. El empresario arriesga un análisis sobre el declive: «Creo que es un tema de poder adquisitivo. A la gente no le interesa el modelo de la carne, le parece caro, perdió el hábito», afirmó. Considera que la gente se está volcando a comprar regalos en el shopping y ya no despide el año en el Mercado como solía hacerlo. De fondo, hay un cambio cultural que afecta al negocio: «Antes te sentabas a disfrutar la buena mesa con amigos, con la gente del trabajo. Eso se perdió, la gente se une (ahora) por redes sociales», opinó.

Los comerciantes del Mercado coinciden en que la tendencia por la cual muchos montevideanos se van de vacaciones —lejos de la ciudad— cada vez más temprano en diciembre les resta público, y también en que el calendario no los ayuda. Navidad y Año Nuevo caen un lunes y eso se traduce en un fin de semana largo para los potenciales clientes y, a la vez, es un motivo para que las ventas se resientan.

Por fuera de la casuística, el Mercado encuentra hoy una mayor y dura competencia; desde el remozado MAM y el recientemente inaugurado Mercado Ferrando, nuevas propuestas gastronómicas surgen por todo Montevideo.

«Hay más competencia dentro y fuera del Mercado», evaluó Verónica González, directora de Cabaña Verónica. «Por semana abren cuatro o cinco lugares de comida y eso le saca público a todo el mundo (...) La ecuación es sencilla: si te comés una hamburguesa, no vas a a un restaurante», graficó.

En su caso, la zafra supone un 20% más de actividad que cualquier otro mes. Y, aunque el ritmo viene «lento», «tampoco es que no hay nada», aclaró.

Un termómetro de la temporada para Roldós, la marca de medio y medio que tiene su local en el Mercado del Puerto, es el 31 de julio cuando los médicos recién recibidos celebran su título. «Este año no sé cómo se colocaron puestos (en la calle) donde les regalaban bebidas, entonces no vendíamos. Tuvimos un 31 que fue domingo y que pensábamos que iba a explotar, pero fue un día normal», relató Daniel Abalo, encargado de Roldós.

El verano depara la llegada de cruceros colmados de turistas extranjeros, quienes durante la zafra representan entre un 80% y 90% del público que visita el Mercado. En su mayoría son argentinos y brasileros.

Pero, tras los primeros arribos, los comerciantes no están exultantes. Abalo explicó que a los cruceristas, que vienen por pocas horas, se los llevan los ómnibus de turismo a recorrer la ciudad o los pasean por Punta del Este y Colonia.

A veces, los horarios de las llegadas de los buques conspiran contra el Mercado. «El domingo vino un crucero a las cuatro de la tarde. Entonces cuando bajás del barco ya estás comido», razonó Javier Sosa, encargado del local La Chacra. Sosa espera que en breve arriben masivamente los grandes cruceros de los operadores internacionales; también confía en que el pago del aguinaldo eleve la demanda local.

Luis Rodríguez, gerente de la parrillada Don García, dijo que el Puerto ha recibido más de 20 cruceros ya, pero que el problema es que «la gente que está viniendo no gasta». «No es como otros años», recalcó.

Le sacan tarjeta

Según el menú escogido, los precios en el Mercado del Puerto comienzan en los $ 500 por persona. Algunos incluyen bebida, ensalada, postre o cubierto con la idea de ser más atractivos y desmitificar la presunción de que comer en el Mercado resulta caro.

González Portela sostiene que los menús se han encarecido por los impuestos, pero además por la «inflación» que provocan los descuentos que aplica el ramo gastronómico en acuerdo con bancos. «El comerciante que tiene que cobrar el asado $ 350 lo cobra $ 450. Eso hace que al abrir la carta vea precios carísimos», precisó.

El uso extendido de la tarjeta «se ve reflejado en la rentabilidad» más baja ante el cobro de aranceles «elevadísimos», se quejó Rodríguez. Por otro lado el comerciante «tampoco se puede pasar para el otro lado» para compensar, aclaró.

Con una zafra «fría», los empresarios tienden a manejarse con el personal de todo el año o a contratar «lo justo» para afrontar el verano. El riesgo debe ser mínimo, ya que «cuando la economía anda bien, los boliches están siempre llenos. Y hoy eso desgraciadamente no se ve», concluyó Rodríguez.

Empresas suprimen los «gastos extras»

El Mercado del Puerto prevé recibir menos despedidas empresariales —uno de sus nichos típicos— que en años anteriores. Luis Rodríguez, gerente de Don García, habló de un contexto de «retracción» general en las empresas, que están suprimiendo «gastos extras». «En esta época teníamos muchas despedidas que obviamente pagaban las empresas y (ahora) no se está dando eso», indicó. En El Palenque esas actividades corporativas «se terminaron», señaló su director, Luis González Portela. «En la oficina con unos sándwiches y unos refrescos» se arreglan, se lamentó. Que el Mercado funcione hasta las 18 horas también le resta público empresarial, ya que cada vez más los eventos son a la noche, dijo Daniel Abalo, de Roldós.

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